“La crisis nos ha devuelto a la realidad de que nada es gratis”

Foto FRAN PALLERO
Foto FRAN PALLERO

Guillem López Casasnovas cree que ha llegado el momento de dejar de lado el “todo va mal”, para poner en valor lo alcanzado. Para lograrlo, este catedrático autor del libro El bienestar desigual, que dio una conferencia este viernes en la Facultad de Economía de la Universidad de La Laguna, propone una hoja de ruta hacia un bienestar menos estatalizado, mejor gestionado, en el que la política intervenga sólo para lograr grandes consensos y la tecnología supere las inercias de la burocracia, pero, sobre todo, en el que “la responsabilidad individual lleve al reconocimiento adulto de que nada en la vida sale gratis”.

-La sensación generalizada es que la crisis y las políticas aplicadas han acabado con el Estado del Bienestar en España, ¿comparte esa sensación?

“No. Lo que sí ha generado es un malestar por la expectativa de bienestar que alguien pensaba que podíamos tener y no hemos tenido. La crisis nos ha devuelto a la realidad de que no hay nada gratis y que sin bases económicas y sin cumplimiento fiscal, el gasto no es financiable. La contención del gasto la han encajado así mayoritariamente las retribuciones de los trabajadores. Pero ni ello es eficiente, ni es posible perpetuarlo en el tiempo. Toca afrontar cambios”.

-Los recortes han protagonizado estos últimos años en los que se reducen prestaciones de desempleo, a penas se han actualizado las pensiones o se restringe el acceso de los inmigrantes a la sanidad. ¿Ha servido para enderezar el rumbo del gasto social?

“Las pensiones son la partida que mejor ha resistido. Y la del desempleo, con la extensión realizada a los que iban perdiendo el subsidio, ha hecho del mal el menos. La ley de dependencia se ha llevado la peor parte. El querer abarcar en un plazo determinado todo tipo de dependencia ha dejado situaciones graves que claman al cielo en el limbo de la incomprensión. Una sociedad de bienestar se valora por la decencia con la que atiende a los que están peor por la mala suerte que les ha tocado en la ruleta de la vida”.

-¿Comparte la frase de que se ha vivido por encima de nuestras posibilidades?

“Si. Los políticos. Han gastado lo que no tenían. De quien hace esto en su casa creo que todos diríamos que ha vivido por encima de sus posibilidades”.

-Usted defiende que el esfuerzo del Estado debe dirigirse no a solucionar problemas genéricos y sí a situaciones de pobreza o desigualdad previamente identificadas. ¿Permite el actual funcionamiento del Estado llegar a esto?

“Sí. Se resuelve con priorización de prestaciones y más gestión pública. Esta ha sido la gran olvidada por una política que al amparo del universalismo no ha necesitado ser selectiva ni rendir cuentas sobre lo hecho; cumpliendo simplemente con ofertar un poco para todos no importa la calidad ni el resultado. Y la complacencia política se ha acompañado de la comodidad de los gestores para quienes es más importante quien gasta qué y no para quien y con qué efectividad se gasta”.

-Desde ámbitos más pequeños como las comunidades autónomas o aún más cercano al ciudadano como el Ayuntamiento, ¿la receta es la misma que para el Estado a la hora de gestionar el gasto social?

“No. Las jurisdicciones subcentrales se han tenido que comer los marrones de la presión social sobre el gasto, mientras la Administración central controlaba el grifo de la financiación a discreción. Centrifugar déficits, marcar tiempos e intervenir con sesgo político ha sido moneda común. Dicho esto, Corporaciones Locales y Comunidades Autónomas no son angelitos, Y a río revuelto, ganancia de pescadores”.

-¿Conoce la realidad canaria y cómo ha gestionado esta comunidad autónoma la crisis?

“No suficientemente, pero sé que hay buenos expertos en evaluación de políticas públicas en las dos grandes universidades de la comunidad. Con más voluntad política, alforjas para el objetivo de gastar mejor no creo que falten en las Islas”.

-Desde los brotes vedes del anterior presidente hasta el ya mencionado vivir por encima de nuestras posibilidades… Usted, como consejero del Banco de España, ¿cree que se podía haber gestionado de otra forma esta crisis?

“Sí, ciertamente ganando tiempo. Se perdió un tiempo valioso. La independencia del Banco quedó postergada por la política. Ha faltado ejercicio de la competencia asignada y autonomía efectiva. Pero sin duda los errores se han producido por no saber más. Ningún supervisor que yo sepa se ha lucrado con ello. Seguro que lo podríamos haber hecho mejor, aunque, que conste, el tsunami padecido fue mayúsculo. A la política económica en todo caso conviene llegar llorado, y nuestro trabajo actual es, habiendo aprendido de los errores, recuperar la reputación perdida y con la ayuda del BCE hacer mejor supervisión y resolución de la solvencia financiera que lo que lo hicimos en la proximidad política española”.

-¿Cree que el sistema de pensiones está abocado a desaparecer tal y como está configurado en la actualidad? ¿Hay posibilidad de un sistema mixto público-privado como existe en otros países?

“Un sistema de reparto como el que tenemos, nunca quiebra, a diferencia de un sistema privado. Así que tranquilos. Cosa diferente es que la pensión permita la suficiencia relativa actual. El sistema mixto es congénito a una sociedad democrática: donde no llega el esfuerzo colectivo se deberá acompañar del esfuerzo individual”.

-Usted defiende en su libro El bienestar desigual que no todo ha sido tan malo y que hay que ver el lado bueno, ¿cuál es el lado bueno de una crisis?

“El impacto intrageneracional no merece una valoración tan negativa como hoy tiene. Sí me preocupa el intergeneracional, para una generación futura que no tiene hoy quien la defienda. La crisis no tiene nada bueno. Pero haciendo virtud de la necesidad me gustaría poder decir que la crisis nos ha hecho más adultos. Aunque esto lo comprobaré tras el 20 de diciembre”.