Tribuna

Una generación de niños justa y equitativa – Por Nereida Castro*

Si le preguntásemos a un niño qué entiende por justicia, seguramente nos responda con un ejemplo contundente del tipo: “¡Todos los demás pueden salir al patio a jugar menos yo, ¡no es justo!”. Para los niños, las cosas son justas cuando todos tienen lo mismo. Pero, en realidad, eso no es exactamente así. Justicia es cuando todo el mundo tiene la oportunidad de conseguir lo que necesita para sobrevivir, desarrollarse y alcanzar su potencial.

Ayer no fue un día cualquiera. Ayer, 20 de noviembre, fue el Día Universal del Niño, el día de quienes representan el futuro de la Humanidad, pero también el presente. Y en este presente, no nos equivoquemos, no hay justicia ni equidad para los niños en el mundo.

Hay una retahíla de razones que privan a millones de niños de su derecho a sobrevivir, desarrollarse y alcanzar su potencial. La mayoría están interconectadas -como la pobreza, los conflictos y el cambio climático- y todas sin excepción, aun siendo el resultado del malfacer de los mayores, se ensañan especialmente con los más pequeños. Y aún hay más: su género, su etnia, su nivel socioeconómico, su lugar de nacimiento o si viven o no con una discapacidad -condiciones que de nuevo escapan a su control- también representan un lastre en muchos casos insalvable para miles de niños que siguen quedándose atrás. En las últimas décadas hemos conseguido avances formidables en la reducción de la pobreza extrema y el hambre y en el incremento del acceso a la salud y la educación. Lo celebramos, sin duda, pero nos preocupan los retos, lo que queda por hacer. Y la realidad es insultante e intolerable.

La mitad de las muertes de niños menores de cinco años ocurren en países afectados por conflictos y desastres naturales y en estos países, el 43% de los niños no van a la escuela. La mitad de los 159 millones de niños que sufren desnutrición aguda grave viven en países del África subsahariana o en el sur de Asia. Más de 2.400 millones de personas aún no tienen acceso a saneamiento. Las niñas de las familias pobres tienen cuatro veces más posibilidades que las de las familias ricas de contraer matrimonio antes de los 18 años.

Hoy el bienestar de muchos niños está amenazado por el conflicto y la crisis, las carencias y las desventajas. Una crisis humanitaria como la que genera una guerra limita seriamente la posibilidad de que los niños tengan una justa oportunidad de emprender una vida productiva, pacífica y plena toda vez que termine. A día de hoy, unos 230 millones de niños viven en países y zonas afectadas por conflictos armados. Esta es la razón de que la actual cifra de refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos sea la más alta de la historia -70 millones de personas, de las que más de la mitad son niños- y de que Europa sea el principal escenario de la mayor crisis migratoria desde la Segunda Guerra Mundial.

Nos enfrentamos a una crisis con rostro de niño que tiene altos costes humanos, puesto que uno de cada cuatro solicitantes de asilo es un niño. Niños que, en el mejor de los casos, están llegando a nuestras fronteras al borde del colapso, agotados tras un largo y penoso viaje y traumatizados por la violencia que han vivido.

Desde UNICEF no nos hemos cansado de repetir que urge proteger a los miles de niños que buscan refugio y cumplir con los compromisos adoptados por todos los estados en el marco de la Convención sobre los Derechos del Niño, un tratado del que hoy se cumplen 26 años de existencia. Pero una solución a largo plazo exige un compromiso mucho mayor. La situación en los países de origen de los refugiados -Siria, Iraq, Afganistán o Eritrea- pone de manifiesto el papel fundamental de la cooperación internacional para el desarrollo como impulso para el crecimiento, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, y la seguridad de los pueblos.

El compromiso con la infancia en los países más desarrollados también se expresa en la apuesta por las políticas de cooperación al desarrollo y su orientación hacia los colectivos más vulnerables dentro y fuera de sus fronteras. Por eso, invertir en infancia es uno de los ejes vertebradores de nuestra propuesta de construir un Pacto de Estado por la Infancia en España. Y más ahora, cuando resta justo un mes para las elecciones generales.

Cuando desde UNICEF trabajamos para llegar a todos estos niños -para aliviar su sufrimiento, para ayudarles a crecer y aprender- no estamos solo dándoles una oportunidad de tener un futuro. Les estamos dando la ocasión de construir un porvenir mejor para ellos mismos, sus familias y sus comunidades. Una generación de niños no solo capaces sino también dispuestos a crear sociedades más fuertes, estables y pacíficas. Una generación justa y equitativa.

*UNICEF Comité Español