economía social

“O la economía social adquiere un papel importante o Canarias como destino entrará en declive”

Tomás Azcárate presidente del Instituto de Turismo Responsable
Tomás Azcárate presidente del Instituto de Turismo Responsable

El tinerfeño Tomás Azcárate preside desde su constitución el Instituto de Turismo Responsable (ITR), un organismo independiente, aunque asociado a la Unesco y a la Organización Mundial del Turismo, cuyo objetivo es implementar acciones y programas de desarrollo sostenible en la industria turística. En estos momentos, el ITR trabaja en la revisión y adaptación del documento que motivó su fundación hace veinte años: la Carta Mundial de Turismo Sostenible, redactada en el marco de una conferencia internacional celebrada en Lanzarote.

-¿Cuál es la labor del Instituto de Turismo Responsable?

El ITR ha estado y está presente en todos los grandes encuentros mundiales que tienen que ver con el turismo sostenible. Hemos participado en los foros mundiales de cultura y paz de la ONU, así como en los foros universales de la cultura, como el de Barcelona. También nos dedicamos a la investigación, damos cursos para medir la sostenibilidad… Todo un elenco de actividades que tienen que ver con la formación, y con el estudio y el análisis del sector. Uno de los resultados más destacados de nuestro trabajo es el Sistema de Turismo Responsable.

– ¿En qué consiste ese sistema?

Es un método de medición de los distintos parámetros que hay que tener en cuenta para la sostenibilidad en el sector turístico: ambientales, económicos, culturales y sociales. Hemos usado para ello unos procesos de certificación denominados Biosphere. Se implanta el sistema, se hace una auditoría y se valora en qué situación está el destino o el alojamiento. En función de los resultados, se elabora un plan de acción para mejorar los aspectos que hagan falta para acercarse a la sostenibilidad. Una vez cumplidos los requisitos, se entrega la certificación. Ahora mismo, varios destinos nacionales están certificados (Barcelona, Gijón, Valle de Arán, Lanzarote…) y unos veinte internacionales lo están desarrollando. Hay hoteles certificados en casi todo el mundo. El sistema ha tenido muchos premios y es un referente a escala mundial, pero, en cualquier caso, la certificación no es el fin; el fin es la apuesta por desarrollar productos y actividades sostenibles y recorrer la senda de mejora continua hacia la sostenibilidad.

-¿Cómo ha evolucionado el sector desde la creación del ITR?

En estos veinte años el turismo ha cambiado muchísimo, desde todos los puntos de vista, gracias al desarrollo humano debido a la formación, a la mayor información de los turistas, a la lucha contra la pobreza, a la generalización de los transportes, al enorme desarrollo tecnológico… El resultado de todos esos avances es que las personas, sobre todo en los países emisores, tienen cada vez más capacidad para decidir qué actividades son las que les gusta más hacer y las que más contribuyen a su autorrealización. Todo esto está suponiendo una gran transformación en las actividades que tienen que ver con el turismo, y los países receptores tienen que ser conscientes y adaptarse, porque el entorno, además, cambia muy rápidamente.

– ¿Cómo se inserta la sostenibilidad en esas transformaciones?

Hasta hace unos años la sostenibilidad era un concepto desconocido, no había información suficiente. Ahora, con las crisis ambientales, la gente está viendo la necesidad de que el mundo sea cada vez más sostenible en todos los aspectos: accesibilidad, derechos de las personas, igualdad, medio ambiente… Hoy por hoy, las encuestas nos dicen que alrededor de un 80% de los turistas prefieren destinos y productos sostenibles. La sostenibilidad se está convirtiendo además en una garantía de autenticidad del destino, gracias a que se vela por las riquezas culturales de forma real, no de forma folclórica o engañosa. Ese concepto de sostenibilidad está muy arraigado hoy en el turista y sobre todo en el turista del futuro: jóvenes sobre los treinta o cuarenta años que han nacido con la tecnología y que son más exigentes con la autenticidad y la calidad.

-¿Cómo ves la situación del sector en Canarias?

Canarias es un destino pionero en el que, al principio, se desarrolla un turismo muy selectivo y muy exquisito en cuanto al respeto al medio natural. A partir de los años sesenta, se empieza a implantar más el turismo de sol y playa que conocemos, a una velocidad muy grande. A diferencia de Baleares u otros destinos, donde es la gente del lugar la que pone en marcha la industria turística, aquí los actores principales son externos, por lo que se desarrolla un modelo muy ligado al turoperador y en el que los recursos locales no se ponen suficientemente en valor. La oferta complementaria, que es fundamental para el progreso de un destino, se desarrolla poco y con problemas graves, como la dependencia del todo incluido.
Con el sistema alojativo pasa algo parecido. Si hubiera un mayor equilibrio entre la oferta de los propios ciudadanos del lugar y la de las cadenas hoteleras, habría una mayor implicación del turista con el destino y se enriquecería más la población. Lo más importante desde un punto de vista sostenible es que el destino no dependa del exterior, sino que el turismo sea verdaderamente una empresa que cree empleo, que genere desarrollo económico y que enriquezca a la población. Con el modelo actual esto no ocurre, pues la mayor parte de la riqueza se va hacia el exterior. A esto se le añade que hay cuellos de botella muy importantes, como el que produce la escasa formación en idiomas. Yo soy partidario de que haya verdaderos estímulos para que los jóvenes canarios aprendan idiomas.

-¿Qué papel puede desempeñar la economía social en los cambios que necesita el turismo en las Islas?

Mi opinión es que, o la economía social desempeña un papel importante en esos cambios, o Canarias como destino maduro entrará en declive y tendrá grandes problemas en el futuro en cuanto a competitividad con otros destinos. El aspecto social es uno de los pilares para que un destino turístico sea sostenible. La sociedad del lugar debe jugar un papel fundamental en el desarrollo del turismo. En el caso de Canarias no ha sido así hasta ahora y eso ha tenido consecuencias importantes. El modelo único del sol y playa ha hecho mucho daño, por ejemplo, a islas como La Palma, que no se ha podido desarrollar suficientemente en función de los valores naturales y sociales que tiene. Creo que Canarias debe hacer una reflexión muy grande en este sentido.