JOSÉ LUIS MARTÍ, ENTRENADOR DEL CD TENERIFE

Pep Martí: “La plantilla y la afición son el mismo equipo y deben jugar juntas”

FOTO: FRAN PALLERO
FOTO: FRAN PALLERO

El nuevo entrenador del Tenerife, el excapitán del penúltimo ascenso blanquiazul a Primera, es un isleño, mallorquín, que agradece tener cerca el mar. “Ese es nuestro momento de éxtasis”. Y hoy, domingo, afronta su partido número tres como técnico, tras apenas colgar las botas como futbolista, con el mismo abc de mediocentro de su etapa anterior, donde la palabra equilibrio va y viene en su discurso como un mantra. Cuando se despidió de Tenerife, hace doce años, lo sacaron a hombros. Ahora es recibido como un salvador y el reencuentro ha sido feliz, tras dos partidos ganados, aunque sabe dos cosas: que el fútbol “no es como empieza, sino como acaba” y que el éxito premia al que trabaja todos los días para conseguirlo. Es hombre de ideas elocuentes, sencillas por fuera y esenciales por dentro. Dice algo, por ejemplo, que a menudo se obvia: “El equipo que entreno comprende a dos: la plantilla y la afición”. Cree que deben jugar juntas.

José Luis Martí (aquí nos dice que prefiere que lo llamen de este modo antes que Pep Lluis Martí), de 40 años, casado y padre de dos hijos, ama el fútbol desde niño porque el padre, que murió joven, le pasó el testigo de la pasión. En la entrevista se muestra cauto ante la apoteosis de su llegada,con la lección aprendida, tras más de veinte años de futbolista, sabiendo que “el fútbol es como la vida”, aquella máxima existencial que siempre repetía Jorge Valdano, al que ahora se le asocia, miméticamente, por el revulsivo que su debut ha supuesto en plena depresión del equipo: el efecto Martí.

Ha hecho pleno hasta ahora: dos partidos, dos victorias, ante el Alavés y el Albacete, tras una mala racha que llevó a contratarle de urgencia en una temporada electoral del club, y esta tarde se mide al Córdoba de José Luis Oltra, que ha sido entrenador suyo y de su equipo, y uno de sus mejores avales en vísperas de este duelo.

-Oltra se deshizo en elogios hacia usted.

“José Luis es un fenómeno del fútbol, para mí un ejemplo a seguir, una de esas personas que dices, merece la pena trabajar con él. Sabe alimentarte de lo que necesitas para tener cultura futbolística y ser ciudadano”.

-¿Cómo le sabe enfrentarse a él esta tarde?

“Más que nosotros dos, se enfrentan el Tenerife y el Córdoba. Nosotros intentaremos hacer lo que nos corresponde a cada uno, pero al final los jugadores son los que saltan al terreno de juego. Yo les he dicho a los chicos que si mantienen el nivel de competitividad, el compromiso y el sacrificio que han demostrado en estos dos partidos, tendremos opciones de ganar. Hay que conseguir estos tres puntos. No podemos relajarnos porque hayamos ganado dos partidos, pensando que no pasa nada si tropezamos. ¿Cómo que no pasa nada? Hoy hay que ganar, en cada partido nos jugamos tres puntos que son la vida entera. Así que vamos a disfrutar de la victoria y pensar en el siguiente partido. Porque esto va partido a partido, día a día”.

-Simeone lo dice y usted también.

“Hace quince años llegué aquí y conseguimos un ascenso con ese mensaje que nos habíamos marcado. No es solo fútbol, es la filosofía de mi vida. Día perdido, día que no recuperas. Mucha gente dice, ‘hoy he dormido cuatro horas, mañana dormiré doce y las recupero’. Y no es verdad, no se recupera. Pues lo mismo pasa, si no aprendes hoy, llevas un día de retraso. Y cada día así. Tenemos que pensar en lo inminente, el entrenamiento de cada día, el partido de cada fin de semana. De ese modo trabajamos, tratando de prever posibles situaciones, jugadas que te vayas a encontrar el domingo, para que estés mentalmente preparado del modo más adecuado de cara a la competición.”

-En su caso, ha sido colgar las botas y coger la batuta.

