la entrevista del domingo

“Javier Pérez solo sabía pensar en grande”

Javier Pérez contó una vez que había engañado a los miembros de su junta directiva, reacios a contratar a Jorge Valdano porque era un novato. “¿Sabes? Lo fichó el Cádiz”, les fue diciendo uno a uno por teléfono. ¡Lástima! Lo debimos fichar nosotros”, se lamentaban picando el anzuelo. Y así, cuando Pérez les comunicó, finalmente, que lo había conseguido traer, a todos les pareció una noticia formidable.

Ahora, en el homenaje que el club que preside Miguel Concepción brindó esta semana a su histórico expresidente, Valdano lo recordó como modelo de liderazgo, que es el objeto de sus libros y de las conferencias que imparte por el mundo tras la experiencia como futbolista y entrenador del Tenerife y el Madrid, de estos dos equipos en particular.

En la terraza del Mencey, donde realizamos la entrevista en el mes en que se cumplen 11 años de la muerte del presidente que le dio la alternativa en el banquillo, Valdano sigue siendo Valdano a los 60 años. Tiene el aire y el aura que tenía entonces. Y sonríe como si no tuviera heridas de guerra. Es un superviviente feliz que se sobrepuso a un accidente aéreo y a algunos contratiempos de salud, alguien que se crece en esos trances, sin duda. Tiene también el mismo porte, el metro ochenta y ocho de estatura y la planta de alguien que se cuida en el gimnasio. Cuando habla de Javier Pérez, entonces, se le ilumina la cara y se quita de encima, de golpe, 23 años.

-La admiración y el afecto que te profesaba Javier Pérez eran enormes.

“Sí, lo resume muy bien lo que me dijo al final, cuando ya me iba al Real Madrid tras mi etapa en el Tenerife: me ofreció un contrato vitalicio, una idea completamente reñida con estos tiempos.Él tenía una gran ventaja y es que solo sabía pensar en grande. Se sentía presidente del Real Madrid, no del Tenerife. Miraba de igual a igual a los grandes, quería un lugar entre la aristocracia del fútbol español. Discutía los derechos de televisión y terminaba sacando contratos insospechados. Esos personajes un punto mesiánicos terminan conquistando territorios impensados. Y, de hecho, llevó al Tenerife hasta donde había soñado. Bueno, un escalón menos. Yo creo que Javier soñaba con pelear el campeonato”.

-Jorge, ¿qué estás haciendo ahora? Lo último que supimos de ti fue tu libro Los 11 poderes del líder y tu labor de comentarista. ¿Qué hubo del empresario?

“Yo soy bastante disperso, como sabes, es algo inherente a mi personalidad. Me gusta hacer muchas cosas. Viajo mucho. Colaboro en medios de España y América en prensa, radio y televisión, tengo una empresa consultora que vende a gobiernos planes estratégicos deportivos, y otra de recursos humanos, que asocia deporte y management, como hice antes en Make a Team. Luego me entretengo escribiendo un libro de vez en cuando”.

Foto Andrés Gutiérrez
Foto Andrés Gutiérrez

-Una vez me dijiste que España era un laboratorio deportivo para exportar.

“Exacto. España tiene mucho que enseñar en materia deportiva, en alta competición, en deporte escolar, en preparación de monitores, y hay países que están reclamando información y formación a este respecto. En México llevo un plan estratégico deportivo para los próximos 20 años. Y de allí para abajo, prácticamente en todos los países de América hacemos algo”.

-¿Cómo llevas los 60 años recién cumplidos?

“Me siento bien con 60 años. He llegado. Pasé recientemente por una operación, un asunto delicado de salud, por suerte ya superado totalmente. Ese tipo de cosas que te ayudan a poner en valor la vida, nada menos. La mejor edad es la que uno tiene. Para las cosas que me pasaron en la vida, bastante bien lo llevo. Sigo haciendo deporte, soy muy disciplinado para mi salud física y, sobre todo, mental”.

-En 2006 sobreviviste a un accidente de helicóptero en Ciudad de México. ¿Cómo sucedió?

“Salí con un grupo de empresarios un día radiante en un helicóptero nuevo de un piso quince de Ciudad de México, pensando que era un privilegiado porque iba a vivir una aventura sobrevolando la capital, que es un espectáculo visual, como se ve en Spectre, la película de James Bond. Y dos minutos después estaba estampado contra el suelo. Me desperté en una clínica, con más de treinta costillas rotas y un pulmón perforado, con unas consecuencias graves. Tengo una buena capacidad de recuperación y olvido, y paso página con facilidad. Soy alérgico a las nostalgias. De la misma manera que en mi casa no hay una sola foto de cuando jugaba al fútbol o de cuando entrenaba, lo del accidente también es agua pasada y siempre pienso que la vida está ahí delante”.

