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Ricardo Melchior

Después de un paréntesis en sus responsabilidades públicas, asumió la presidencia de la Autoridad Portuaria y debutó con visitas a los puertos periféricos y con opiniones y reflexiones oportunas, sinceras y sensatas que conectan directamente con las preocupaciones y aspiraciones de una ciudadanía que, desde siempre, entendió el viejo mandamiento de la absoluta prioridad del puerto en el territorio insular; porque fueron las actividades navales y mercantiles las que impulsaron el protagonismo económico y la pujanza administrativa de Santa Cruz y, desde el siglo XVIII, las que marcaron los ciclos prósperos o decadentes de la capital tinerfeña. Por su experiencia profesional y política, Ricardo Melchior era el hombre indicado para llevar esa responsabilidad, está llamado a realizar una gestión inteligente y abierta, por su capacidad de comunicación y su plena sintonía con lo que piensa, espera y pide la gente. Así, e invocamos un ejemplo recurrente, a la importancia creciente del tráfico de cruceros -la señal más visible de la recuperación- no le ayuda el conservadurismo del comercio local que, bajo el pretexto de las escasas ventas, no abre los domingos ni prepara a su personal, con una básica instrucción en idiomas y marketing, para atender a una clientela nueva y que, debidamente servida, será tan rentable como en otros lugares. La apertura de una estación para los cruceristas, que anunció para el próximo año, y la recomendación de arreglar y adornar la frontera marítima, figuran por urgencia y sentido común en su agenda. Reconoció las paradójicas diferencias del precio de combustibles en los puertos capitalinos, más baratos en Las Palmas, y con la misma naturalidad ya reclama la solución a las empresas suministradoras. Melchior Navarro tiene muy claras las directivas de desarrollo: fomentar el tráfico de cruceros y el movimiento de contenedores, los principales renglones en la actualidad, y una ambiciosa apuesta por el sector de las reparaciones navales y la recepción, junto al Puerto de Granadilla, de gas natural, un combustible de futuro por su precio y menores efectos contaminantes para la producción energética, y el servicio de barcos, aviones y gran parte de los vehículos. Pero, por su situación estratégica y por su tradición, la apuesta más ilusionante es la conversión de Santa Cruz en un hub -centro de distribución hacia otros destinos- que, con la futura apertura del ampliado canal de Panamá, le daría una posición de privilegio en esta área del Atlántico.