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Franklin Nieves

No podía dormir sabiendo que estaba continuando con una farsa que violaba los derechos de Leopoldo López, afirmó el fiscal que, con su colega Narda Sanabria, responsabilizó al preso político más famoso de Venezuela de la muerte de cuarenta personas -durante las protestas contra el régimen bolivariano y su brutal represión en febrero de 2014- y para el que pidió el máximo rigor, como materializó la condena de trece años, nueve meses, siete días y doce horas de cárcel firmada por la jueza Susana Barrios. La imagen del funcionario arrepentido, que admitió haber utilizado pruebas falsas en la causa, choca frontalmente con la del frío e implacable acusador que, además de interpretar a gusto de sus superiores la burda farsa, refutó por narices los alegatos de la defensa e, incluso, las peticiones de revisión y clemencia de la ONU y otros organismos internacionales, porque “todas son copy and paste”. Contestada rápidamente con el latiguillo -“más que maduro, pasado”- de las teorías conspiratorias, la escandalosa confesión se hizo a través de una red social desde Miami donde, según parece, estaría bajo la directa protección de Estados Unidos. “Decidí salir del país por la presión que estaban ejerciendo el ejecutivo nacional y mis superiores jerárquicos para que continuara defendiendo las pruebas falsas”. Informaciones fechadas en Caracas revelan que, cada día, durante el fraudulento proceso, Nieves y Sanabria visitaron el despacho del director de Delitos Comunes, Nelson Mejías, que les transmitía las órdenes de la fiscalía general y que, con toda probabilidad, “para su seguridad y conseguir el estatus de asilo político”, el fugado viajó con la documentación que prueba sus graves acusaciones contra el régimen bolivariano y su control absoluto de la maquinaria judicial, “un instrumento eficaz de represión y propaganda”. Las mismas fuentes muestran cierta extrañeza ante el giro del fiscal Nieves, tenido por “un peón de obediencia probada” que, en su aún desconocido exilio, negó que “familiares de López o dirigentes de la oposición le hayan pagado por su cambio de actitud”. La resaca de esta infamia tendrá el recorrido que quieran los países vecinos y los órganos supranacionales que, hasta hoy, limitaron sus censuras a recomendaciones de respeto a los derechos humanos y tibias advertencias que caen en saco roto. La inminencia de las elecciones convocadas para el 6 de diciembre tampoco son una garantía porque, pese a las predicciones demoscópicas, Maduro tiene la innegable e invariable capacidad de cambiar los pronósticos no importa por qué medios.