-Hubo una víctima.

“El chico más joven de los que iban con nosotros tenía 30 años. Eran asientos de tres enfrentados. Yo cuando voy a entrar le doy paso, y él, que era educadísimo, me dice: ‘No, no, señor Valdano, usted primero’. Con tanta mala suerte que el helicóptero cayó de su lado, se golpeó la cabeza y fue el único que falleció”.

-Haber sido campeón del mundo en el 86, en México, precisamente, con Maradona, te va a tener ocupado el próximo año con el aniversario.

“Cumplimos 30 años, y en Argentina, que no ha vuelto a ganar un Campeonato del Mundo, están haciendo documentales alrededor del partido frente a Inglaterra y de Maradona, que fue el primer gran héroe del mundo del fútbol. Ese Mundial es el primero donde el fútbol cambia su fisonomía y los jugadores empiezan a ser considerados héroes planetarios”.

Foto Andrés Gutiérrez
Foto Andrés Gutiérrez

-¿Cómo has visto cambiar España en los 40 años que llevas viviendo en ella?

“¿Llevas la cuenta? Los acabo de cumplir en agosto. Lo que me parece una insolencia. España cambió físicamente, eso se nota a la vista, basta meterse en cualquier autopista para darse cuenta de que estamos en un país nuevo. Cambió de manera profunda la mentalidad de la gente. La sensación es que han pasado dos siglos. Recuerdo que un día, hablando con Di Stéfano, me decía: ‘¡Y los homosexuales que se quieren casar!’, y yo le digo, ‘¿y a usted qué le importa?, deje que la gente haga lo que le dé la gana’. No, si yo sé, a mí me da igual lo que haga la gente, pero ¡casarse a estas alturas!’. Le parecía que casarse ya era una antigüedad, no que el matrimonio homosexual era una modernidad”.

-¿Un curioso como tú, qué aprendió haciendo la película documental sobre tu paisano Messi?

“Me permitió trabajar con mi hijo, que es guionista, y con Álex de la Iglesia, un peso pesado como director. Fue muy interesante, se trataba de hacer un documental sobre Messi, sin Messi. El personaje es muy hermético, muy contenido, en ningún momento quiso participar, nos pareció que no había que forzar su intervención. Y, como siempre, la dificultad activa la imaginación. Nos obligó a indagar en los círculos más remotos del personaje. La paradoja de estos tipos que tienen una fama universal es que son grandes desconocidos, viven encerrados en su mundo y al final solo los conocemos desde que empieza el partido hasta que termina. Lo demás es invisible”.

-¿Qué dimensión le concedes como futbolista?

“Me parece un genio, alguien que nació para jugar al fútbol, es lo que los americanos llaman un natural. No parece que haga un esfuerzo especial para ser el extraordinario jugador que es, o sea, no le debe mucho ni aun entrenador, ni al gimnasio, ni a su dedicación; tiene un descomunal talento natural. Uno sabe o sospecha cuál va a ser la resolución de la jugada, del lío en el que se acaba de meter y, efectivamente, sale de la manera que uno se imaginó que iba a salir. Siempre sale”.

-¿Y en la comparación con Maradona cómo sale?

“Una equis. Lo que habla muy bien de Messi, porque quizá esté en la mitad de su carrera. Recordemos que tiene 28 años, que es la edad con la que Di Stefano llegó a España, y Messi ya ganó los mismos títulos que Alfredo en toda su carrera. Además, es un jugador que va a prolongar su vida deportiva hasta que le dure la ilusión, porque ya hemos visto que puede ser extremo, goleador o estratega. Caminando es influyente”.

-¿Quién viene detrás de Messi?

“Detrás vienen Neymar,James, Douglas Costa, Hazard. Esos son los que están en la cola. Neymar es beneficiario de un gran juego colectivo y James me pareció el mejor del último Mundial. Pero ninguno de los nombrados es mejor ni que Messi, ni que Ronaldo. Messi come ya en la mesa de Maradona, Pelé, Cruyff y Di Stefano, y Cristiano, si es por números, pues también. Cuando Hugo Sánchez metió 38 goles en el Real Madrid, parecía que no iba a volver a ocurrir, y estos dos tipos compiten a ver quién llega a los 70 goles en una temporada”.

