El dardo

Sin estrategia común

Después de los atentados de París, analistas y servicios de inteligencia occidentales coinciden en que los terroristas de Dáesh o Estado Islámico volverán a sembrar de nuevo el horror en alguna capital europea o norteamericana, incluso puede que rusa. Resulta incomprensible que a estas alturas, cuando la violencia indiscriminada se ha trasladado desde hace años a nuestras principales ciudades, el mundo libre siga dividido y no sea capaz de fijar una estrategia conjunta acorde con el reto planteado, bajo el paraguas de Naciones Unidas. Lejos de actuar de consuno para tratar de poner fin a esta nueva forma de guerra -en la que, sin ejércitos convencionales, uniformes, ni frentes de batalla, la población civil desarmada es tomada como objetivo directo-, cada país trata de defenderse por su cuenta. Se ignora así que los terroristas se mueven y financian por encima de controles y fronteras, con arreglo a tácticas bien concebidas y ejecutadas, trabajando para sus fines criminales al amparo de nuestro sistema de libertades. Los países libres apenas intercambian información cuando deberían ser una piña monolítica en defensa de los valores comunes e incluso exigir a las naciones musulmanas, empezando por Arabia Saudita e Irán -que amparan extremismos religiosos incompatibles con la democracia y los derechos humanos-, una firme y explícita condena de quienes, so pretextos espurios y lecturas coránicas fanatizadas, usan la fe y el credo para atacar todo lo que se identifica con la civilización occidental. Claro que también entre nosotros habrá que cambiar algunas cosas, empezando por la políticas de asimilación de los inmigrantes de religión islámica, en aras de propiciar integraciones más justas y fáciles, evitando guetos y separaciones que puedan dar lugar a insatisfacciones sociales en las que luego resulta fácil captar a fracasados, marginados o fanatizados. Todos debemos hacer un esfuerzo para superar viejas diferencias y ausencias de diálogo, tolerancia y comprensión. Lo único que Occidente no puede hacer es contemporizar con el terrorismo y no combatirlo con todas las armas a su alcance, renunciando así a unas esencias que se identifican con la libertad y la defensa de los derechos humanos. Porque al final se trata de elegir: o ellos o nosotros.