SUR

Un paseo musical por la Historia

La familia Díaz Delgado espera los permisos para abrir la casa como museo musical. / SERGIO MÉNDEZ
La familia Díaz Delgado espera los permisos para abrir la casa como museo musical. / SERGIO MÉNDEZ

Un niño jugaba a la pelota hace 70 años en Chacaica y, mirando a la que fuera mansión del Marqués de La Florida y hotel a finales del siglo XIX, se decía para sus adentros: “El día que sea rico esta casa será mía”. Mario Díaz, ese niño, contaba entonces con 12 años, fue en 1991, cuando justamente el Buen Retiro cumplía sus 200 años de vida, cuando la propietaria de entonces se acercó a él y le propuso la venta. El ya empresario de transportes no lo dudó un instante y radiante de entusiasmó dispuso de 25 millones de pesetas para hacerse con la casa de sus sueños. Una auténtica joya por la que día más tarde, el propio Cabildo de Tenerife, le ofrecía 10 veces más de lo que le había costado para hacerse con un inmueble de 1791 que, 200 años después, seguía albergando una gran colección de música, pintura y una estructura muy bien conservada, recordando la etapa en que fue un prestigioso hotel para la burguesía inglesa de finales del XIX y principios del siglo XX.

Hoy, casi 25 años después de su compra, Mario Díaz y sus hijos Mario y Elsa están a la espera de los correspondientes permisos administrativos para reabrir el Buen Retiro como museo musical, sin descartar la idea de convertirlo además en hotel rural, dentro de una finca de 10.000 metros cuadrados, con bellísimos jardines y un imponente drago bicentenario que da la bienvenida a un edificio de dos plantas que nos traslada en el tiempo; desde su cocina hasta sus dormitorios, desde su comedor a sus pasillos, desde su capilla a sus baños, al esplendor del romanticismo del siglo XIX.

En ese siglo XIX sobresalen fundamentalmente dos movimientos estéticos terminantemente opuestos: el Romanticismo y el Impresionismo. El primero basado en el principio rousseauniano “siento, luego existo”, mientras que el segundo, separándose del vetusto clasicismo y el deslumbrante Romanticismo, no buscaba la razón ni la sensación, buscaba la crítica al pasado por la música misma. Ahora, la familia Díaz, a través de la música, nos quiere trasportar desde ese siglo, incluso antes, hasta nuestros tiempos. Y para ello cuentan con un inagotable caudal: una bella y amplia estancia y numerosos instrumentos, entre pianos, arpas y violines conservados de manera primorosa, dando la sensación de que por ellos no han pasado 200 años, los mismos que tiene el drago que preside la fachada como atalaya sobre el primer núcleo urbano de Güímar.

Melómanos
Si bien Mario Díaz, el patriarca, reconoce que a él no le sacan de Si Adelita se fuera con otro, sus hijos Mario y Elsa viven por y para la música -sobre todo el primero-, por lo que no resulta extraño, por tanto, que ese sea el motivo que les ha impulsado a seguir manteniendo, con una pulcritud elogiable, un enorme inmueble no solo cargado de historia en cada uno de sus rincones, sino de notas musicales y elementos decorativos que nos pasean por tres siglos. “Por algo esta casa se terminó de construir coincidiendo con la muerte de Mozart”, relata Mario Díaz, mientras nos transporta al barroco tocando el violín o una pianola, restaurados por él mismo. “No sé muy bien cómo”, afirma modestamente, porque “no sabía dónde aprender”. Su hermana Elsa destaca que muchos músicos que han visitado la casa se han quedado prendados de la misma y de las posibilidades que tiene: “Un profesor andaluz viene varias veces al año porque afirma que no hay ningún lugar en España donde el entorno acompañe a la música del siglo XIX”. Pero Elsa Díaz no solo piensa en música, aunque ya vende sus “montaditos musicales”, sino que considera la posibilidad no solo de hacer visitas guiadas a la casa y a la gran finca de 10.000 metros cuadrados de superficie donde está ubicada, sino también de “volver a abrirla como hotel, aunque sea como hacienda u hotel rural”, para lo que ya están tramitados los permisos. Por lo pronto, la idea es la de abrir una tasca en los bajos y patio del caserón, para realizar las schubertiadas, “citas en las que se escuchaba música mientras se comía, bebía o se hablaba con amigos”, relata Mario Díaz, mientras nos enseña las bellezas que atesora un lugar histórico que más que un paseo bien merece una estancia.

De Delgado Trinidad a la marquesa de la Florida

El Buen Retiro, ubicado desde 1791 en el inicio de la subida al núcleo de Chacaica, perteneció a la destacada familia güimarera de los Delgado-Trinidad y se caracteriza por su elevada calidad arquitectónica y rica carpintería tradicional. Familias como la de los Delgado-Trinidad se convirtieron en nuevos grandes terratenientes de Güímar, llegando incluso a entroncar con la nobleza gracias al matrimonio de Francisca Delgado-Trinidad O’Shee con Luis Francisco Benítez de Lugo, VIII Marqués de La Florida, cuya viuda, sin descendencia, decide años más tarde (1889) convertir su gran casa en hotel, para albergar un incipiente turismo de alto nivel económico, sobre todo británico, que comenzaba en esos años a interesarse por las Islas, muchos venidos de Europa aquejados de tuberculosis. Los sobrinos de la marquesa heredaron la casa, que tras años de abandono es ahora propiedad de la familia Díaz Delgado, desde 1991.