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El hedor que trajeron los pollos

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Viven con las ventanas herméticamente cerradas, enjaulados en su propia casa. Los vecinos de Pino Alto y la Tosquita, en Santa Úrsula sufren desde hace más de tres años un hedor muy fuerte e insoportable proveniente de una granja avícola, que les impide abrir las ventanas de sus viviendas, en algunos casos selladas con cintas, y sobrellevar el día a día con normalidad. No pueden tender la ropa, invitar a familiares y amigos, u organizar reuniones, porque respiran virus y bacterias continuamente. “Es un foco de infección continuo”, apuntaron ayer varios de los afectados a este periódico.

El problema no es nuevo, permanece desde hace varios años, y por eso están hartos. Cansados de que el Gobierno municipal no haya tomado hasta ahora cartas en el asunto, un grupo de vecinos se concentró ayer con pancartas en la puerta del Ayuntamiento para que todo el pueblo de Santa Úrsula conozca la “insostenible” situación en la que viven y su lucha.

Lo más grave es que repercute en la salud de los niños que acuden al CEIP La Corujera, ubicado a unos 250 metros, que muchas veces no pueden desayunar y cuando lo hacen, “vomitan en el camino”, manifestaron los presentes. La AMPA del colegio trasladó, sin éxito, su malestar al anterior Ejecutivo (PP-PSOE), “pero no hizo nada”.
Los perjudicados aseguraron que en 2012 presentaron varios escritos en el registro de entrada del Consistorio, en los que exponían su situación, los informes recabados, y las 600 firmas de rechazo recogidas. Sin embargo, “han hecho oídos necios durante todo este tiempo. Es más, se paralizaron los expedientes y el dueño sigue haciendo de las suyas”, apuntaron.

Los vecinos explicaron que en el lugar siempre se explotó una granja avícola, de la que no tienen quejas. Pero desde hace unos años, su responsable cambió la actividad “sin contar con la correspondiente licencia de apertura ya que la que tiene es para gallinas de corral y no para criar pollos de engorde, que es a lo que se dedica actualmente”.

Los informes que se extraviaron, según les trasladaron en el Ayuntamiento, eran “muy importantes” porque certificaban que las viñas de la zona estaban abandonadas debido a que el polvillo afecta a la cosecha.

Expedientes abiertos

Según los vecinos, el responsable “tiene dos expedientes abiertos por el mal olor” y como el día a día “se ha vuelto insostenible” también han pedido informes a la Policía Local con resultados contrarios a lo que esperaban, ya que “cuanto más se le reclama desde el Ayuntamiento, más adrede lo hace”.

Los damnificados han colgado desde hace tiempo pancartas en las viviendas para trasladar al resto de la población su malestar e indignación. Consultados acerca de si han hablado con el dueño de la granja, contestaron que “es imposible” porque incluso “los ha amenazado a varios de ellos”. Las familias perjudicadas por los olores quisieron dejar claro que no piden el cierre de la granja sino que se pare una actividad que perjudica a los vecinos, sobre todo a los más indefensos, que son los niños, cuyo estado de salud se complica si sufren asma y problemas de alergias.

“Mientras se adoptan soluciones técnicas para evitar que el olor nauseabundo llegue al exterior, y se cumplen los requisitos, pedimos que vuelva a criar gallinas de huevo ponedoras, que es para la que tiene licencia, y no pollos de engorde”, reclamaron los vecinos al propietario.

En este sentido, explicaron que la diferencia entre ambos tipos de aves reside en que las primeras “se limpian todos los días o cada dos días, pero los 50.000 pollos están en el suelo sin limpiarse y cuando se encienden las turbinas para bajar el calor de la granja, apesta”. Hasta tal punto “que se siente desde la carretera de abajo”, añadieron.

“El Ayuntamiento hace todo lo posible”

El alcalde de Santa Úrsula, Juan Acosta, certificó el “olor intenso y fuerte” que sienten los vecinos de la Tosquita y Pino Alto, aunque no se atrevió a decir que pueda tener consecuencias para la salud. Recordó que este problema no es nuevo sino que lleva más de tres años en los que no se ha hecho “absolutamente nada” y por eso, desde que los habitantes de ambos barrios le expusieron su situación, el Gobierno municipal se ha puesto manos a la obra y ha comenzado a recabar los informes técnicos de las administraciones correspondientes, Gobierno de Canarias y Cabildo de Tenerife. El objetivo, señaló el regidor, es demostrar de dónde provienen los malos olores para poder tomar una determinación. “Los vecinos no pretenden que se cese la actividad sino que terminen los malos olores y para eso es importante saber de dónde vienen”, apuntó. Ambas partes mantuvieron ayer una reunión en el Consistorio y el alcalde quedó en hablar nuevamente con ellos cuando tuviera los datos solicitados para trasladarles toda la información. Respecto a la pérdida de los informes, manifestó que esta denuncia no le consta. “Si lo hicieron por registro de entrada tienen que estar”, insistió Juan Acosta.