tribuna

Candidata proa al marisco – Por Cancio Hernández-Tizón

Si los nacionalistas canarios no estamos en Madrid, Canarias no existe”, afirma el principal lema de campaña de la candidata de Coalición Canaria al Congreso de los Diputados por Santa Cruz de Tenerife. Vale como eslogan (fórmula breve y original, utilizada para publicidad, propaganda política, según la RAE). La pregunta es si tras ese mensaje propagandístico hay algo de contenido. Canarias es, necesita y merece mucho más que un simple mensaje electoralista. Es, sin duda, una región con especificidades propias que la diferencian y singularizan, en buena medida dadas por sus condicionantes geográficos y naturales. Singularidades que precisan soluciones específicas. Y para ello Canarias, más que ninguna otra región, debe contar con una representación de diputados y senadores en las Cortes Generales que defiendan sus intereses.

Lamentablemente para Canarias y para el aparato propagandístico de la candidata, no se trata de una simple cuestión de estar. Se trata de estar, tener capacidad de hacer, y verdaderamente hacerlo. Se trata, en otras palabras, de ser necesarios y de hacer uso de esa posición privilegiada. La última legislatura ha sido un claro ejemplo de lo insignificante que resulta que alguien esté en Madrid, cuando su presencia queda difuminada en la amalgama del Grupo Mixto y resulta innecesaria para la gobernabilidad. Más irrelevante aun cuando esa presencia unipersonal, cuasi espectral, no es sino una pura plataforma de autopromoción del espectro en cuestión. Es innecesario recordar los sonrojantes bailes de salón entre la candidata y el ministro del petróleo encaminados a un pacto regional que sólo evitó el estrepitoso fracaso de los protegidos de ambos en las elecciones regionales de hace unos meses. La insignificante aportación de la representante de Coalición Canaria en las Cortes Generales en la última legislatura, junto con el empuje de la Nueva Política frente a la quintaesencia de la vieja política representada por la candidata, condenan a su partido al abismo. Resultan particularmente esclarecedoras las recientes declaraciones del presidente del Gobierno de Canarias, anticipando el algodón a la herida: “Esperamos mantener el resultado de hace cuatro años y si lo mejorásemos un poco sería más que aceptable”. Quien sale a empatar, pierde. No cabe otra alternativa que la derrota. Y el fracaso a la hora de configurar una única candidatura nacionalista impide cualquier salida airosa.

De cumplirse las pobres previsiones que el presidente del Gobierno considera “más que aceptables”, Coalición Canaria obtendría un único representante en el Congreso. Uno sobre trescientos cincuenta. Una nimiedad absoluta. Apostar por ese resultado equivale a desperdiciar el voto ciudadano, precipitándolo al mismo agujero negro al que los actuales dirigentes de Coalición Canaria han decidido arrojar a su partido.