Pacto antiyihadista

Siete partidos políticos, Coalición Canaria entre ellos, se suman hoy mismo al Acuerdo para afianzar la unidad en defensa de las libertades y en la lucha contra el terrorismo, también llamado Pacto Antiyihadista, que en febrero del presente año suscribieron PP y PSOE por iniciativa de Pedro Sánchez, tras los atentados terroristas ocurridos en Francia el mes anterior y protagonizados por islamistas radicales. Podemos, que estará presente en el acto de la firma, e Izquierda Unida han preferido no suscribir el pacto, en el primer caso por no compartir sus valores, y en el segundo, al considerar que se trata de un acuerdo precocinado entre los dos grandes partidos sin discusión con los demás. No sé qué tiene de malo un acuerdo que pretende combatir el radicalismo islamista proclamado desde internet, o la captación y reclutamiento de terroristas y su financiación, o el enaltecimiento del yihadismo, o la propaganda asesina realizada a través de las redes sociales, o las actuaciones de los lobos solitarios, o perseguir cualquier forma de radicalización violenta, incluidas las expresiones de racismo, xenofobia y discriminación motivadas por la intolerancia respecto a distintas opiniones, creencias o confesiones religiosas.

Como ha demostrado la historia, desde la ley y la unidad de las fuerzas políticas y la ciudadanía, la sociedad se defiende mejor de sus principales enemigos, los terroristas, que atentan contra la democracia y las libertades mediante tácticas y procedimientos que causan graves daños y pérdidas irreparables. Las cuestiones de forma deberían quedar aparcadas cuando se trata de la defensa de cuestiones fundamentales. Eso de buscarle tres pies al gato, ponerse de perfil o actuar como tiquismiquis no resiste el menor análisis cuando está en juego la defensa de la nación y la salud democrática de los españoles. Nuestro país se encuentra en el punto de mira del yihadismo, cuyos portavoces frecuentemente nos amenazan con sufrimientos indescriptibles y guerras sin fin. En estas condiciones, no sumarse al pacto es más que una rareza o una extravagancia; más bien parece una inconsecuencia, una ausencia de conciencia, una falta de compromiso con la sociedad, que necesita el concurso de todos para la mejor defensa de los intereses generales.