el charco hondo

Parodi

Conocí a José Luis Sánchez-Parodi bastante antes de conocerlo. En casa siempre se hablaba de su padre, del magistrado, con tanto respeto (rectitud, honestidad) que familiarmente contaminado a José Luis lo respeté mucho antes de que el Derecho Mercantil nos juntara, él profesor y yo alumno en la línea que separa el empeño de la calamidad. Entre unos y otros, por esto o aquello, he tenido la oportunidad de conocer por segunda vez a José Luis, y comprobar que la contaminación de mis padres hace justicia a un amigo, buen amigo, al que respeto muchísimo. Sé que José Luis va a matarme cuando lea estas líneas, pero a mis cuarenta y siete años procuro no dejar para mañana lo que quiero (y por oficio, puedo) escribir públicamente hoy. José Luis es buen tipo. Criado entre libros, sus muchas lecturas lo convierten en un gran conversador, en alguien capaz de argumentar la realidad o dibujar a sus actores con la madurez, el talante y la serenidad que, no siempre, pero sí en este caso, la lectura siembra. Quienes conocen su trayectoria profesional y comparten con él los días en los juzgados o fuera de ellos dicen que los valores que definen a la persona son los que retratan al profesional, y yo -amigo ejerciente, abogado no ejerciente- firmo ese retrato. Hoy son las elecciones al Colegio de Abogados, y José Luis es candidato a decano. No va solo, qué va, va mejor (y más) acompañado que nunca. Como amigo suyo le deseo que hoy le vaya bien, que tenga la oportunidad de seguir mejorando las cosas en el Colegio. Como colegiado, también. Sé que tiene ganas, ideas y capacidad, y sé que va a matarme cuando le llegue esta columna. Pero, es que hay más. Entre los excelentes profesionales que acompañan a Sánchez-Parodi está Freddy Santos Padrón, el hermano que la vida me regaló. Sí, también Freddy me va a dar un bofetón por haber escrito esto, pero es que crecer tiene estas cosas, con cuarenta y siete años paso de dejar para mañana lo que me apetece contar hoy.