“En junio fue mi último partido como jugador profesional. Al mes siguiente, saqué el título de entrenador. Ya había hecho en Tenerife los dos primeros niveles, en 2001-2002 y 2002-2003. Pero tenía previsto jugar en febrero en Estados Unidos, una liga que me atraía por tener la experiencia de vivir una cultura diferente y aprender inglés. Durante los últimos años como jugador, la cabeza pensaba ya más como entrenador. Y en esas me llama el Tenerife y surge esta posibilidad, y dije, pues pa’lante, no queda otra”.

“Hay que ganar al Córdoba. Tres puntos pueden ser la vida entera”

-Tenía ofertas menos arriesgadas. ¿La isla llama?

“Es que esta es una ciudad y una isla que conozco bien, y hay un cariño mutuo, es un club y un lugar que me han dado muchas cosas. Por eso no tuve ninguna duda de que lo mejor para mí era dar el salto”.

-¿Es un hombre con suerte?

“Yo creo que he tenido mucha suerte, pero en el fútbol y en la vida hay que rendir al 101% o no vales y te quitan el trabajo”.

-¿Aquellos tres años de principios de siglo jugando en el Tenerife lo formaron?

“Sin duda. Fueron años inolvidables en lo futbolístico y lo personal. Aquí ascendí a Primera y me hice el futbolista que ganó títulos en el Sevilla. Era la primera vez que yo salía de mi casa después de 25 años. Fue una prueba de madurez más tras haber perdido a mi padre con 18 años. De pronto, me quedé sin el apoyo de los amigos y los familiares. Gracias a Dios que vino mi mujer y fue más sencillo, llevábamos siete años de novios y al siguiente nos casamos. Futbolísticamente, fueron tres años extraordinarios y una gran despedida llena de afecto por parte de todos. De aquí salgo,hecho un profesional, un futbolista, un hombre”.

-Valdano lo entrenaba el día que el Tenerife se fijó en usted.

“Así es. Lo conocí aquel día, en el 2000, y siempre que nos vemos recordamos ese partido que nos puso en contacto. Era un encuentro solidario por unas inundaciones en Venezuela. Yo jugando en el Mallorca, pero no tenía minutos, y me mandaron a un combinado de Primera División contra una selección de Tenerife y Las Palmas, con Valdano en el banquillo. Venía enfermo, con 39 de fiebre, pero con tanta ilusión de jugar que no me importaba. Jorge me dijo que si no podía jugar no pasaba nada, pero yo estaba loco por jugar como fuera y me puso. Me salió un partido bordado, y Santiago Llorente, secretario técnico, esa misma noche me comunicó en el Hotel Escuela que el Tenerife está interesado en ficharme. Tres meses más tarde, el 28 de abril de 2000, el día de mi cumpleaños, estoy haciendo el reconocimiento médico y formalizo el fichaje por tres años, gracias también a la colaboración de Jorge Valdano. Entonces Ángel Cappa era el entrenador, y cuando me incorporo lo hago a las órdenes de Rafa Benítez”.

-Ahora que usted llega y le da la vuelta al calcetín, han vuelto a la isla los sueños de fútbol de Valdano.

“Si me sale la mitad de bien de lo que le salió a él, encantado. Son circunstancias de la vida. Yo vengo a ayudar, con mis convicciones sobre la convivencia en grupo, la vida de un vestuario y la autoestima, la confianza, la seguridad en sí mismo que ha de tener un jugador. Debo decir que tengo jugadores con mucho fútbol en sus botas como para desperdiciarlo. Eso lo he visto desde el primer día. La motivación, como dice Valdano, es esencial, y al mismo nivel yo sitúo la idea de grupo. El grupo ha de saber en todo momento lo que tiene que hacer, cómo tiene que hacerlo y dónde tiene que hacerlo. En el campo todo el mundo lo tiene que hacer todo a la vez. Esas son mis credenciales”.

-¿Puedo pedirle que amplíe las ideas maestras de su manual?

“La palabra es equilibrio. No podemos ser un equipo desordenado. Esto se trata de un trabajo colectivo. Mi misión es conseguir transmitir al jugador ese espíritu: saber que mi compañero va a ir aquí, yo voy a ir allí y le voy a ayudar. La comunicación es básica en el campo para el rendimiento del equipo. Hay que saber elegir la presión o la pausa, marcar los tiempos”.

