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Per Afán de Ribera

Tus cuantiosas donaciones fueron decisivas para la construcción de la iglesia y el mantenimiento del convento franciscano de Santa María de las Cuevas, convertido a finales del siglo XIV en la Cartuja de la Orden de San Bruno, que bautizó la isla fluvial que acogió la Exposición Universal de Sevilla en 1992. En vísperas del evento recorrí las amplias dependencias de culto y usos monásticos y conocí la azarosa historia de un inmueble que fue escenario de distintos episodios de la aventura colombina e, incluso, sepultura temporal del Almirante de la Mar Oceana. Los cartujos fueron expulsados por los invasores franceses a principios del siglo XIX y, tras la Guerra de la Independencia, abandonado y con graves daños, el edificio entró en el catálogo de los bienes religiosos desamortizados. En 1841, y fundada por el comerciante británico Carlos Pickman y el financiero sevillano Juan Pedro La Cave, se instaló una fábrica de cerámica y porcelana china, decorada al gusto inglés que, por su aceptación entre las clases pudientes, se convirtió en un próspero negocio. También descubrí la personalidad de los primeros patrocinadores del recinto, entre los que brilló Per Afán de Ribera (1420-1453), aristócrata de la Casa de Alcalá y III Adelantado de Andalucía que, en su breve existencia, tuvo dos matrimonios y cuatro hijas, y sumó a sus títulos los señoríos de Coronil, Espera, Las Aguzaderas, Alcalá de los Gazules, Cañete y Los Molares. En la Capilla del Capítulo, y en un sepulcro marmóreo, reposa el caballero que, en el pueblecito gaditano de Bornos, primera concesión real y, sobre una antigua fortaleza árabe, edificó un espléndido palacio renacentista, con traza y dirección del arquitecto Benvenuto Tortello, que ha sido noticia por una imaginativa campaña de rescate en la que participaron los ocho mil residentes del municipio. Dentro de la restauración integral, reviste especial urgencia, la magnífica logia que sirvió como galería al aire libre para las esculturas y artes suntuarias que Per Afán trajo de Italia, donde ejerció como virrey de Nápoles. Para lograr los fondos y completar una subvención otorgada por Fomento, los vecinos acudieron al crowdfunding -o micromecenazgo-, una alternativa de financiación muy practicada en Europa, que se vale de las nuevas tecnologías y permite que la sociedad civil acometa proyectos de interés general sin tener que esperar por las decisiones de las instituciones en momentos en los que la cultura y el patrimonio, lamentablemente, no figuran entre sus prioridades. Por este medio, Bornos salvó su mejor edificio civil, orgullo propio y de Andalucía.