Domingo cristiano

Nos cargamos la Navidad – Carmelo Pérez

Al final no termino de enterarme de si soy un rancio defensor del bipartidismo o un neosalvador dispuesto a acabar con los privilegios de la casta política. Si defiendo la alternancia entre los dos partidos de siempre, se me queda mal cuerpo: tantas son las canalladas orquestadas o conocidas por uno y otro bando. Y si me subo al carro de los nuevos mesías, me encuentro con que son ellos mismos quienes tratan de reunir sendos rebaños de izquierdas o derechas para reeditar una nueva versión del tantas veces demonizado juego a dos bandas. Yo creo que, visto lo visto, lo que todos quieren es bipartidismo sí o sí. Del añoso o del nuevo, que también apesta.

Lo único que tengo claro es que Rajoy nos ha fastidiado las Navidades con esta intempestiva convocatoria de elecciones. Oiga, que no es aseado comerse los polvorones al cansino runrún del “y usted más”, y al soniquete de “el pueblo nos ha elevado para liderar una segunda Transición”. Muy aburrido todo, por mentiroso, falaz y prepotente. Por si fuera poco, mire usted qué tiempo, que ni blanca Navidad ni frío ni nieve. Y ahora, hablando de lo que de verdad importa: no son los iluminados ni los resentidos ni los revanchistas ni los inmovilistas quienes pueden atentar contra el espíritu de la verdadera Navidad. Ojalá todos los embates fueran mamarrachadas como las de quítame de ahí ese Belén, vamos a celebrar el solsticio de invierno o pongamos en la cabalgata alguna Reina Maga barbuda, por aquello de la paridad, de la que no se salva ni la estupidez. En estas singulares Pascuas, ahora que la estrella laica aún no encuentra sede sobre la que posarse, los creyentes hemos de asumir el reto de transformar la contrariedad en oportunidad. Navidad es Jesús y somos nosotros, los cristianos, los únicos capaces de deformar las cosas hasta el punto de propiciar una Navidad por lo civil. Nos toca a nosotros, y nadie puede hacerlo como nosotros, sucumbir al acontecimiento de Dios hecho carne. De nosotros se espera que nos derrumbemos ante tan rotunda apuesta de Dios por los hombres. El dueño de los espacios infinitos y las verdades inabarcables se ha hecho vida humana para levantar nuestra humanidad a la categoría de Dios. Si los creyentes no contemplamos este misterio embelesados, si no extraemos de él la profundidad que confiere a nuestras vidas, si Jesucristo no encuentra espacio en nuestra atrofiada capacidad de asombro… si no dejamos a Dios ser Dios, entonces sí que nos hemos cargado la Navidad. No ayudan las estampitas ni las reflexiones apresuradas que no contienen más que poesía y florituras de manual. Navidad no es poesía, sino un estallido de fuego que, inmerecidamente, ha convertido lo que sólo era nada y polvo en eterno y preñado de futuro. Navidad es la respuesta a toda sospecha de sinsentido, a toda amenaza de vaciedad. Navidad es Dios en tus manos. Y son las manos que ya no se estremecen las únicas capaces de arrebatar la lozanía a este misterio.

@karmelojph