EL CHARCO HONDO

Enterado

En la última nochebuena ya había quedado claro que el recién estrenado novio de la prima de su mujer es lo que antropológicamente se considera un enterado de la vela. No hay escritor que no haya leído, espectáculo al que no haya ido o evento en el que no haya estado, restaurante que no haya probado, ciudad que desconozca o jugador de fútbol o baloncesto del que ignore su biografía completa. Presentadas su credenciales hace ahora un año, el jueves, en la cena de nochebuena, el novio de la prima de su mujer compareció ante el resto de la familia (él no habla, él comparece) para jurar por Cristiano Ronaldo que sabía cómo iba a quedar el Congreso de los Diputados tras las elecciones. Estaba claro que el PP no pasaría de los 123 escaños -sentenció- y que Podemos tendría veintiún diputados menos que los socialistas, estaba cantado. Un crack, el tipo. Cualquier cuñado a su lado parece introvertido. Con todo, si creyeron que no podría superar lo de la penúltima nochebuena se equivocaron; lo peor estaba por llegar. No conforme con explicar académicamente a su inminente -y sufrida- suegra cómo la inminente -y sufrida- suegra había hecho la pata de cerdo deshuesada (sí, él se lo explicó a ella, que se pasó el día pendiente del horno), cuando sin que alguien lo pidiera se puso a servir en los platos la pata de cerdo. Para apuntalar su protagonismo, fue explicando el criterio del reparto, que básicamente consistió en un cálculo proporcional a partir del cual partió la carne en diferentes cantidades, distribuyéndola en función de la representatividad de los comensales, favoreciendo a los de más edad, que pudieron repetir, y en consecuencia perjudicando a los jóvenes o a quienes estaban sentados en el lado izquierdo. Sorprendido, uno de los agraviados por el reparto le preguntó qué demonios estaba haciendo, a lo que el novio de la prima de su mujer le respondió sin pestañear. Está claro, pontificó, he repartido la carne según el sistema D’Hondt.