tribuna

Los 90 años de Manuel Luis – Por Manuel Luis Ramos García*

En 1925, la ciudad de La Laguna estaba rodeada de zonas agrícolas, entre las que destacaba el Llano del Rodeo, situado entre El Ortigal, La Esperanza y Los Baldíos. Este lugar donde ahora se ubica el aeropuerto de Tenerife Norte era conocido como el granero de Tenerife, limitando al sur con los terrenos de Las Tahonillas, propiedad de don Víctor Núñez Fuentes, empresario y afamado sumiller.

La tarde del domingo 13 de diciembre, mi abuelo Manuel se acercó a la bodega de don Víctor, quien había organizado un encuentro con los amigos laguneros para darles a probar el orgullo de su bodega, un caldo de cepas italianas conocido como Lacrima Christi. Don Manuel tuvo que hacer noche en Las Tahonillas, pues los efectos de las consumiciones degustadas aconsejaban un descanso lejos de su domicilio, donde se encontraba mi abuela Anita rompiendo aguas. El día 14, cuando mi abuelo regresó al hogar conyugal, ya había nacido su primogénito, quien escuchó las campanas de la Catedral dando las 7 de la mañana en ausencia de su padre.

La adolescencia de mi padre, Manuel Luis Ramos, transcurrió entre los partidos de baloncesto del Juventud Laguna y los veranos en Punta Hidalgo. Allí conoció a mi madre, una chicharrera bellísima de la que se enamoró profundamente, a la que iba a ver a Bajamar caminando por las Barranqueras. Entre Las Furnias y El Roquete, en aquellos atardeceres punteros con olor a musgo y maresía, paseaban de la mano, haciendo crecer esa llama de amor con la que se gestaron seis hijos. Mi padre trabajó duro, ayudando a mi abuelo y a mis tíos en aquel negocio, Almacenes Ramos SL, que fue un referente de calidad y buen trato. Gracias a su entrega laboral pudimos tener las posibilidades de emprender el camino que cada uno eligió, guiados siempre por los consejos de Josefina y Manuel Luis, Madre y Padre con letras mayúsculas.

Las mejores veladas de nuestra infancia las vivimos en el cuarto del ping-pong, con aquellos encuentros en las tardes de verano, en las que Soco y Guisa preparaban algo de picar, mientras Fernando el Petate nos ganaba a todos por veintiuno a quince. Al llegar la noche, los mayores tomaban posesión del lugar para montar las películas que en ocho milímetros habían rodado para la productora Tomatoes Films, donde Elfidio Alonso, Quique el Peta, Luis Humberto y Adrián Alemán rivalizaban entre guiones y efectos especiales. Me impresionaba la facilidad con la que simulaban el ruido del mar, moviendo dentro de una pandereta unos perdigones, mientras colocaban el micrófono del magnetófono en la parte inferior del instrumento. Con ese sonido y la música de Los Guaracheros comenzaba la película La Esperanza, historia de un pescador rodada en Punta Hidalgo, entre San Mateo y El Arenisco.

Recuerdo que mi padre me llevaba a la carretera de La Esperanza a ver el aterrizaje de los aviones en la cabecera de la pista de Los Rodeos, cuando el Fokker de Iberia era pilotado por Vicente Ramos y Álvaro Tarife, mientras el coronel Torrens veía cómo su hijo Miguelo revoloteaba con la Piper-Cub sobre Guamasa. Horas y horas mirando al cielo, aprendiendo las lecciones que Pepe Miranda estaba dando a aquellos jóvenes aviadores que en los años setenta comenzamos a enamorarnos de las nubes que entraban desde Valle Guerra al Pulpito, cubriendo La Laguna de espesa niebla.

Gracias, padre, por tu generosidad y cariño, y que el Cristo de La Laguna nos permita seguir disfrutando de esa imagen de un gran hombre que día a día cuida a su esposa con un amor sin igual, mientras ella responde a las muestras de cariño con parpadeos de unos ojos que miran al infinito, sin poder recordar el ayer.

Solo tú, padre, sabes interpretar lo que quieren decir esas miradas perdidas de madre, dejándonos este texto que has elaborado recientemente y que copio y pego aquí, con el que te deseo un feliz cumpleaños, que celebrarás al lado de tu amor eterno, Josefina, esposa, madre y mujer que nos ha marcado a todos con imborrables recuerdos familiares.

A la nube donde estás me gustaría llegar,
sé que es una utopía pero lo voy a lograr.
Vivir con ilusiones es edificante… me ayuda a seguir viviendo
pensando en ti en cada instante.
Si volvemos a encontrarnos nada será igual,
estaremos en la nube de la felicidad,
y así poder continuar nuestro amor sin igual,
y no pensar en el futuro que ya no existirá. No habrá ni día ni noche, solamente un sol brillante
que nos acompañará para siempre,
ya que no habrá final sino amor,
eternamente.

Tu esposo Manuel Luis

*TU HIJO