Apuntes de patafísica

Desconcierto

Todos lo sabíamos. Tertulianos, opinólogos, politólogos, analistas, columnistas, expertos, funcionarios, autónomos, empresarios, currantes, parados, apolíticos, militantes y afines aseguran que lo del domingo se veía venir. El fin del bipartidismo, se apresuraron a subrayar los más avispados la misma noche electoral, lo habían anunciado con semanas, incluso meses de antelación, pues buena parte de la ciudadanía demandaba un cambio y para ello había fijado su mirada en las formaciones emergentes. Y sin embargo, ¿por qué se nos ha quedado esta cara (de sorpresa, perplejidad, desconsuelo, ilusión…)? ¿Por qué la mayoría de líderes políticos salieron a celebrar sus resultados como siempre, pero uno tiene la sensación de que esa noche hubo más perdedores que nunca?

Entre tanto despiste, escuchamos, poco más o menos, que ante la italianización de la política española, de entrada hemos de descartar una gran coalición a la alemana entre PP y PSOE. Pero también se habla mucho de alianzas, pactos, acuerdos y abstenciones; y quienes han vuelto a ganar, pero no tanto, apelan ahora a la responsabilidad de aquellos con los que solo unos días antes mantuvieron los más agrios desencuentros. Otra de las ideas fuerza del discurso es la de propiciar que no puedan los antisistema de Podemos -con más de cinco millones de votantes, por cierto- y buscar la manera de arrinconarlos y minimizar su impacto.

En fin. Da la sensación de que muchos se sienten defraudados con el escrutinio de las urnas. Y ahora, una vez más, aventuran toda suerte de males para España. Sin embargo, más allá o más acá de la incertidumbre y del miedo, que sin duda es tan lícito como la esperanza, lo cierto es que muchos ciudadanos han creído que las cosas deben cambiar, que la conversación política puede ceñirse a dos, pero también abrirse a tres, a cuatro o incluso a más interlocutores. Y es cierto, nada garantiza que todo vaya a salir bien, pero al menos este momento exige de nuestros representantes más diálogo y menos soberbia, más autocrítica y capacidad de negociación. Cierta grandeza y mucha generosidad.