-¿A Cristiano Ronaldo le perjudica vivir en tiempos de Messi?

“Claro, Ronaldo está detrás de Di Stefano en la historia del Real Madrid, está detrás de Messi en este momento del fútbol, pero es una enorme injusticia considerarlo segunda guitarra, porque lo que ha logrado tiene un mérito superior al de Messi. Ronaldo tiene una ambición tremenda, no se resigna nunca y ha hecho del sentido de la perfección una auténtica obsesión que lo hace un mejor jugador cada temporada. Por eso, más allá de sus actitudes, que muchas veces son criticadas, para mí es un ejemplo andante. En cambio, Messi le debe más a su papá y a su mamá que a él mismo. A la genética. Hay un salto de madurez en él, ya habla con propiedad y recibe en el palco los trofeos con soltura. Lo hemos tratado siempre como si fuera un niño extraordinario y ya es un hombre, es padre, tiene dos hijos, y el mayor le pregunta que si va al Gol cuando va a trabajar”.

-¿Cuál es el legado de Raúl, tu hijo futbolístico adoptivo, otro niño que creció y acaba de retirarse?

“Yo he dicho que es una obra de arte del madridismo. Muy pocas veces un jugador representa tan fielmente los valores de un club. Se trata de un crack mental. Raúl tenía una personalidad que yo no había visto antes, ni he visto después, y una inteligencia superior. Cada partido que pasaba era mejor que el anterior, porque iba recogiendo información que le ayudaba a evolucionar y tenía un sentido de la competitividad que lo convertía en un auténtico ‘cabrón': olía la sangre, cuál era el momento de debilidad del contrario para tirarse a la yugular; arrastraba a los compañeros e, incluso, al público, conectándolo emocionalmente al partido, como si dialogara con la gente. Y lo logró en España, en Alemania (desafiando el frío de temperatura y temperamento), se convirtió en una escuela en Catar y le dio tiempo para ir a aprender cosas sobre gestión a Estados Unidos. O sea, supo llegar, supo estar, supo irse y sabrá dar los siguientes pasos, porque la ventaja de la inteligencia es que no sirve solamente para tocar al pelota”.

-¿Qué te dijo siendo un adolescente cuando le anunciaste (1994) que iba a debutar en el Real Madrid?

“Yo le dije, voy a dar la alineación inicial ahora y, te lo anticipo, vas a estar en el equipo titular, no sea cosa que te asustes. Y me dijo: ‘Bueno, si usted quiere ganar me pone, y si no quiere ganar no me pone’. Cada día dejaba algún ejemplo de su personalidad. En un entrenamiento, un jugador consagrado le pegó una patada descomunal; se levantó más rápido de lo que se cayó, puso la pelota en el suelo, se la tocó a un compañero, la pidió y encaró al agresor, como diciendo, ‘este es el miedo que te tengo’. En cada entrenamiento quería demostrar a los demás que había llegado para quedarse, que no lo trataran como un niño, que era un hombre”.

-¿La marcha de Casillas es una mancha en el Madrid?

“Es un síntoma de los tiempos. Casillas fue el último canterano simbólico del Real Madrid. En el primer partido del campeonato, el Madrid jugó sin ningún canterano en el primer equipo después de 50 años. Carbajal no tiene la fuerza simbólica de un Sanchís, un Raúl o un Casillas. Estos son tiempos veloces en donde se hace muy difícil que un jugador tenga continuidad. Felipe Miñambres recordaba que él estuvo 13 años en el Tenerife. ¿Volverá a ocurrir una cosa así alguna vez en el club? Sin esa clase de jugadores en el vestuario no se consigue la consolidación de un espíritu, y sin espíritu la palabra equipo no existe”.

-¿Tras aquel desencuentro, Mourinho te parece cómico o no hablas de él ni en broma?

“Sí, yo hago bromas, humor se puede hacer con todo, reírse es terapéutico”.

-¿Se han suavizado las relaciones?

“Es que nunca tuvimos relaciones carnales”.

-¿Has relativizado ese conflicto que te costó el puesto en en la dirección del Madrid?