-¿En ese reparto, el talento es actor secundario o principal?

“La inspiración, la imaginación, el talento es la parte individual del fútbol. Pertenece a cada cual. Lo más difícil en el mundo del fútbol es la capacidad de elegir en cada momento la mejor opción. En esa toma de decisión de ahora tengo que pasar o que chutar, o regatear o conservar el balón…, el que es capaz las más de las veces de decidir bien es el jugador que más aporta al grupo”.

-¿De manera que el mejor Messi sería el que provee?

“En Messi se valora el conjunto, tiene una capacidad única de atracción y distracción del rival. En la toma de decisiones en milésimas de segundo interviene la calidad técnica individual. El fútbol es el deporte más difícil del mundo, porque es el único que se juega con los pies con los que andas: con las mismas extremidades con que te mueves tienes que golpear el balón. En esas múltiples variables de un solo instante hay jugadores que son únicos. Luego está, el factor motivacional”.

-¿Cuál es su ritual de motivación?

“Eso es secreto profesional. Lo que no pueden perder nunca, nunca un jugador es la ilusión de levantarse cada mañana para ir a entrenar. A partir de ahí, tenemos una gran variedad de recursos motivacionales”.

“El Tenerife es uno de los equipos con mejor centro del campo de su categoría”

-¿Qué se ha encontrado en la isla?

“De momento, el equipo tiene algo primordial: una predisposición extraordinaria, que se traduce en solidaridad, compromiso, ilusión por hacer las cosas bien. Es lo que busco. Aquí hay mucho talento y vamos a intentar sacarlo. ¿Cuál es la mejor manera? Lo primero es que los jugadores sepan lo buenos que son y dónde lo son más y dónde menos, y dónde lo son también sus compañeros. Hay jugadores que son mejores al espacio y otros al pie. Y todos deben saberlo todo acerca de todos. Es entonces cuando cada uno descorcha su imaginación”.

-Llegó una mañana y por la tarde se vistió de corto para entrenar 48 horas antes de estrenarse en el banquillo. ¿Qué fue lo primero que les dijo?

“No les quise decir mucho. Teníamos que conocernos personalmente. Me refiero a la persona, no solo al futbolista. Necesito saber cómo tratar a cada uno para trabajar su autoestima y confianza. Lo primero que les dije es que somos un equipo. Por encima de cualquier persona está el Tenerife. Nosotros representamos al Tenerife y tenemos que hacerlo lo mejor posible, con esfuerzo, compromiso, sacrificio y talento. Eso tan simple fue lo que les dije. Pero no es poco, eso es todo”.

-Disculpe la pregunta, sé que es un tópico. ¿usted es un entrenador ofensivo o defensivo?

“Solo hay una palabra dentro del fútbol que entiendo. No entiendo de ofensivo o defensivo, bonito o resultadista, entiendo de equilibrio. La base, hoy por hoy, es el equilibrio. Tengo claro que hay que ganar. Porque todos los entrenadores queremos lo mismo. Que no nos metan goles y meter goles”.

-¿Qué equipo en España se acerca a ese ideal?

“El Atlético de Madrid tiene un equipo equilibrado que sabe lo que hace en todo momento”.

-¿Su afinidad con el equilibrio procede del mediocentro que fue?

“Desde ahí veía el fútbol. Es una de las posiciones más importantes dentro del terreno de juego y una de las más complicadas, tienes siempre alrededor a todos los contrarios y compañeros y cinco o seis posibilidades de pase y has de elegir la mejor. Es una demarcación clave para atacar y defender. Y en ella, precisamente, me atrevo a decir que el Tenerife es uno de los equipos que tiene mejores jugadores en la categoría”.

FOTO: FRAN PALLERO
FOTO: FRAN PALLERO

-En Santa Cruz, Martí es un apellido médico reconocido. ¿El efecto Martí consiste en cura al enfermo por urgencias?

“El efecto no soy yo. El efecto es el Tenerife, los jugadores, que han depositado todo su esfuerzo y compromiso en hacer lo que han hecho en estos dos partidos. Los he visto a un nivel muy alto. Han sido capaces de asumir ese concepto del equilibrio y eso refuerza al grupo. Los futbolistas han estado deseando toda la semana que fuera domingo para jugar”.

