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Mis personajes y el nombrete

Mucha gente no es consciente de que somos una tierra especial. Tenemos una fuente inagotable de personajes marcados por unas características singulares que han ido formando la idiosincrasia de este pueblo. Entre todos ellos, con sus comportamientos y sus cosas, han logrado que estas islas tengan un sentido del humor peculiar. Como lo tienen otros pueblos, ya sean andaluces, gallegos, vascos, ingleses, etc… Y no entro en valorar si por ese rasgo son mejores o peores, o si son más o menos graciosos. Pero nuestro humor es diferente y son estos personajes los que han conformado en el tiempo este estilo. Y ahí es donde yo me he formado. Ya dije aquí que mi universidad ha sido la calle y que en ella es donde aprendí a comportarme; donde la humildad y la nobleza pueden estar juntas detrás de cualquier broma o trastada. En esta columna han ido apareciendo personajes, poco a poco, y ya van una treintena. Desde Nacho el Gofio hasta Mario el Ignorante, primero y último de los que he nombrado. Ellos son en buena parte responsables de que seamos como somos y de que mantengamos el sentido del humor que nos distingue. Y ellos han mostrado otra de las características de este pueblo, el nombrete. Nunca me ha nacido usar la palabra apodo. Lo nuestro es el nombrete, que también forma parte de nuestra identidad como pueblo. Y aunque pasen los años, me gusta seguir llamando a las personas como se les llamaba cuando las conocí. Porque nunca he considerado el nombrete ni un insulto ni una falta de respeto, sea del tipo que sea. Todo lo contrario, siempre me ha parecido un rasgo de la personalidad de la gente de mi tierra, dotada de una imaginación tremenda para ese sentido del humor tan propio. En la isla de La Palma son auténticos maestros en lo de poner nombretes. A uno que iba siempre con un libro bajo el brazo, le pusieron El Sobaco Ilustrado. Y a otro, que parecía que su trabajo le permitía estar todo el día sentado en las terrazas de los bares leyendo la prensa y que saludaba a todas las señoras destocándose el sombrero: Educación y Descanso. (Para los jóvenes, nombre de un ministerio de la época franquista).Tengo una lista interminable de personajes que ha dado esta tierra, cuyo anecdotario va a seguir alimentando esta columna. Ahí están José Luis el Borrachito, Juan Luis el Cabeza, Samburgo, Mambrú, Venanceo, Vadita, el Arroz, el Bella, Antoñito el Filarmónico, Patamocha, el Brincadeira, el Cacharro, Juanito el Calzones, el Chevrolet, Chichi el Berberecho, Chuchín el Qüijo, Cucurucho, el Jabalí, el Perola, Nalgas Tristes, Juan el Largo, Quique el Peta, Lecherita, el Lilí, el Loco, Titi Loren, Luis el Negro, Manolito Marcha Atrás, el Guey, Miguel el Naripa, Miguel el Orejas… ¡Y no se equivoquen! He contado y cuento con la amistad de la gran mayoría de ellos. Todos han participado en mi formación, de lo que estoy muy orgulloso y muy agradecido. He pedido reconocimientos para ellos y hasta para alguno he solicitado que le pongan su nombre a una calle o plaza. Seguiré tratándolos igual, con vacilón y con cariño, disfrutando de sus ocurrencias y de sus genialidades, que es la enseñanza que he recibido de ellos. Lamento si alguien no lo ha entendido; pero quien no lo vea así, por supuesto es que no me conoce, o no le ha cogido el punto a la ciudad o a la isla en la que vive. No ha tenido la suerte de entenderla, yo sí. Por eso pienso seguir disfrutándola como lo he hecho hasta ahora, y aprendiendo de ellos. Son mis personajes. Con sus nombretes, sus anécdotas, sus vacilones y mi cariño. Deja ver…