tribuna

¿Perdedores? – Por Isaías Lafuente

Las elecciones generales del 20 de diciembre se presentan como las más abiertas de la historia democrática recuperada en 1978. La irrupción de Podemos y Ciudadanos trae de cabeza a las empresas demoscópicas. Sus herramientas se muestran ineficaces para leer con precisión el futuro sin referencias de pasado y las encuestas no acaban de ofrecer resultados definitivos. Pero todas apuntan en una dirección. El día 20, aunque todos proclamarán su victoria, que es de las cosas que permanecen inmutables, será una noche de perdedores. Perderán los partidos clásicos frente a la realidad. Y perderán los emergentes frente a los pronósticos que, en algunos picos de la montaña rusa vivida en los últimos meses, han llegado a presentarlos como opciones de gobierno.

Quizás gane Rajoy, pero dejando en los desagües el treinta por ciento de los escaños y dinamitando una sólida mayoría absoluta, como ya le sucedió en 2008. Puede que Pedro Sánchez dé la sorpresa si se obra un milagro, pero la victoria no mitigará en el PSOE la sensación amarga de haber perdido una legislatura sin haber rentabilizado el desgaste de un gobierno que para salvar la economía ha machacado a la ciudadanía. Puede también que la juguetona ley electoral ofrezca mayorías parlamentarias de una tendencia política que no se corresponda con la mayoría ideológica expresada por los votos. No nos olvidemos de Cataluña. Y puede, por qué no, que consigan la victoria Iglesias o Rivera. Es difícil, pero a 72 horas de las elecciones todos tienen cero votos. Sea como fuere, objetivamente Podemos y Ciudadanos habrán sido los hacedores de un tsunami político que ha roto los esquemas al instalado bipartidismo. Pero han elevado tanto sus expectativas que el resultado quizás sea interpretado como una bofetada de realidad.

En todo caso, o las encuestas se equivocan espectacularmente o el partido “vencedor” necesitará más que una muleta para lograr la investidura de su candidato y gobernar después desde la minoría absoluta. No será suficiente con un puñado de votos como ha sucedido hasta hoy. Esa será otra de las cosas que se volatilizará el próximo domingo. Por eso todos los actores deberían ir pensando en posibles gobiernos de coalición más que en acuerdos de legislatura. Porque todos nos dicen que quieren gobernar y deben ser conscientes de que, a partir de ahora, gobernar también será esto.