-¿Por qué el fútbol nos condiciona tanto?

“El fútbol mueve a la sociedad actual. Hace 20 años, cuando yo empezaba a jugar, había cinco minutos en el telediario de fútbol, ahora hay un programa entero de 40 minutos cada día. Esa es la grada y es decisiva”.

-¿El equipo está en el campo y en la grada?

“Claro. El equipo es como la osa polar, la luna o el sol. Después están otras estrellitas, que son mi cuerpo técnico, el delegado, el utillero, los fisioterapeutas. Y rodeando todo eso, tengo a 15.000, 30.000 aficionados, que hacen que los futbolistas jueguen mejor. La grada te lleva en volandas”.

-Entonces, la afición también juega, es parte del equipo.

“¡Vaya si lo es! Juega y muchísimo. Desde que empieza el partido hasta que acaba debe estar apoyando, aplaudiendo y animando a los jugadores. Es la base para sacar el máximo rendimiento. Luego, si no le ha gustado, podrá mostrar su desaprobación. Pero durante el tiempo de juego, el público ha de estar animando. Esa es mi concepción: el equipo y la afición como un todo, participando a la vez”.

“El momento más triste de mi carrera fue la muerte de mi compañero de habitación Antonio Puerta”

-En la Premier League hemos visto la fusión de la grada con el Chelsea de Mourinho. En España va por barrios.

“Cuando yo era futbolista lo vi y lo viví. Puede haber jugadores a los que el público no les influya, pero a otros sí y esos pueden contagiar al resto. Para mí eso es clave”.

-La FIFA, Blatter, Platini… ¿El fútbol está bajo sospecha?

“Nosotros tenemos que estar al margen de eso. No me preocupa. Va más allá de lo que podemos hacer. No podemos hacer absolutamente nada”.

-¿Se topó alguna vez con un indicio de amaño?

“A día de hoy en muchos años, no he conocido ninguno. Si ha pasado algo extraño, no me he enterado”.

-¿El videojuego acabará con la pizarra del entrenador?

“Si yo pudiera, prohibiría los videojuegos para los niños. Prohibiría las maquinitas, prohibiría todo eso. Creo que les estamos quitando la imaginación. Antes los niños jugaban al fútbol en la calle y sacaban el desparpajo. En ese aspecto, la tecnología nos ha hecho daño al fútbol y a la sociedad. Creo que hay que dejar a la gente equivocarse, acertar, tomar decisiones”.

-Entonces, le pregunto por la pizarra.

“La uso lo justo”.

-En Albacete metió en el minuto 72 a Tomás Martínez. ¿Leyó bien el partido?

“Es muy difícil ver el fútbol desde el banquillo. Intentas tomar decisiones en función de lo que estás viendo”.

-¿De qué entrenadores, además de Oltra, es hijo?

“Todos me han aportado mucho. Juanma Lillo es un entrenador muy completo, lo tiene todo. Rafa Benítez es muy bueno tácticamente. Joaquín Caparrós es la competitividad. Si hay un cien por cien de competitividad, con él compites un 120. Juande Ramos…”.

-¿Qué hará cuando vengan los momentos malos?

“Cuando lleguen, hay que tener la cabeza fría. Si el equipo mantiene el equilibrio, al final es difícil que acabes perdiendo muchos partidos”.

-Usted viene de colgar los borceguíes. ¿Cómo se gestiona un vestuario?

“Para empezar, es importante la calidad humana de los futbolistas. Hoy por hoy, en casi todos los equipos, antes de contratar se contrasta y se sabe cómo es no ya solo el futbolista, sino la persona. Después están los pilares del vestuario, que evitan que el grupo se tuerza. Yo, como máximo responsable, debo hacerles entender que cuanto mejor nos llevemos, más amigos seamos y más unidos estemos, los resultados serán mejores. Yo doy mucha importancia a la persona que hay detrás del futbolista y debo cuidarla por el bien del equipo”.

-Tiene dos hijos, ¿verdad?

“Sí, de 9 y 3 años”.

-¿Y cuántos jugadores tiene en la plantilla?

“21”.

-¿O sea que es el padre de dos hijos y 21 futbolistas?

