BIENMESABE

De nuevo las trincheras

Los ciudadanos europeos de la Europa comunitaria y de la no comunitaria, de norte a sur y de este a oeste, vivimos estos días de pesadumbre con la mosca tras la oreja. No lo proclamamos públicamente, pero pensamos en una misma cosa: en la descoordinación de los servicios de inteligencia de las policías y de las fuerzas armadas europeas. Que ha desembocado en los atentados de París. No entendemos que la masacre se haya desarrollado ante las narices de quienes velan por nuestra seguridad. No lo sostengo yo. En Francia, especialmente golpeada esta vez por el terrorismo, sus ciudadanos de a pie, pero también sus instituciones, no han callado las críticas a la Policía belga. Los franceses están que trinan con sus vecinos del norte. A la par que agradecidos a la eficacia policial y militar de sus vecinos del sur. Nadie entiende que Bélgica, que Bruselas, la capital de la Europa de los negocios y de la UE, haya fallado tan estrepitosamente. Su policía se ha comportado como un grupito de aficionados. Y de incompetentes. Incapaces de controlar los movimientos de las células yihadistas en su barrio de Molenbeek. A pesar de los avisos que les giraron desde Francia y desde Turquía, desde donde se les advirtió de la peligrosidad de los combatientes (¿?) de Daesh. No vieron llegar los problemas. No establecieron controles inmediatos en sus fronteras. Pusieron en libertad a sospechosos de quienes con posterioridad confirmaron con sus actos los objetivos que perseguían con la tragedia que prepararon. Otros regresaron a Bélgica y seguramente siguen allí escondidos. En el sur, la Policía Nacional y la Guardia Civil, avezados en estas cuestiones, desde hace décadas, mantienen un cerco estrecho en torno a las actividades de estos desalmados. Primero porque saben lo que se juegan. Segundo, porque es hora de devolver a Francia en forma de agradecimiento lo que los franceses hicieron un día para ayudar a terminar con ETA. Y ahora vienen las gilipolleces políticas domésticas y del vecindario. Cuando el primer ministro francés avisa de la posibilidad de que los terroristas usen armas bacteriológicas y químicas (contra nuestra gente, entre la que incluyo a los musulmanes integrados en la cultura europea); van determinados personajes hablando del eterno debate entre seguridad y libertades. Cuando, para ser libre, tienes que estar seguro de que puedes serlo. Bush júnior, el Tony Blair, el Aznar y otros, nos mintieron cuando la guerra de Irak afirmando que Sadam poseía armas de destrucción masiva. Y ahora se ha demostrado que ciertamente las tenía. Pero no en forma de armas químicas, bacteriológicas o nucleares. Muerto el dictador iraquí, al igual que el libio del Gadafi, se ha demostrado que ambos las poseían. Pero no por ellos mismos. Sino por el sustrato terrorista que se forjó tras la desaparición de ambos. Las armas de destrucción masiva son los propios terroristas de Daesh que se han colado entre nosotros, cual caballos de Troya, para destruirnos desde dentro. Muertos ambos perros, (el iraquí y el libio) no se terminó la rabia. Al contrario: la rabia se recrudece. Hollande y Putin se vacunan. Obama, ahora, mira para otro lado…

La guerra vuelve. En realidad, nunca se ha marchado. Pero ahora no hay ejércitos regulares uniformados. Ni trincheras. Ni fusiles con bayonetas. Hay personajes que se inmolan matando a otros. En nombre de todos los dioses.

Y es que, en nombre de todos los dioses, se han cometido siempre auténticas salvajadas…