“Totalmente. Además, yo a todo le saco una enseñanza. Por ejemplo, soy muy partidario del consenso, creo que siempre es posible llegar a un acuerdo. Y Mourinho me enseñó que hay veces en que las diferencias son muy grandes y que es imposible alcanzar un acuerdo. Él es un tipo con ideas muy claras que pide adhesiones totales, y se es esclavo o se es enemigo. Y yo para cualquiera de las dos cosas soy muy malo”.

Mourinho me enseñó que hay veces en que las diferencias son muy grandes y que es imposible alcanzar un acuerdo

-¿Con Florentino Pérez cómo es tu relación actual?

“Tengo una relación buena, distinta, apenas coincidimos, a veces pasan meses que no lo veo. Se me hace difícil hacer un diagnóstico, porque me siento todavía muy cercano al Real Madrid y cualquier cosa que diga es mal interpretada”.

-¿Veinte años después, cómo te explicas el fenómeno social y editorial que encarnabas, del que fuimos testigos con Sueños de Fútbol?

“Ese fue el primer éxito editorial del que pudo presumir el mundo del fútbol. Carmen Lacambra acababa de llegar a la dirección de El País Aguilar y era su primera apuesta. Se ve que alguien le dijo cómo se te ocurre empezar tu actividad con un libro de fútbol, cuando no hay un solo caso de éxito editorial alrededor de este juego, y se aterrorizó. Lo presentó con incertidumbre,más por compromiso con nosotros que por determinación. Después resultó que en cinco meses ya había vendido 150.000 ejemplares. Y ella era la primera sorprendida. Coincidió con mi tránsito del Tenerife al Real Madrid. Yo creo que la virtud es que cuenta desde la práctica y desde la anécdota la aventura en Tenerife, que fue tan especial. Éramos diferentes. Pretendíamos escaparnos del descenso jugando bien al fútbol. Aquello que parecía una excentricidad demostramos que era posible. Y eso llamó mucho la atención en toda España”.

Foto ANDRÉS GUTIÉRREZ
Foto ANDRÉS GUTIÉRREZ

-José Luis Martí nos dijo aquí que ojalá le saliera en el Tenerife “la mitad de bien que a Valdano”.

“Va a refrescar al Tenerife por su juventud, por su entusiasmo, y eso le va a venir bien al club. De vez en cuando hace falta una ducha fría”.
-¿Javier Pérez -el hombre que soñaba en grande- es irrepetible?
“No. Porque esos personajes y esos sueños terminan dejando una huella y siempre hay alguien dispuesto a volver a recorrerla. Hay que considerarlo un pionero, una especie de conquistador. Los conquistadores activan los sueños de los demás. Él era capaz de subirse arriba de todos los sueños y fortificarlos. El sueño es un ideal que uno coloca en la distancia y, para alcanzarlo, por lo menos hay que levantarse de la cama, porque la cama es un buen sitio para soñar, pero no para cumplir los sueños”.

-¿Cuáles son tus sueños a estas alturas de la vida?

“Lo que hago es reinventarme cada cierto tiempo”.

-Recuerdo tu teoría del miedo escénico. ¿Te preocupa que se haya instalado el miedo en la sociedad actual?

“El miedo es un gran enemigo de los sueños, el primer enemigo del ser humano. El miedo tiene una enorme desventaja y es que paraliza, y lo que piden estos tiempos es movimiento, acción”.

-¿Cómo salió el fútbol del Estadio de Francia el 13-N?

“En primer lugar, nos habla del poder simbólico del fútbol en estos tiempos. París salió del trauma buscando refugios. Uno fue la Marsellesa. Y otro fue el fútbol. Ir a ver en Wembley el partido amistoso entre Francia e Inglaterra fue un acto cívico de respuesta al terrorismo, una manera de decir no vamos a renunciar a nuestra fiesta, a la normalidad, a nuestra vida. Y se dijo desde un campo de fútbol. Eso me parece que pone en dimensión el estatus social que tiene el fútbol en estos momentos”.

-¿La nueva inseguridad tiene alguna razón de ser?

“Hablamos mucho del fanatismo religioso, pero no lo suficiente de la miseria, que lo abona. El fanatismo estrecha el recinto mental y solo deja sitio para las obsesiones. Hay un libro reciente de Binebine, Los caballos de Dios, que trata del germen del fundamentalismo religioso y de hasta qué punto la miseria es el gran caldo de cultivo de este extravío. Estamos en una sociedad cada día menos racional y más emocional. Es como si todo se estuviera futbolizando:la política, entre amigos y enemigos, y la economía, presa de codicia. La corrupción desafecta políticamente a la gente. Que luego no nos pidan el voto ni el entusiasmo por la causa pública”.

