otras coordenadas

Marte o el marciano

Hoy cambiamos de tema. De fondo la película de Marte, que vi el otro día en pantalla y sonido grande. Interpretada por Matt Damon, que estuvo rodando su última película en Tenerife. Marte está dirigida por Ridley Scott, inglés-americano, director entre otras de Gladiator, Black Hawk derribado y Thelma y Louise, sus tres películas candidatas al Oscar. Hoy hablamos de cine, literatura y de paso de actualidad. Cualquier obra, aunque sea de arte, permite analizarla desde frentes diferentes. Empiezo por el título de la película, que en versión original americana es The Marcian (El Marciano). Traducirla así al español es arriesgado, porque entenderíamos estar hablando de algún pirado, alguien fuera de la realidad, un marciano. La falta de correspondencia literal en las traducciones de las lenguas, ofrecen entre el inglés y el español diferentes valoraciones entre lo general y lo particular. Nosotros somos deductivos y ellos inductivos, vamos de lo general a lo particular y ellos lo contrario, por eso nosotros decimos “película buena” y ellos good picture. También ellos anteponen el individuo al sistema, mientras que nosotros primamos al sistema sobre nosotros mismos. El lenguaje ancla muchos valores. Para ello razonaremos Marte en cuatro escenas:

Primera escena: el género de la película. A algún amigo que tengo no le gusta por definición el “género de ciencia ficción”. A mí me encanta porque crea mundos y realidades ficticias por donde escapamos de ésta. También Marte puede ser al tiempo considerado un film de exaltación patriótica, como algún crítico de cine nacional denostaba la película en días pasados, sin entrar realmente en el fondo de la trama. Yo la sitúo en el género de los Naufragios. Para mí sería el género de toda película, donde la trama rueda sobre abandonados, perdidos de la civilización, en “¡soledad y sin comida!”. Cito dos referencias literarias obligadas de las que Marte conoce. Robinson Crusoe, el paradigma literario del género. En esta novela de Daniel Defoe de 1719, el náufrago debe sobrevivir sólo. Para ello se convierte al cristianismo en la soledad de la isla y reproduce en ella, soportado en la “cultura y técnica” inglesas, el modelo del colonialista de la época. Crusoe permanece en su isla 28 años. Es la novela inglesa más popular y el segundo libro más leído en Inglaterra después de la Biblia. La segunda novela es de Julio Verne, siglo XIX, donde en el bolsillo del náufrago encuentran una semilla de trigo, con la que en tres años comen pan. La copia Ridley Scott en Marte, donde sobrevive reproduciendo papas, lástima que se le acabara el ketchup.

Segunda escena: géneros paralelos. Si aceptamos la definición anterior del género, también son de “náufragos” aquellas películas donde tienen riesgo de “soledad y comida”. Por eso me gustan las películas de cárceles. De ellas cito dos, La fuga de Alcatraz (1979), de Clint Eastwood, donde sobreviven limitados en estas condiciones. La clave del género reside en escapar, recuperar la libertad. Eastwood escapa a través de un póster de Raquel Welch, esplendorosa, con un bikini troglodita, rodada en Las Cañadas del Teide de Tenerife. La segunda, Cadena perpetua, de Tim Robbins y Morgan Freeeman (1994). El primero es condenado injustamente por un crimen de su esposa y el amante. Reconstruye en la cárcel un remedo de sistema con libertad y seguridad. Finalmente escapa luego de 19 años y el alcaide es detenido y se suicida. En Sudamérica la película lleva el acertado título de Sueños de Libertad, ajustado a la trama. La película está considerada como una de las mejores de la historia.

Tercera escena: debates sobre la desigualdad . Los sistemas que generan “náufragos”, ya sea en Marte o en la Tierra, nos suelen dejar en “soledad y sin comida”. Matt Damon en Marte, Clint Eastwood en Alcatraz, Tim Robbins en su cárcel, o Tom Hanks en el Náufrago, sobreviven con su lucha individual, sin ella no hay supervivencia. El actual “debate sobre la desigualdad” en España, nos trae a escena los trabajos del recién Premio Nobel de Economía 2015, Angus Deaton, angloamericano, quien en sus análisis sobre la pobreza y el bienestar, relaciona la micro con la macroeconomía. Eso que hace que los de abajo también puedan vivir cuando todo va mejor. Asume Deaton la desigualdad, a la cual no responde poniendo como solución, más gasto público. El crecimiento de la desigualdad en España es el producto de la brutal escalada del paro y se reducirá con él. Sólo el autoempleo y las pymes serán capaces de hacerlo. Para ello es obligado bajar los impuestos y dar seguridad jurídica. El náufrago necesita compañía para no estar sólo y comida para sobrevivir.

Última escena: se cierra el telón. Europa sufre una gran crisis de valores, que en el actual lío con el Islam se agudiza. El relativismo, o sea los valores al gusto del consumidor, no funcionan en zonas de conflicto. Robinson Crusoe sobrevivió haciéndose cristiano y asumiendo la moral industriosa inglesa del siglo XVIII, con la misma que ha prosperado Europa. Libre iniciativa con valores. Los laicos en Europa con raíz cristiana, que pasados al agnosticismo funcionan igual. Quien quiera residir en Europa, bienvenidos sean, pero tiene que asumir nuestros valores. No se progresa sin libertad y seguridad, corremos el riesgo de que sin tener ésta, nos quiten además la otra. Para regresar de Marte tenemos que poner los pies en la Tierra. (Nota: en la historia de las películas que cito, hay una errata que le ofrezco encontrar, les doy una pista, Tenerife.)
*Arquitecto y urbanista