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Elena Lecuona: “En la fealdad hay belleza”

ELENA LECUONA
La artista se formó en Madrid con la inspiración del Museo del Prado. / SERGIO MÉNDEZ

Por Benjamín Reyes

El periplo vital de Elena Lecuona (Santa Cruz de Tenerife, 1944) le llevó vivir su infancia y juventud en Madrid, donde su imaginación empezó a excitarse gracias a las visitas al Museo del Prado en compañía de su padre. Uno de los rasgos personales que concita más la atención de la creadora tinerfeña es que cierra los ojos constantemente, probablemente para estar más cerca del mundo onírico que plasma en sus fantasiosas y coloristas creaciones. Recientemente sus personales creaciones se han exhibido en la galería Crisolart de Nueva York y en la Feria Internacional de Padua, en Italia. Incluso el papa Juan Pablo II quedó prendado de un retrato que el Vaticano le encargó en los 90.

-En su familia existen antecedentes artísticos. ¿De casta le viene al galgo?

“Por parte de la familia de mi madre hay muchos artistas, aunque pocos se dedicaron profesionalmente al mundo de la creación. Mi abuelo fue arquitecto y mi madre diseñó la casa donde vivimos. Ernesto Lecuona era un fantástico compositor. Mi tío Ramón Monteverde llegó a exponer en la Península, pero después dejó de mostrar su obra al público. Por parte de mi padre, tuve un tío poeta, Alberto Lecuona”.

-De pequeña quería pintar como Goya. ¿Ahora pinta como Elena Lecuona?

“Siempre le agradeceré a mi padre que cuando tenía 12 años me llevara todos los domingos al Museo del Prado. Vi tanta pintura que me emocionaba y Goya era uno de ellos. Ahora he conseguido un estilo muy personal en el que prima la fantasía y la imaginación. Cuando creo busco las formas en mi interior”.

-Nació en Canarias aunque pronto partió rumbo a Madrid, donde estudió Bellas Artes. ¿El arte se debe de estudiar?

“Es necesario tener una base para luego desarrollar tu propio estilo. Mi pintura al principio era figurativa, luego empecé a deformar las formas a mi manera. Si Picasso no hubiera pintado sus cuadros académicos de sus inicios, donde demostró sólidos conocimientos de anatomía, no hubiera luego deformado las imágenes como lo hizo”.

-Sus primeras exposiciones datan de finales de los 60. ¿Qué queda de aquella joven pintora?

“Las ganas de seguir creando. Mi pintura ha ido evolucionando, he ido rompiendo constantemente la estética de mis obras anteriores. Por ejemplo, pinté tantos cuadros craquelados con esmalte que me harté y decidí empezar con una pintura de gran formato y plana, en la que predominaba la estética macabra y los personajes deformes. Luego me reconcilie con la figuración”.

ELENA LECUONA
Elena Lecuona posa para DIARIO DE AVISOS. / SERGIO MÉNDEZ

-¿Tuvo algún tipo de impedimento para dedicarse al arte?

“Ninguno. Mis padres no pusieron ninguna traba. No obstante, a mi padre no le gustaba mi pintura ya que él era amante del arte clásico. Cada vez que venía alguien interesado en mis cuadros los desprestigiaba”.

-En 1969 la encontramos exponiendo en la sala Azur de Madrid y en el Ateneo de La Laguna. ¿Percibió diferencias en la percepción de su obra dentro y fuera de las Islas?

“Ninguna. Artistas canarios como Millares o César Manrique desarrollaron su arte abstracto en esa época. En mi caso particular indago en las profundidades de mi espíritu. He desarrollado mi obra indistintamente del lugar en el que he vivido”.

-Se ha escrito que en su primera etapa se rastrea cierta influencia de Juan Barjola por sus personajes feístas. ¿Está de acuerdo?

“Sí. En esta etapa me sumergí en la creación de figuras que atormentaba de una forma terrorífica. En la fealdad hay belleza. Eso sí, lo feo por lo feo carece de sentido ya que la armonía del color y la forma te debe de satisfacer. Las formas que persigo pertenecen al mundo onírico, en el que todo tiene cabida”.

-A principios de los 70 tuvo ocasión de colaborar con la galería 20th Century Art de Los Ángeles…

“Trabajé en un taller en Madrid en el que pintábamos paisajes de fantasía, que se vendían mucho en Estados Unidos. Fue una colaboración que se prolongó durante tres o cuatro años. Amigos que frecuentaban los círculos de Hollywood por aquel entonces me comunicaron que llegaron a ver obras firmadas por mí en casas de algunos actores de cine. En una ocasión, ojeando una revista del corazón pude comprobar que Charles Bronson tenía dos paisajes míos en su casa”.