-¿La democracia se basta por sí sola?

“Es el gran dios de estos tiempos, pero no alcanza sin un mínimo de justicia social. Una democracia con cinco millones de parados es un argumento débil”.

-¿Puede haber democracia sin ideologías?

“Hoy hay una sola ideología, se llama capitalismo, más o menos feroz, según qué sitio. El capitalismo ganó claramente. Ganaron los ricos”.

-¿Las crisis de Europa – recesión, refugiados, atentados- tambalean el sueño continental?

“Sí, da la sensación de que se ha convertido en un continente un poco rancio. Que todavía no tiene una mentalidad continental. El ejemplo más cercano son los atentados que han generado una conmoción en cada ciudadano europeo, pero Rajoy arrastra los pies a la hora de ofrecer ayuda porque un mal movimiento le puede costar la presidencia. Miramos demasiado cerca, esto se ha llenado de políticos, pero no encontramos a un solo estadista en toda Europa. Y es dramático”.

-¿Cuál será tu próximo libro?

“Trata de la transformación del fútbol en los últimos 20 años, desde la ley Bosman hasta hoy, que ha supuesto cambios muy positivos y muy negativos. Hasta el punto de cambiar la fisonomía del fútbol, que se ha comercializado, se ha vuelto un bien mercantil, en detrimento del bien espiritual. Ángel Cappa decía que el fútbol es un sentimiento con el que se juega y la parte sentimental está perdiendo fuerza. Se ha debilitado la identidad. Decir mi equipo si le pertenece a un chino, es una abstracción”.

-¿Descartas volver a entrenar?

“Uno nunca está a salvo de actos de locura de cualquier tipo. Al fin y al cabo, el del fútbol es mi mundo. Pero lo considero improbable”.

-Alguien te citó entre hipotéticos seleccionadores argentinos.

“Llevo 40 años fuera de Argentina, no estoy familiarizado con su fútbol, y, además, creo sinceramente que hay muchos profesionales que están delante de mí en la cola. El primero Simeone, al que le sale la argentinidad por todos los poros. Yo creo que tarde o temprano tendrá el privilegio de entrenar a la selección”.

-¿Cómo valoras al tinerfeño Pedro (exBarça), del Chelsea?

“Me parece un futbolista de otro tiempo. Ha hecho contribuciones brillantes al Barcelona y a la selección española, y cuando entendió que necesitaba más protagonismo, se fue a buscar su destino en Inglaterra sin hacer ningún ruido. Por eso lo admiro sinceramente”.

-¿A dónde se aboca La FIFA entre escándalos y detenciones?

“Es una crisis que se veía venir. Hay personajes a los que solo les faltaba un antifaz y un pañuelo para declararse bandidos. Creo que no es fácil gestionar un
organismo internacional, pero se les fue totalmente de la mano el invento. Y resulta humillante que sea Estados Unidos el que venga a poner orden a un mundo que le resulta tan ajeno como el fútbol. Que por una orden de Estados Unidos metan presos a directivos en Suiza, es un síntoma de la dejadez de que hablábamos que está caracterizando a Europa”.

-Nunca te he preguntado si el Barcelona te ofreció ser su entrenador.

“No, nunca. A mí el Barcelona me ofreció ser jugador cuando yo estaba en el Zaragoza. De hecho, el Zaragoza llegó a venderme; quedé libre y elegí al Real Madrid. Pero soy un madridista que estoy muy lejos de odiar al Barcelona. Amo al fútbol, y el Barcelona es indiscutible que le ha hecho muy bien al juego en los últimos veinte años desde Cruyff, al que deseo pronta recuperación”.

“ASÍ SE JUEGA EN EL PARAÍSO”

