A veces soy humano

‘Pacencia’

No se trata de hacer una excelsa defensa de la visión del hombre bueno rousseauniano, ni de esa alegoría fantástica de la crianza y la educación en la naturaleza lejos de ciertas perversiones. Sin embargo, si pretendo subrayar la bonhomía y sabiduría básica, terca y clarividente de la gente que ha vivido siempre en zonas de campo. Individuos, hombres y mujeres, que no necesitan parlotear innecesariamente, que aplican una economía del lenguaje que, en sí misma, ofrece un significado evidente: si no tienes algo importante que decir, mejor cierra la boca.

Desconozco si ustedes se han sentado alguna vez cerca de un mentidero, uno de esos bancos, piedras o simplemente bloques en los que se aposentan los lugareños a hablar cuando ya han terminado la faena diaria. Estratégicamente ubicados en las esquinas de las entradas a los pueblos, algunos hoy barrios, caseríos o pequeñas entidades urbanas, sobre estos mentideros descansan miles de conversaciones lúcidas sobre el pasado, el presente y el futuro.

Hoy que asistimos a un debate público sobrexcitado, artificialmente alimentado por la pugna de las audiencias, tertulianos provocadores, intereses ocultos de los medios de comunicación y escaso interés por aportar argumentos, recomendaría retornar a las leyes de la dialéctica de los mentideros. Particularmente me gustan conceptos como: aquí se viene a hablar con la tarea hecha y después de darse una friega que arrastre la tierra del campo acumulada en ropas de labranza y cuerpo; se saluda comedidamente al resto de contertulios; antes de lanzar alguna palabra se atiende a los derroteros por los que circula la conversación previa; no se cambia de tema salvo que se haya llegado a alguna conclusión, banal o decisiva, todas tienen el mismo valor.

También es muy importante no interrumpirse; referirse a los ausentes con respeto; si sube el tono de la conversa conviene apaciguar o simplemente determinar que cada uno puede pensar lo que quiera; no mentir salvo que se adopte la socarronería o el doble lenguaje armado de buen humor pero no necesariamente con risas ni burlas; se puede y debe hablar de las cosas importantes, la economía de escala personal, los precios del guano, a cuánto está el tomate o las semillas de la papa. Del mismo modo, en el mentidero se aprovecha para ponerse al día del estado de salud de los lugareños y cuando la cosa no pinta bien, se concluye que en esta vida hay que tener pacencia.

@felixdiazhdez