soliloquio

El valor del miedo

Hace mucho tiempo que llevo dándole vueltas al asunto de la vida y la muerte con relación a un sentimiento que pulula por ambos estados: el miedo. Su uso como moneda de cambio se ha convertido en un fenómeno global que afecta según y cómo tiene valor la vida en cada uno de los mundos de este planeta. Si uno se levanta pensando en si tendrá un vaso de agua que echarse a la boca a lo largo del día, es completamente diferente a si uno abandona el lecho en que yace pensando en qué nadería comprara a lo largo del día para calmar el ansia de consumir con el gaznate bien fresco tras disfrutar del frescor del agua mineral, la del chorro no es adecuada, cada vez que apetece. Dos formas de vivir, con o sin él liquido elemento y su disfrute.

Dicho lo cual, hemos de reconocer que hoy en día en el planeta Tierra la desigualdad con la que vivimos es exponencialmente superior a las diferencias que nos separan, lo cual no disculpa ni da pie a la barbarie de toda clase de sonados que tan solo desean pasarnos por el arco de sus triunfos, por desgracia en el suyo los ovarios pintan solo para el abuso, con la sola finalidad de imponernos su locura. Les hablo de un mundo que no goza ni acepta al resto, el de unos tarados cavernarios sin capacidad para la vida, adoradores del dolor y de la muerte; viciosos del miedo en todas sus vertientes.

Nos quieren meter el miedo en el cuerpo a base de esta forma de guerra de guerrillas urbana con la sola finalidad de resquebrajar nuestro modelo de vida -convivencia- e imponer su absurda barbarie. Tal consciencia o inconsciencia o crueldad tan solo responde al deseo histórico de ver que imperio la tiene más grande, una codicia para la que da igual todo; matar, atentar, violar, humillar, abusar, destruir, y cualquiera cosa con tal de imponer.

¿Imponer qué? Su miserable existencia, una forma de intolerancia que destruye la cultura, el arte, la historia, la vida y la convivencia en la religión. Para evitar malos entendidos, basados en las películas de buenos y malos, una parte de occidente comete y ha cometido grandes injusticias, muchas de las cuales hemos de corregir si no queremos vivir bajo la espada que tuvo a Damocles en un sin vivir hasta que renunció a sus envidiosos deseos, un estado vital que se refiere a aquellas amenazas constantes que pueden sorprender inesperada y repentinamente a personas de bien con trágicos finales; una esclarecedora metáfora de los cavernícolas peligros y el precio que nos quieren hacer pagar una cuerda de descerebrados.

Como dijo Churchill: “A lo único que hay que tenerle miedo es al miedo”