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Las CUP y los 1.515 votos

1. No sé por qué en Cataluña se dice “las CUP” y no “la CUP”, cuando las siglas corresponden a Candidatura de Unidad Popular. Pero a mí eso me da igual. Lo que yo no me creo, por mucho que me lo certifiquen estos mandarrias, es que se haya producido, en una votación, un empate a 1.515 votos. Eso es imposible. Ahí hubo amaño, seguro, para dilatar el proceso de elección de presidente de la Generalidad al capitalista Mas y que fuera la dirección de las CUP quien interpretara el sentir asambleario, sin abrir demasiadas heridas. ¿Cómo se puede producir un empate a 1.515 votos? ¿A quién se lo van a hacer creer? A mí no, desde luego. Los de las CUP son radicales de izquierdas, independentistas, republicanos, anticapitalistas, quieren nacionalizar la banca, están en contra de la Unión Europea y de la OTAN. ¿Y apoyan a Mas? ¿Pero es que los catalanes se han vuelto locos permitiendo este desmán? ¿Se van a dejar gobernar por un puñado de desarrapados sin cabeza que abocan al caos a su propia tierra? ¿Por qué los empresarios catalanes no han reaccionado antes? ¿Sabe la burguesía catalana lo que le espera en los próximos años si estos tipejos meten la zarpa en las instituciones?

2. Un empate a 1.515 votos en una asamblea de más de 3.000 personas es igual o más improbable que te toque el Gordo de Navidad. No es posible, yo no me lo creo. Analicen ustedes ese resultado imposible y se darán cabezazos contra una puerta. No puede ser, matemáticamente sería una casualidad entre millones y millones. O sea, que aquí hubo algo raro porque, además, estos tipos están especializados en el truco y en la jarana, en la agitación y en la trampa. Estos asamblearios actúan así, a las bravas. Yo no me lo creo. Y yo creo que Artur Mas, que ha perdido por completo la dignidad personal y política en este lance, tampoco se lo cree.

3. Yo me he vuelto muy incrédulo con la política y los políticos, lo reconozco, pero aquí hubo más gato encerrado que en el Consejo Político de CC que le quitó la plaza a Paulino para dársela a Fernando. Y eso que en las CUP no hay tramposos venezolanos que pasan antes por determinado piso de Madrid para coger resuello y el maletín con la pasta de dientes.