SOCIEDAD

La NASA se interesa por la idea de un tinerfeño para habitar Marte

MARTE TINERFEÑO

“Por mi carácter competitivo, decidí establecer como meta el planeta Marte: Si hay un ambiente extremo por excelencia, donde tenemos una remota posibilidad de albergar vida, es en este planeta”. La respuesta da una buena pista de cómo trabaja Alberto Villanueva, un arquitecto tinerfeño de 32 años de edad que concita hoy el interés de las agencias espaciales estadounidense y europea (NASA y ESA) a cuenta del proyecto que ideó, llamado Mars Utopia, para responder a un reto tan inevitable como inminente para la Humanidad: la superpoblación.

Nacido en Santa Cruz de Tenerife, Villanueva siempre supo que quería ser arquitecto “aunque no tenía ningún antecedente familiar ni figura que admirase en la profesión”. Además “ni mi visión espacial ni mi capacidad para dibujar a mano alzada eran las mejores”, pero esas limitaciones no frenaron la vocación del santacrucero porque “estaba enamorado de la idea de poder reproducir y recrear espacios”.

Cerebro que emigra

Tras estudiar Arquitectura entre Madrid y Valladolid (máster incluido), a Villanueva no le quedó otro remedio que emigrar para seguir creciendo, como tantos jóvenes cualificados de su generación en la España de los recortes. “Sabía que necesitaba crecer fuera, conocer nuevas áreas dentro de mí profesión y continuar formándome. A nivel de educación, España me ha dado la mejor base posible, pero a nivel profesional, Londres está a otro nivel. Cursar un segundo máster aquí me está aportando ampliar mis capacidades para afrontar los retos y aprender cómo reciclarme en una profesión que se está viendo obligada a cambiar. En algo más de un año aún no ha habido un día en el que me haya sentado sin tener algo que hacer”.

Es en el marco de este segundo máster, versado en Environment Design (Diseño para el Medio Ambiente) y cursado en la prestigiosa universidad de Ravensbourne, donde Villanueva ha desarrollado su proyecto: cómo vivir en Marte a partir de los materiales volcánicos allí existentes, el agua contenida en el subsuelo, bacterias e impresoras en tres dimensiones (3D).

Esta utopía marciana ideada por Villanueva [que él mismo explica en columna destacada en estas páginas] llama especialmente la atención por lo ambicioso del objetivo, que no es otro que terraformar el planeta Marte dotándolo de una atmósfera habitable al ser humano, y de cómo pretende conseguirlo desde una perspectiva ecológica, ya que los materiales a utilizar para sacar el agua a la superficie son los propios del lugar y las construcciones ideadas para el periodo de adaptación son perecederas.
“Como arquitectos, tenemos responsabilidad con la obra construida y su futuro -detalla el autor-, así que el edificio que se erigirá tras fundir el hielo se desvanecerá como un elemento orgánico al cabo de unos cinco años, eliminando cualquier huella sobre el planeta y manteniendo una atmósfera habitable. Será el momento oportuno para generar una nueva arquitectura para colonizar”.

La luz y Musk

Siempre desde la perspectiva medioambiental, el proyecto de Villanueva tiene el añadido de usar bacterias que generan luz. “La bioluminescencia es un punto con el que me quería divertir para dar una solución sostenible de iluminación; por eso las torres tendrían desde el interior con un verde brillante”.
La figura de Elon Musk [físico y emprendedor sudafricano, cofundador de PayPal, SpaceX y Tesla Motors] surge en cuanto se le pregunta al arquitecto tinerfeño sobre cuándo entiende que el hombre estará en condiciones de pisar la superficie marciana. “Probablemente la figura de Elon Musk en el panorama lo ha cambiado todo. Musk tiene preparado un proyecto para viajar a Marte antes de 2030. Creo que es posible, pero lo que ocurra en los próximos cinco años es crucial. La impresión en 3D, enlazada al éxito para llevar a cabo este tipo de proyectos, alcanzará su máxima cota en torno al año 2025”.
Pero el proyecto de Villanueva no es compatible con la polémica idea de Musk sobre cómo calentar Marte a base de bombas nucleares. “Desde luego, su estrategia para ‘terraformar’ el planeta bombardeándolo está lejos de lo que deberíamos haber aprendido sobre nuestros errores aquí, en nuestro planeta. Es por ello que confío en una alternativa como la que yo propongo, cuya tesis comienza con un ¿qué ocurre si cometemos un error con un planeta?. Insisto en que tenemos una responsabilidad más allá del éxito que supondrá pisar suelo marciano”.

Estructuras

En la primera fase de Mars Utopia, Villanueva propone utilizar las impresoras 3D para crear unas esbeltas estructuras metálicas a partir de los materiales del lugar. “Serán los que surgen del propio suelo del planeta, tales como el basalto, regolith, elementos férreos..”.

Esta respuesta del arquitecto nos devuelve de inmediato a Canarias dado que tales materiales son comunes a la naturaleza volcánica de nuestras Islas. “Me resultó tan sorprendente como muy grato poder enlazar mi investigación con mi tierra, y es que tanto en Canarias como en algún punto de Australia o Hawaii guardamos similitudes en la composición material de algunas rocas con la superficie del planeta Marte”.

Por supuesto, ello se refleja en su trabajo: Villanueva aclara en el mismo que, dada dicha composición, “Tenerife sería un buen lugar para experimentar con prototipos. Me gustaría que tanto la NASA o la ESA trabajaran en la Isla”, añade.

El proyecto de este joven tinerfeño ha merecido un pleno reconocimiento en el marco del máster en que se ideó, recibiendo la máxima calificación.

Repercusiones

Más allá de la buena nota, Villanueva es feliz con el resultado alcanzado con un proyecto que surge de cuatro premisas: arquitectura, terraformar Marte, biotecnología y las impresoras 3D. Tras exhibirlo en el Urban Design Hackaton de Londres y en la exhibición UTOPIA: Designing Futures, el arquitecto reconoce satisfecho el interés surgido por organizaciones como la NASA y la ESA o por personalidades como Enrico Dini, ingeniero de impresión 3D con hormigón y colaborador de Norman Foster en su proyecto en La Luna.

De momento, el futuro de Alberto Villanueva parece claro: “La Universidad de Ravensbourne me ha ofrecido la posibilidad de un año de investigación para continuar con el proyecto”.

Así resume el autor su proyecto

Comprobado que bajo la Hellas planitia, el mayor cráter de impacto de la superficie marciana, ya se sabe que hay agua congelada bajo de la superficie, Villanueva explica que la NASA ya cuenta con sistemas para enviar impresoras 3D al planeta rojo. “Obteniendo materiales del propio suelo del planeta se trata de construir una primera estructura esbelta metálica cuya misión será recoger la energía de los campos electromagnéticos generados en esas zonas para fundir el hielo y tener así un lago lleno de agua gracias a los cráteres”.
“La segunda fase -continúa Alberto Villanueva- será la de construir las torres que dispondrán de una mezcla con una resina epoxi (a modo de pegamento) y distintos tipos de hongos y bacterias. En este caso el fungus mycelium, ya testado por diferentes profesionales de la impresión 3D. El mycelium (que resiste condiciones extremas) se nutrirá del agua del lago para ir creciendo y tendrá la doble función de crecer orgánicamente y generar la torre y de convertir el alto contenido en CO2 del ambiente en oxígeno, lo que en dos meses conformará la pequeña capa atmosférica del planeta. Las condiciones del planeta comenzarán a cambiar, y después de unos dos años seremos capaces de respirar en la superficie marciana”.