Valdano no vino al mundo en el vientre de un balón, pero estaba pegado a él desde niño. Cuando murió el padre, tenía cuatro años, y en casa le afearon que diera patadas a una pelota ajeno al duelo. Había asimilado la noción del balón antes que la de la muerte del padre, al que recuerda llevándolo al fútbol los domingos en Las Parejas, el pequeño pueblo de Santa Fe, a ver jugar al Sportivo. Nació en una cuna de fútbol como Argentina, donde no saber jugar a la pelota es un drama y lo más natural no es querer ser médico o abogado, sino futbolista, llevándole la contraria a Borges, que detestaba, en parte, una actividad que se hace con los pies. Los niños argentinos de su generación adoraban al Madrid, el equipo de la saeta rubia, Di Stéfano, en la España en blanco y negro de Franco. A ese país y con ese dictador ya postrado en la cama llegó Valdano con 19 años hace ahora 40 a labrarse un porvenir en el barro y el frío, con el Alavés, en contra de la opinión determinante de su madre, Nélida. “Siempre el coraje es mejor”, aprendió del autor de El Aleph. Al final del trayecto, logró fichar por el Real Madrid, al que más tarde como técnico le frustraría dos ligas en Tenerife. El Madrid, como ahora en que es apartado de la Copa del Rey por el caso Cheryshev, tiene rachas de mal fario que Valdano conoce bien. En España se hizo. Se casó y es padre de Jorge (36 años), abogado y guionista de cine, y de Naiara (31), gestora cultural. Y sorteó algún que otro serio peligro. Una vez se libró del incendio del hotel Corona de Aragón cuando lo fichó el Zaragoza. Tenía una habitación reservada esa noche, tomó café antes de irse y le dijo a Marta, su esposa: “¿Sabes una cosa?, me quedo en casa y voy mañana a primera hora”. Un golpe de suerte. El hotel se quemó. Año 1979. Y hace casi un decenio, como cuenta aquí, eludió otra vez la muerte en un helicóptero en México. “Soy veterano en sufrimiento”. Pasó por una hepatitis B, con la que había jugado sin saberlo, y se retiró. “Del otro lado del fútbol espera la vida”, admite tras reinventarse varias veces. Una de esas, se hizo entrenador.

En el Madrid había estrenado los sueños como futbolista. En Tenerife los entrenó. En un año americanista, 1992,se inició aquella hermosa fábula de fútbol de Valdano y Ángel Cappa con una plantilla descarada, que presidía Javier Pérez, fan de sus lecciones radiofónicas. Era un club de héroes. Valdano es Jorge, como el papa, su compatriota; es un conferenciante, escritor y comentarista muy cotizado. En su día, contribuyó a cambiarle la ideología futbolística a este país de la furia, para ingresarlo en un código de juego en zona y 4-4-2, limpio y atacante, que anticipó la hegemonía del toque del Barcelona y la selección y llevó a España a ser campeona del Mundo en 2010. Pasarán 1.000 años y el debate seguirá abierto entre Clemente y Valdano, entre Valdano y Mourinho, como entre Menotti y Bilardo. Entre jugar bien y ganar. El más absurdo conflicto dialéctico. “Ganar es tan importante que se nos olvidó jugar”. Y lo cierto es que salvó al Tenerife del descenso jugando lo mejor posible, sin el miedo de Tim, el brasileño que decía: “Todos atrás y Dios delante”. En las imágenes retrospectivas del homenaje de estos días a Javier Pérez volvían aquellas metáforas del discurso de Valdano que inundó la Isla: “Hay que obligar a la gente a ver el partido de pie”. En medio de aquel delirio aspiraba a un titular de La Gazzettadello Sport sobre el Milán: “Así se juega en el paraíso”. En cierta manera, el Tenerife de Redondo lo hacía. Sin miedo. En su ensayo sobre el miedo escénico (Revista de Occidente, 1986), que escribió mientras intervenía en las gestas del Madrid, abogaba por un equipo ordenado y technicolor y animaba a sus colegas a saltar por encima de los miedos. Quien lo logre, decía como el poeta Kipling, llegará “a ser un hombre”.

El jugador (“ese mono sensible”), la afición (“ese monstruo de cien mil cabezas”) y don dinero. Pero casi nadie mencionaba la cultura. Con él y Manuel Vázquez Montalbán y unos pocos más, los intelectuales perdieron la vergüenza y empezaron a reconocer su afición reprimida al fútbol. Muchos se enteraron con alivio de que Albert Camus había jugado bajo los palos. El balón de oro lo deben dar los niños de cinco años, me dijo en este viaje a Tenerife. Porque cree que ellos dicen la verdad. Valdano cae bien, incluso muy bien, y es muy solicitado para oírle hablar, porque tiene el mérito de la palabra. Pero no siempre fue así. En los orígenes de este quilombo lo tildaban despectivamente en España de poeta los detractores, cuando no de sudaca rojo. Tenerife lo patrimonializó enseguida, hizo bandera de él. Cuando en Madrid le hacían pintadas, aquí sentaba mal. Valdano ya era como nuestro.