superconfidencial

La memoria

1. La mejor memoria es no tener memoria. No es bueno desenterrar a los muertos para resucitar un odio que debía estar olvidado. Memoria, entonces, pero para todos, porque no eran buenos contra malos. Eran hermanos contra hermanos en una guerra absurda que no provocó sólo la derecha, que también con su intolerancia, sino la unión de las izquierdas con afanes de venganza. Y la desigualdad. Y la violencia, consustancial con el ser humano. Les voy a contar algo, que ya he contado pero no a ustedes a lo mejor. ¿Saben por qué me llamo Andrés? Me llamo Andrés porque mi padre, con 17 años, y mi tío Andrés, con 16 recién cumplidos, se alistaron en una Bandera de Falange el 18 de julio de 1936. Mi tío, en el 37, estaba en la cola cuando una bomba republicana estalló sobre el mismo perol del rancho. Lo reventó por dentro. Era un niño que no había tenido tiempo de odiar a nadie. Ocurrió en el frente de Teruel, lo llevaron al hospital de Zaragoza y allí murió. Está enterrado en el Valle de los Caídos, esa basílica que la izquierda quiere convertir en un teatro.

2. Mi padre, que era otro niño, tampoco odió. Una vez lo mandaron a detener a una de las personas más honestas y buenas que conocí en mi vida, un socialista cabal, una persona decente, don Rafael Abreu. Mi padre cumplió la orden, lo condujo al empaquetado donde recluían a los llamados rojos. Por la noche, mi padre cargó desde su casa su propio colchón y se lo llevó a don Rafael para que no durmiera en el suelo. Andando los años, los dos lo recordaban, entre risas. Esa fue la guerra civil, sólo que en toda contienda hay personas decentes y brutos asesinos de rojo que matan curas y violan monjas y animales de azul que fusilan al amanecer a gente que no pensaba como ellos. ¿Para qué desenterrar más muertos? ¿Por qué no los dejan en paz?

3. Hace ochenta años de todo esto. ¿No está bien ya? ¿Creen acaso que vale la pena seguir arrancando estatuas de Franco, derribando sus caballos y sus ángeles y destrozando fachadas para quitar los yugos y las flechas? A mí los yugos, las flechas, las hoces y los martillos me la renflanflinflan. Yo quiero amar, no odiar. Yo quiero vivir lo que me quede sin resucitar a los fantasmas de una guerra que detesto por despiadada e innecesaria.