reflexión

Adiós, 2015 – Por Juan Pedro Rivero

Decir adiós, a veces, cuesta mucho; pero otras veces no nos cuesta tanto. ¿Cuánto me cuesta despedirme de este año? Eso me preguntaba del año que hoy despedimos al son de las doce campanadas de reloj, atragantándonos -seguramente- con las uvas de esa noble tradición que augura éxito y fecundidad a los próximos doce meses que nos esperan. ¿Costará decirle adiós al año 2015? ¿Cuánto cariño seguimos sintiendo por él? ¿Cómo ha ido nuestra vida durante el pasado año?

Para algunos ha sido el año del inicio de la anhelada recuperación económica. Para otros ha sido el año de los recortes. Algunos lo pintaron con los colores de un cambio político o de una nueva transición. Para algunos ha sido el año de profundizar en las conquistas alcanzadas. Para otros fue la Cumbre de París sobre el cambio climático. Para otros París suena a terrible atentado yihadista. Creo que ha sido un año paradójico, un poco bipolar. Creo que como todos los años…

Tengo para mí que lo importante no está atrás, sino que lo mejor está aún por venir. Debe ser por eso de que siempre motiva más una promesa que un recuerdo. Además, en relación a los recuerdos, nuestra memoria es selectiva. Por eso, mirando el conjunto del año 2015, se despierta en mí la ilusión por el 2016. Será seguro distinto y, sin duda, nos acercará a lo mejor.

Por muchos motivos hemos de decirle adiós al 2015 vestidos de esperanza. Primero, porque por delante queda el Año de la Misericordia; segundo, porque la misericordia nos sitúa verdaderamente en el camino de la solidaridad; tercero, porque la solidaridad coloca el rostro ajeno ante nuestra cara y nos obliga a la comunión, a la socialidad. Y, por último, porque otros tendrán misericordia de nosotros y ganaremos entre todos un poquito de humildad. No hay mejor ciudad que la gobernada con humildad.
Adiós, 2015.

@juanpedrorivero