superconfidencial

2016

1. No quiero recordar al 2015, el peor de mi vida. Cada vez que empieza un nuevo año intentamos hacer borrón y cuenta nueva del anterior. Algo que en mi caso no será posible. Mis amigos, los que me leen todos los días, no quieren que esté triste. Ni que haga augurios pesimistas sobre mi persona. Mis amigos quieren que yo sea feliz y que les haga felices a ellos. No tengo derecho a aportar tristeza a sus vidas y, además, corro el riesgo de quedarme sin lectores. El otro día, en el Sur, me di cuenta de que hay dos mundos dentro del pequeño mundo de la isla. El mundo de toda la vida, el mundo aburrido y pacato, el mundo soporífero y pueblerino de Santa Cruz y el Norte, y el mundo europeo, divertido, elegante, que es el mundo del sur, donde están los mejores hoteles, los mejores restaurantes, las mujeres más bellas y la gente más elegante. El Sur no ha sido descubierto del todo por los habitantes del otro lado de la Isla.

2. Teóricamente, 2016 será el año de mi muerte, como me pronosticó un adivino hace años: después de que cumpla 69 años, que es una edad estupenda para seguir viviendo. En realidad, eso da igual. Van cayendo como moscas los periodistas, ante la indiferencia general. Somos lo que somos mientras estamos vivos; después, ¿qué importa? Pero voy a seguir yendo al sur, mientras pueda, a deleitarme con un Tenerife distinto, pujante, ágil, lleno de vida, con una isla cosmopolita y económicamente activa, lo que contrasta con la otra media que ha tirado la toalla.

3. Como escribo tanto en tantos sitios, la verdad es que me han quedado pocas cosas que contar de la actualidad en estos últimos días del año. Estamos sin Gobierno en España, ¿y qué? Todo sigue igual con un Ejecutivo en funciones; los partidos haciendo aguas, dando una imagen de fractura insoportable. Ahora resulta que diez días después de haberse roto el bipartidismo todo el mundo lo echa de menos. Es imposible que este país tenga una memoria tan frágil y una voluntad tan quebradiza. Este país es una mierda.