“Pero ellos tienen cierta experiencia. No son lo mismo los niños que las personas adultas. La mayoría lleva muchos años en el fútbol. Y hay una ventaja, que toda la gente que viene del fútbol base del Tenerife trae unos principios ya adquiridos.”.

-¿Con qué sueña en Tenerife?

“Mi sueño es que el equipo sea hoy el mismo ante el Córdoba que en las dos primeras jornadas. Si es así, seremos capaces de ganar. No puedo mirar más lejos”.

-Ha ganado dos veces y era sábado. Hoy es su primer domingo. ¿Qué día prefiere?

“Para mí el día es el domingo a las 5 de la tarde, como cuando yo era pequeño y me iba con mi padre, mi madre y mi hermano al campo a ver al Mallorca, con la radio puesta, escuchando los otros partidos, comiendo pipas, de pie en la grada. Eso era fútbol. Y eso se ha perdido. La vida ha evolucionado. Pero yo soy aquel niño”.

-¿Jugaba en la calle, en el colegio?

“Desde pequeño ya jugaba en el colegio. Mi hermano Antonio, Toni, jugó conmigo hasta los 22 años, yo con 20, dos años juntos en el Mallorca B, en Tercera División. Él lo dejó y yo continué”.

-¿Mallorca y Tenerife se parecen?

“Son dos islas turísticas diferentes”.

-¿Ser isleño le lleva a vivir en ciudades de mar?

“Es verdad que he tenido la suerte de vivir en ciudades como Mallorca, Tenerife, San Sebastián. El mar lo he tenido siempre cerca, menos en Sevilla, que lo que tenía era el río. Sí que es importante verlo. En Mallorca veraneamos en la playa, pegados al mar. Es un momento de relajación y de paz que, quieras o no quieras, a los isleños nos da”.

“No he conocido ningún amaño en el mundo del fútbol”

-¿Cómo lleva la distancia de su isla y de su familia?

“Estar separados a mí no me ayuda. Me perjudica. Yo soy una persona muy familiar. Confío que nos reagrupemos pronto cuando ubiquemos a los niños en un colegio. Llevo 22 años con mi mujer, desde los 18 años. La conocí dos meses antes de que falleciera mi padre y hasta el día de hoy. En abril cumplimos 23 años juntos, siempre apoyándonos. El 8 de abril del 93 conocí a mi mujer y el 8 de abril de 2006 nació nuestro primer hijo, un día similar, y dices, ¿será una señal? El día que te vas a comprar un coche rojo no paras de ver coches rojos por la calle”.

-El fútbol llama a la superstición.

“Sí, he jugado con mucha gente supersticiosa. Yo lo he sido solo para espantar las lesiones, y toco madera”.

-¿A qué se debe esta ola de lesiones en el fútbol español?

“Al nivel de exigencia de la competición; más que al número de partidos, al esfuerzo cada vez mayor”.

-Usted ha devuelto a la isla la ilusión por el fútbol.

“Esta es una isla de fútbol, es una ciudad de fútbol. Y además de buenos futbolistas”.

-¿Además del mediocentro, qué define mejor al Tenerife que entrena?

“Gracias a Dios, tengo un equipo con una personalidad tremenda, demostrada en estos dos partidos. Cuando un equipo va ganando 1-0 y faltan tres, cuatro minutos, se echa atrás; este equipo ha hecho todo lo contrario, ha tenido la pelota, la ha aguantado, ha sido capaz de jugarla, y ha presionado al equipo rival en campo contrario. Para eso hay que tener mucha personalidad. Eso es lo que más me ha sorprendido. Yo no se los he enseñado Lo llevan dentro.Lo peor del fútbol cuando vas ganando es el miedo a perder, que muchas veces es el miedo a ganar”.

-¿Existe el miedo a ganar?

“Sí, en mi carrera deportiva aprendí que no se gana siempre ni se pierde siempre. Y que hay que saber perder, pero también ganar”.

-¿Y siendo de familia humilde, ahorró cuando ganó?

“Mi padre me decía que el dinero está para gastarlo, no para malgastarlo. Si te has comprado un reloj hoy, ya no te compres otro mañana, pero uno cómpratelo. Ese me decía y yo no lo olvido. Hay que disfrutar de la vida, solo se vive una vez.

