TRIBUNA

Demasiado tarde

Parece que la sostenibilidad medioambiental ha pasado ya a ese temido segundo plano que muchas organizaciones ecologistas temían cuando, no hace más de 25 años, la preocupación por el cuidado del Planeta comenzó a aparecer en las campañas publicitarias de empresas y anunciantes. Me explico: la repetición de un mensaje pseudoecologista por firmas mastodónticas, de manera interesada, hizo que a la larga se produjera el efecto aquel de orquestación de la propaganda atribuido a Joseph Goebbels. El estadista alemán contempló hace ya más de medio siglo que si repetimos un mensaje de manera incansable y desde diferentes perspectivas, ese recado, aunque no sea verdadero, pasará tarde o temprano a la opinión pública como tal. Vaya que si se ha corroborado la validez del axioma goebbeliano. Prueba de ello los recientes sucesos acaecidos en la marca Volkswagen. La cortina de humo se orquestó en función de unas campañas publicitarias vertiginosas en las que se anunciaba cierta tecnología “sostenible” que luego se evidenció no sólo que era falsa, sino que incluso aquellos vehículos dotados de la misma eran hasta más contaminantes que los que no la llevaban. El mundo se conmovió por la mentira, pero resulta que a los ciudadanos globales nos ha escocido mucho más el engaño a nuestros bolsillos, la falsedad en el bien de consumo, y lo difícil de acceder a unas contraprestaciones personales por el timo, que el daño medioambiental producido durante todo este tiempo a nuestro Planeta. Ese ligero aspecto del entuerto alemán ha pasado casi desapercibido y de nuevo los intereses “humanos” han primado sobre cualquier otra responsabilidad de la marca con la sostenibilidad medioambiental mundial. En las sociedades occidentales, estas en las que vivimos -ustedes que ahora leen este artículo y quien lo ha escrito- la preocupación “general” por lo que nos rodea se limita a un par de horas tras recibir un mensaje alarmante sobre contaminación, derroche o atentado verde. Aquello de “piensa global, actúa local” cada vez es más, y de manera alarmante, un “piensa local, pero no actúes que no valdrá la pena”. Ejemplos, muchos y muy variados: los métodos de reciclaje en España dejan mucho que desear y están en manos de gestores que se preocupan más por determinados intereses que por ampliar la vida de los vertederos y reutilizar y reciclar materiales; los que contemplan los procesos de retirada de materiales peligrosos o simplemente de análisis sanitario de las infraestructuras no atienden a usar una metodología cabal y no calculan el derroche y la sostenibilidad de sus acciones, escudándose en normativas casi dogmáticas y por encima de cualquier sentido común; o los nuevos políticos son capaces de gravar con impuestos desorbitados el uso de las energías renovables generadas por el propio Sol. En época de crisis, o en época de recuperación, hablar de estas cuestiones parece frívolo, parece innecesario, parece hasta banal. Y este es otro axioma utilizado sin tacha por quien prefiere lucrarse que mejorar y mantener la calidad de vida en este Planeta, el de la demagogia, que no se basa en otra cosa que aludir a aquellas cuestiones sociales para quitar importancia a otras, en este caso medioambientales. Sigamos dejando para mañana el momento de actuar contra la degradación progresiva de este lugar llamado Tierra, porque estamos en esa crisis económica, porque aún no pasa nada. Me temo que pese a todo, mañana no será tarde, será demasiado tarde.

*PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD EUROPEA DE CANARIAS