opinión

Once años sin Javier – Por José Antonio Pérez

Once años desde que, aquel 13 de diciembre de 2004, el destino se llevara para siempre a José Javier Pérez y Pérez. Once años mirando hacia atrás y recordando al que, sin duda, fue el mejor presidente de la historia del CD Tenerife, el hombre capaz de hacernos soñar con imposibles y construir en su mente situaciones que a nadie se le pasaban por la cabeza hasta que pudieron vivirlas.

Javier brilló con luz propia en la década de los noventa, la década prodigiosa del CD Tenerife, tras atravesar un desierto a finales de los ochenta, el periodo en que decidió dar el paso y hacerse cargo de una nave a la deriva. Junto a un grupo de entusiastas quiso poner fin a años de tristeza y decidió dar un giro a la historia. En poco tiempo tomó las riendas y, con una indisimulable ambición, se empeñó en poner al Club en la Primera División. Se lo propuso, lo dio a conocer, lo planificó y lo logró en solamente tres años para dejar a todos los malos agoreros con tres palmos de narices. Aquella década en la primera división que tanto costó mantener porque se inició con dos promociones, una para ascender y otra para evitar el descenso, resulta inolvidable y hasta emocionante recordarla. De un Club por el que nadie apostaba, a una entidad que se transformó profundamente.

Años disfrutando del mejor fútbol. De luchar por no descender a aspirar a jugar la Copa UEFA cuya clasificación se logró en dos ocasiones, en una de ellas llegando a las mismísimas semifinales y rozando la final de la que fuimos descabalgados en una prórroga. Igual en Copa del Rey, donde se disputaron unas semifinales sin premio. Javier quería que el CD Tenerife fuera protagonista y ofrecer a su afición algún título antes de abandonar el Club. Fue su aspiración y su lucha, temporada tras temporada.

En paralelo a los éxitos deportivos, las iniciativas de carácter social fueron calando y convirtiendo al Club en un referente en Canarias y en el resto de España. Sería injusto que no se le recordara y que no se convenga en que aquel fue un tiempo que nos hizo felices. Una etapa maravillosa, con sus alegrías y tristezas, pero con la sensación de grandeza que otorgaba el status de militar en la primera división, la Liga más importante del mundo.

Aquella era la nave de Javier que deseaba tocar el cielo para viajar hasta el infinito. Con él hubo mucha gente trabajadora, indispensable, pero con Javier al frente como gran hacedor. Cuando la nave casi tocaba el cielo, sufrió una avería propia de los vaivenes del fútbol y llegó el declive, pero esa decadencia que no solamente vivió nuestro Club sino otros muchos en España, Europa y el mundo, no puede enturbiar lo vivido.

Las injusticias de esta sociedad hicieron que Javier saliera por la puerta de atrás sin merecerlo, y que, aún en vida, se encontrara con una sorprendente querella del Consejo de Administración que le sucedió por indicios de delitos contables, si bien el caso quedó sobreseído ante la falta de pruebas, para que luego los propios demandantes retiraron los cargos cuando Javier falleció.

Se marchó con la noticia de una querella y ahora se le rinde, por fin, el merecido tributo a título póstumo. Los contrastes de cada cual. Ahora que asistimos a este homenaje por el empeño del actual presidente, Miguel Concepción, creo que nunca es tarde aunque me produce tristeza que no lo pueda vivir como merecía.

Javier ha sido, es y será, mientras no haya quien le supere, el mejor presidente de la historia del CD Tenerife. Fue un honor estar a su lado en aquellos maravillosos años.