nombre y apellido

Lucio Ángel Vallejo

Un cura riojano de cincuenta y cuatro años y una subordinada suya de treinta y tres desataron un escándalo de grandes proporciones, según parece para erosionar el prestigio del Papa Francisco. Lucio Ángel Vallejo Balda pasó de la parroquia de Sanabria a las oficinas vaticanas apoyado por Rouco Varela y avalado por el Opus Dei; Ratzinger lo nombró secretario de la Prefectura de Asuntos Económicos y, con su sucesor, entró en la Comisión de Estudio sobre las Actividades Económicas y Administrativas.

Sospechoso de filtrar información confidencial desde 2013, fue acusado formalmente de este delito -penado con hasta ocho años de cárcel- junto a Francesca Chaoqui, aunque ésta quedó en libertad tras colaborar con la investigación. Este caso tiene paralelismo con el Vatileaks -las filtraciones del mayordomo Paolo Gabriele, que aceleraron la dimisión de Benedicto XVI- y también está en el ajo el periodista Gianluigi Nuzzi, que en 2012 publicó Su Santidad y, ahora, un garantizado best-seller, Vía Crucis, una colosal y probada catarata de despilfarros, irregularidades e injusticias de la Iglesia, que compite en todas las librerías de Italia con Avarizia, de Emiliano Fittipaldi, nutrido de las mismas fuentes. Detrás de la aparatosa traición de Vallejo y la arrepentida Chaoqui, se despachan especulaciones de todo tenor; las más elementales tratan del despecho personal del ambicioso clérigo por no haber ascendido en el organigrama financiero de la Santa Sede ni haber entrado en el nuevo Consejo de Economía, e, incluso, del cobro de una sustanciosa cantidad a los escritores por la cesión de documentos sensibles y que los ponían en riesgo. Sin embargo, los análisis de mayor alcance los sitúan como arietes de una alambicada maniobra para desprestigiar al Santo Padre, mostrando su incapacidad y/o “falta de voluntad real” para llevar a término las reformas anunciadas que, tanto en el aspecto doctrinal como organizativo, movieron la sorda oposición de la mayoría conservadora de la curia y hasta las actuaciones de jerarcas jubilados pero agriamente activos en su integrismo. Nada de cuanto aparece en los libros, nada de cuanto revele el proceso judicial, podrá negar la evidencia del desvío doloso de recursos a intereses espurios y personales; pero tampoco nadie limpio de corazón podrá responsabilizar a un pontífice reciente de vicios seculares ni dudar de su firme decisión de regenerar la iglesia para devolverla a los rumbos de Jesús de Nazareth y acercarla a las necesidades e ilusiones de todas las personas.