-Pep, José Luis… ¿Cómo le gusta que le llamen?

“A mí me gusta que me llamen José Luis. Casi nadie me llama José Luis. Mis amigos de la infancia me llaman Jose. En el fútbol, la mayoría me llama Pep, Pep Lluis. Hay otros que me llaman Pepe, en Sevilla me llamaban así. También Pepito. Otros amigos, Pepllu. Cuando me presentan a alguien, yo digo José Luis, no me sale otro nombre”.

-¿Su madre cómo lo llama?

“Mi madre me llama José Luis. Cuando me tenía que regañar, José Luisito”.

-Tras París, el fútbol se paró en Bélgica y Alemania, y en Wembley sonó La Marsellesa. ¿Qué está pasando?

“Estamos en una locura que no le vamos a encontrar explicación por mucho que la busquemos. No existe explicación”.

-En su etapa sevillana conoció el éxtasis de este deporte.

“Ocurrió algo soñado por cualquier futbolista. En la vida jamás imaginé que fuera a ganar ningún título. Y en Sevilla en casi cinco años jugué más de 200 partidos oficiales y conseguí dos Copas de la UEFA, una Copa del Rey, una Supercopa de España y una Supercopa de Europa. ¡Qué puedo decir de eso! Todo es posible si te esfuerzas al 101%”.

-¿Cuál fue su momento más triste como futbolista?

“Cuando falleció mi amigo Antonio Puerta en 2007. Apenas dos horas antes estábamos haciendo la siesta en la habitación. Era un partido en casa, en Sevilla, contra el Getafe, a las diez de la noche. Él estaba normal, como siempre. Su muerte fue una incógnita. Ya se había mareado en años anteriores, le habían hecho unas pruebas y no había nada. Ese día se mareó de nuevo en el campo, se levantó y se fue andando. Comentó, ‘joder, otra vez los mareos estos, qué rabia me da’. Tan tranquilo. Y cuando llegó al vestuario entró en una parada cardíaca y allí se quedó. Era un tío diferente. Él entraba en el vestuario y pegaba un golpe en la puerta y decía en tono alto, ‘buenos días’, y si había alguno que no le contestase se le ponía delante y repetía, ‘he dicho buenos días’ y tenía que saludarlo. Y así todos los días. Tenía unas condiciones para el fútbol tremendas, pero aún era superior su calidad humana.Yo tengo la costumbre en los autógrafos de poner debajo de la firma las iniciales A.P.16. Y la gente pregunta y le explico que significa Antonio Puerta 16, el número de su dorsal. Así nadie se olvida de él”.

-¿El momento más feliz?

“Para mí el momento más especial es cada vez que me he puesto las botas y he salido por el túnel al campo. Porque yo no fui nunca un jugador talentoso ni torpe, sino normal y siempre entendí que era un privilegio disfrutar de esto”.

-¿Quién ha sido su ídolo?

“Raúl González Blanco, un gran ejemplo humano a seguir, aparte de su entrega y calidad. Voy a contar una anécdota. Nosotros jugamos la Supercopa de España con el Real Madrid. En la ida ganamos Sevilla 1- Real Madrid 0. Y la vuelta era en el Bernabéu. Y ganamos 3-5. Nos llevamos la Supercopa. Recibimos el trofeo y estuvimos media hora de parafernalia en el césped con la afición. Kanuté había hecho un hat-trick (tres goles). Cuando subimos las escaleras del túnel del Bernabéu y llegamos arriba del todo, estaba Raúl con la pelota esperando para dársela a Kanuté. Ese es el señor Raúl González Blanco”.

-¿Cómo ha sido su relación con el gol?

“Mi primer gol en Primera División lo consigo con el Sevilla en el Sánchez Pizjuán, al Mallorca, mi isla. Regateé a tres y con el exterior del pie la mandé al palo largo, ¡un golazo!, celebrado con pañuelos. Poco habitual. Luego vengo aquí, al Heliodoro Rodríguez López, con la Real Sociedad, y a los tres minutos, otro gol de mi parte a mi exequipo”.

FOTO: FRAN PALLERO
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“¡Si tu padre te viera!”

