LEOLANDIA

Miedos, envidias y pirulas electorales

Ana Oramas, diputada de CC en las Cortes. | S. MÉNDEZ Melisa Rodríguez. | EP
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Ana Oramas, diputada de CC en las Cortes. | S. MÉNDEZ

Arranco hoy con la teoría del miedo. Qué cosas que todo el mundo le tenga miedo en Coalición Canaria a la señora Ana Oramas. Es la que manda. El enemigo de ella es el enemigo de Coalición Canaria, oiga; y esto no es así. Parece que van a sacarla diputada, pero tendrán que sudar. La encuesta del CIS, que es como un oráculo, ha hablado. Coalición Canaria tendrá su voz en Madrid.

Llega un barco a Santa Cruz cargado de ciclistas. Miren, el que avisa no es traidor. Esta ciudad no está preparada para los ciclistas, no hay carriles apenas para ellos y es un peligro que se bajen del barco en tropel para circular por vías que no conocen. A la hora en que escribo ha habido un accidente grave entre una guagua y un ciclista. Vale, que venga el barco, pero que la Policía Municipal -a mí me gusta más lo de Municipal que lo de Local- señale y vigile carriles “sólo bicis” para ellos. De lo contrario los estaríamos exponiendo a un grave peligro.

Me dice un pajarito que Antonio Alarcó le hace la pirula a Milagros Pérez León, su compañera en la carrera al Senado. Yo no lo creo, porque fue él quien la nombró candidata, según tengo entendido. Alarcó es un tipo muy particular, un tanto egocéntrico y puñetero, pero es también una buena persona y creo que va a sacar más votos que nadie para el Senado, si hacemos caso a algunos sondeos. A ver si es capaz de pagar las deudas de las elecciones municipales para que los medios le fíen otra vez.
Hay que ver las envidias que despierta la bella Melisa Rodríguez, candidata de Ciudadanos al Congreso, en su propio partido. Hay gente que la odia; lo juro por el moño de Alberto Rodríguez, el candidato de Podemos. Vaya tipo feo, coño. A mí me sale de noche y meto el voto en un buzón de correos, del susto. Este está obsesionado con los pobres y los ricos, como en los viejos tiempos del Frente Popular. No evolucionan. Se saben el catecismo propio, lo aplican como si fuera el Corán ya tomar por saco.

Viene Alan Parsons, lo trae Mansito júnior, que cuenta con la colaboración inestimable de María Jesús León, mi querida amiga y compañera. Ya estuvo una vez y triunfó, incluso divirtió al público, algo raro en algo tan serio. Pero así fue. Ya daremos más noticias del “evento” -qué horror de palabreja-.
Están todos empeñados en condenar a González Cejas y al otro antes de que tengan un juicio justo. ¿Empezamos otra vez con los juicios paralelos? Tengan paciencia. Hace bien González Cejas en no irse. ¿Y si resulta que es inocente?

Hablando de otra cosa, me han dicho que Santi Negrín -copa y puro- tiene ya los dos pies en un periódico -lo omito para no hacer publicidad del enemigo-. Me han dicho que en enero, catapún, dimisión, porque le van a hacer la vida imposible en la Televisión Canaria.

¿Y qué me dicen de Enriquito Hernandis? Parecía un angelito. Vaya a pelarse, hombre. Hay una anécdota de un auto sacramental celebrado en La Laguna, en el que intervenía Eloy Díaz de la Barreda, que antiguamente hacía en la radio el entrañable personaje de El Tío Pepote (le dejaba caramelos a los niños detrás del receptor, en colaboración con los padres; yo lo recuerdo). Bueno, pues al que trabajaba con Eloy se le olvidó el papel, pero se acordaba que, de chico, a Eloy lo llamaban Pepito Calavera. Muy firme, se plantó el otro en el centro del escenario, con el papel olvidado, con su traje de judío y su barba postiza y dijo: “Mira, Pepito Calavera, toma diez denarios y vete a pelarte”. El teatro se vino abajo.