El dardo

Marcha verde

Se cumple estos días el 40 aniversario de la marcha verde o Al massira, una imaginativa, brillante y práctica maniobra logística, diplomática y cívico-militar puesta en marcha por el rey Hassan II para forzar la entrega del Sáhara Occidental entonces ocupado por España. Dentro de las posibilidades que presentaba un asunto considerado materia reservada para los medios informativos, pude vivir relativamente cerca aquellas fechas llenas de angustia y preocupación por parte española, con Franco en situación irreversible e imposibilitado para tomar decisiones. Las idas y venidas a Rabat de los ministros Cortina, Carro y Solís y otros enviados del régimen sirvieron para escenificar un final lo más digno posible -se quería salvar a toda costa el honor del ejército-, ya que ambas partes evitaron una confrontación bélica que no les beneficiaba. A Marruecos, porque en principio se hallaba en clara inferioridad militar aunque podía contar con ayuda de los países de la Liga Árabe, y a España porque ninguna guerra colonial se gana el favor de la opinión pública. Desde meses antes, las autoridades españolas eran conscientes de que tenían perdida la partida. Estados Unidos había apostado por Marruecos y Kissinger era el nexo que unía esos intereses con las ayudas que llegaban de Arabia Saudita en dinero y en suministros militares para la excursión por el Sáhara. Se calcula que la operación costó más de 250 millones de euros, no en vano fueron movilizados durante semanas 350.000 civiles y 25.000 militares.

Éstos fueron ocupando los puestos que España abandonaba, así como la ciudad de Smara, donde se produjeron los primeros enfrentamientos con el Polisario. Con la ONU, Francia, la URSS -que apoyaba incondicionalmente a Argelia por intereses estratégicos- y toda la izquierda mundial en contra, a España no le quedó más remedio que firmar los Acuerdos de Madrid con Rabat y Nuakchot -Argel se equivocó y quiso quedar fuera por su enemistad con Marruecos-, que dieron paso al abandono de la última colonia española en África en febrero del 76. Lo que vino después es la crónica de una irreversible ocupación-apropiación de un territorio que no ha podido decidir su destino y de unos saharauis y a la vez españoles que no han recibido ni el trato ni la reparación que merecen.