El fútbol ha sido como un padre para José Luis Martí. El padre, José, futbolero hasta la médula, murió joven. El fútbol entró en la casa como entraron los hijos. Uno más de la familia. Una casa humilde. Los cuatro -los padres y los dos hermanos- iban juntos al viejo Luis Sitjar a ver fútbol de pie los domingos a las “cinco a cero en punto de la tarde”, como dice el poema de Luis García Montero. Cuando su mujer iba a dar a luz, el padre, antes que la maleta, cogió, camino del hospital, la pelota pequeña de plástico. “Es lo primero que siempre hemos tenido”. Y todos los días de Reyes el regalo se repetía, ya no por imposición, sino por aclamación popular. Los dos hermanos no querían otro juguete, sino un balón. Se murió a los 49 años. Fumador desde los 14 y ferralero, pero el hierro y el acero no le causaron el cáncer de pulmón, según dijeron los médicos, sino la adicción al tabaco. José Luis tenía 18 años y se puso a trabajar con el hermano para ayudar a la madre, viuda a los 48, que “nunca flaqueó, con ayuda de mi abuela y sacó la casa adelante”. Los dos hermanos jugaron en Tercera División y se buscaron la vida en oficios paralelos. El fútbol y el padre son recuerdos asociadosdesdela infancia. “Era su pasión y ahora mis hijos la heredan, aprenden jugandoresponsabilidad, horarios, limpieza, compañerismo”. ¿Y esos otros pequeños taimados y sus padres vociferantes que agreden al árbitro o al entrenador? “De ahí la labor educativa que hacen los equipos como el Tenerife para que los niños lleguen con valores adquiridos a la edad profesional”. Martí trabaja con cinco ayudantes directos, Fabián, Iván, Zebe, Carlos y Roberto, y cuenta en casa con una asesora nutricional, su propia esposa, Marga. Cuando un político tuitea que le gusta más este Tenerife porque tiene un entrenador “guaperas”, José Luis dice que él lo retuitearía: “¿A quién no le gusta que le llamen guapo. Mi madre estaría encantada”. El viernes encendió en Santa Cruz más de un millón de bombillas led junto al alcalde, y la ciudad luce de noche más guapa ante la inminente Navidad.

La Isla, cuando era jugador, lo llevaba del monte a la playa. Solía escaparse con su mujer y unos compadres a Buenavista del Norte a desconectar los domingos que no tenía partido. “Comíamos en un guachinche y terminábamos en la plaza del pueblo tomando el barraquito de turno”. Pero el fútbol no monopoliza todas las aficiones de Martí, un seriéfilo empedernido que lee a Stephen King y se evade horas enteras jugando al golf. Siempre le gustó el baloncesto y se hizo un experto en la NBA, hasta el punto de que su amigo Andrés Montes -el de “la vida puede ser maravillosa”- lo invitaba a comentar las finales de la liga americana en televisión. Aquel locutor extrovertido de cabeza rapada y peculiares pajaritas que voceaba en medio de la transmisión, “¿dónde están las llaves, Salinas?”, un día, de pronto, dejó de alegrarnos la vida. La extraña muerte de Montes en Madrid. La autopsia nunca se desveló. “Yo recuerdo que a Andrés lo operaron del corazón y a la semana ya estaba en la cabina retransmitiendo un Madrid-Barcelona desgañitándose con sus gritos característicos y tenía todavía las grapas en el pecho. Pienso que murió de un infarto”. Martí vivió en casa el proceso final de su propio padre. “Fueron ocho meses enfermo, con tos y cansancio. Un día que venía del médico no aguantó más. Murió en casa. Esos ocho meses siguió yendo al fútbol”. Cuando llegan buenas noticias, la madre tiene una frase. “Le dije el otro día, mamá, me voy a entrenar al Tenerife, y dijo la frase: ‘Qué bueno, ¡si tu padre te viera!” Cuando el padre murió era el mes de junio y José Luis Martí no pudo examinarse de todas las asignaturas de COU, le quedaron tres pendientes. En septiembre las aprobó. “Entonces, recogí las notas y me fui corriendo a buscar una cabina para llamar a mi padre al trabajo. Al descolgar el teléfono, me di cuenta. Hacía tan poco que ya no estaba con nosotros. Ahora me he ido acostumbrando, pero eso me ha sucedido muchas veces”.