superconfidencial

La inspiración

1. En los últimos días sufro de falta de inspiración. Como ya me importa casi todo un comino, digo que no encuentro argumentos para entretenerles a ustedes. Ya ni siquiera sueño, o al menos eso creo, así que tampoco puedo contarles mis pesadillas. Ahora paso mucho rato mirando al mar y el mar estaba echado en los días últimos, tan echado que no parecía el mar de Tenerife sino el mar de Saint Tropez. No es normal esto en diciembre, tanta calma, así que yo también he procurado calmarme, como el mar, y no alterarme por lo que ocurre a mi alrededor. Por las mañanas me doy un paseo y me recuerdan el pasado los barrenderos juntando la basura con las hojas de palmeras. Las trenzadas y amarillas eran para el Domingo de Ramos; las verdes para la calle. Esta profesión tiene una ventaja y es que tú paras cuando quieres; dependes de ti mismo. Escribo mucho y leo con verdadera obsesión de acabar pronto. Me piden artículos de aquí y de allá e incluso los traducen a otros idiomas. El otro día me enviaron de Suecia una nueva versión de mi Domador de moscas, aquellas aventuras de Federico Canteiro, que pasó del Coño de la Bernarda de Sevilla a domar moscas en Time Square. Un artículo traducido al sueco por Helena Somervalli.

2. Ya les hablé de eso en alguna ocasión. Federico Canteiro domaba moscas en un bar de Sevilla. Años más tarde me lo encontré con sus moscas en Time Square, Nueva York, vestido con un esmoquin rojo y un sombrero de copa lleno de dólares. Supongo que seguirá haciendo las Américas, mucho más productivas que sus silenciosas actuaciones en el kiosco Oliva, de Sevilla, al que todo el mundo llamaba el Coño de la Bernarda.

3. Aquellos sí que eran días felices, cuando yo le pagaba los bocadillos a Federico con mi dinero de estudiante. En los 60 había muchos saltimbanquis sueltos por España que hacían cosas muy raras. Un día me encontré en un tren un tipo que llevaba en brazos una gallina que él aseguraba que hablaba. Era un ventrílocuo y engañaba a la gente para sacarle el dinero. Ya no, ahora los que están son los greñúos de Podemos y algunos señoritos. Bueno, ya he escrito el puto folio.