-Hacia 1980 se adentra en un mundo plagado de símbolos que hunde sus raíces en el Renacimiento italiano…

“Creo que con el Renacimiento italiano se descubrió la grandeza interior del hombre. Esa expresividad que tenían los personajes de Piero della Francesca, Ghirlandaio o Cimabue me han influenciado bastante. He pintado mis personajes dentro de la figuración, pero luego otras parte del cuadro se caracterizan por la abstracción”.

-En 1996 es artífice del cartel del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. ¿Trabajo crematístico?

“Fue una obra de encargo. El alcalde de aquel momento, Miguel Zerolo, comentó: ‘Este cartel no va a traer polémica’. En realidad ese cartel estaba más relacionado con el Carnaval de Venecia”.

-¿A qué obedece que sus formas humanas sean quiméricas?

“Son figuras que rodeo de mucha fantasía. En realidad no son retratos sino que el personaje está involucrado en una parafernalia barroca. No obstante, también he pintado muchos retratos de encargo, que es lo que más se vende. Por ejemplo, en 1992 el Vaticano me encargó un retrato de Juan Pablo II, que le chifló, de tal manera que sustituyó el que tenía en su gabinete por el mío porque decía que se veía reflejado en él”.

-Cuando miro sus retratos, irremisiblemente pienso en Arcimboldo. ¿Ando descaminado?

“Siempre me lo han dicho. Puede ser que las formas que introduzco en los trajes puedan recordar a este pintor italiano. Me apasiona la forma y el color. Cuando estoy trabajando los volúmenes no sé si estoy pintando plátanos, manzanas o un revoltillo de tela. Hay mucho abigarramiento en mi pintura. Siempre he sido muy barroca, aunque ahora me estoy simplificando”.

ELENA LECUONA
Elena Lecuona posa para DIARIO DE AVISOS. / SERGIO MÉNDEZ

-¿Por qué sus creaciones se caracterizan por un exuberante color?

“El color me sugiere fuerza. Instintivamente me voy al color. He estado muchos años pintando con colores fuertes. Aunque últimamente me estoy liberando de la fuerza del color y ofrezco obras más simplificadas donde predominan los colores pálidos. Hay que evolucionar y cambiar”.

-En 2001 presenta su serie Raíces, una serie limitada de 50 ejemplares de cinco láminas litografiadas.

“Las formas barrocas de las raíces tienen que ver bastante con mi pintura. Cuando veo un tronco de árbol retorcido me quedo absorta y me recreo en su extraordinaria belleza estética”.

-¿Por qué la mujer se erige en protagonista en su muestra Visiones de la realidad (2002)?

“Porque me atrae más la estética femenina a la hora de abordar un retrato en el que predomina el colorido”.

-En la colectiva Islas, que se pudo ver en 2002 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid expuso una naturaleza. ¿Por qué ha suprimido el calificativo de muertas a sus naturalezas?

“Porque naturaleza muerta es otro tipo de pintura. En los siglos XVII y XVIII se pintaban animales inertes. Nada tiene que ver con lo que se hace en el siglo XXI. Las naturalezas vivas que hago son un poco surrealistas, caracterizadas por el simbolismo onírico, presentan formas muy extrañas e inconcretas”.

-Dos años más tarde participa en una singular colectiva protagonizada por orcas. ¿Esta muestra buscaba el impacto social?

“Esta muestra pretendía concitar la atención del espectador que caminaba por la calle. El arte tiene que llegar a todo el mundo. Las orcas se exhibieron en varios aeropuertos y la gente se paraba a mirarlas. Esas orcas han llegado hasta San Petersburgo, en Rusia. Es muy importante llevar el arte a la calle”.

-¿Qué le ha dado el arte y que le ha quitado?

“El arte me ha enriquecido espiritualmente. El arte es la forma de expresión más libre que tenemos los humanos. Realmente no me ha quitado nada. He estado temporadas sin pintar y no pasa nada por eso”.

-Sus obras se pueden ver en la Galería de Arte Contemporáneo del Vaticano, en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, en la Fundación Joan Miró. ¿Se siente reconocida a escala internacional?

“A pesar de que no he hecho grandes esfuerzos por dar a conocer mi obra en el exterior, esta se conoce en determinados círculos artísticos. Recientemente mi obra se ha podido ver en Barcelona y Nueva York a través de la galería Crisolart, así como en la feria internacional de Padua en Italia”.