eL CHARCO HONDO

Nocaut

Desde el verano de 1980 vivió enclaustrado en la Moncloa; con el cuerpo lleno de cicatrices, provocadas por ingratitudes, traiciones y desprecios, ya había aprendido que la política es teatro, y que nadie puede actuar sin fingir lo que no siente. Igual que Suárez a principios de los ochenta, Rajoy y Sánchez fingieron con tanta convicción que acabaron sintiendo lo que fingían, lo que les llevó a confundir la realidad con su representación. En la Anatomía de un instante, Cercas destripa aquellos años; distintos, pero a la vista está que no tanto. En política la forma es el fondo. No es la realidad la que crea las imágenes. Son las imágenes las que crean una realidad que en el debate entre Rajoy y Sánchez la escenografía tiñó de blanco y negro.

La creciente relevancia de los debates radica ahí -en la percepción que representación e imágenes construyen-, y a ambos le construyeron un decorado que se mostró como el sarcófago del bipartidismo. Ambos candidatos confirmaron que PP y PSOE no se respetan, evidenciando así la oportunidad de que junto a socialistas y populares entren en escena otros partidos. Sánchez perdió las elecciones cuando permitió a Rajoy ahorrarse el debate con Rivera e Iglesias -más pronto que tarde, se analizará la anatomía de ese instante-. Al candidato socialista únicamente le quedaba la estrategia del zarpazo, golpear donde duele, herir al PP con la corrupción; abrazar a Rajoy como los boxeadores al borde del knock-out, arrastrándolo con él río abajo. Sánchez se equivocó, derrapó en la curva de la mala educación. Rajoy se limitó a hacer de sí mismo y, como recuerda Cercas que pasó con Carrillo en 1977, en vez de admitir sus errores a la luz de la realidad -con el fin de corregirlos- optó por atribuir a la realidad sus propios errores. Socialistas y populares seguirán ocupando un espacio mayúsculo, pero la del lunes será recordada como la noche en que Rajoy y Sánchez demostraron que es conveniente que otra generación suba a escena.