SUPERCONFIDENCIAL

Sánchez

1. Lo he dicho por activa y por pasiva. Este tío es más bobo que Zapatero. Y se lo tiene creído. Está desafiando, incluso, a la todopoderosa Susana Díaz, que es mucho más lista que él. P. Sánchez cree que España está en sus manos, sabiendo que será incapaz de unir a dieciocho o diecinueve partidos para lograr la mayoría parlamentaria. Esto es absolutamente imposible, pero ahí está el hombre, disfrutando de sus días de gloria, como los disfrutó cuando insultó gravemente a Rajoy en aquel desafortunado debate. Este país siempre ha tenido gente a la que las chaquetas le quedan grandes: Zapatero, Sánchez y toda la basca. El PSOE tendría que volver a la pana y al chascarrillo si quiere sacar algo en claro. Este chico no sabe ni reírse, ni siquiera tiene sentido del humor y, desde luego, tampoco sentido del Estado, a la vista de cómo se comporta, aunque sea una pose, que no sé si tiene categoría para adoptar poses que pueda luego cambiar, porque se pasa también la vida sentando cátedra, parece en posesión de la verdad absoluta.

2. Ya dije en alguna parte que no iba a escribir de pactos hasta que no se sustancie el definitivo, allá para finales de febrero/marzo. Porque puede pasar de todo en este malhadado país que publica hasta sus listas de morosos para que nos enteremos de que Dani Pedrosa se las trae en lata. En fin, que he visto un par de empresas canarias en esa relación, pero no es cuestión de estar abriendo la herida que ha originado Montoro -un ministro a desaparecer del Gobierno-, con el sacho de la Agencia Tributaria, al publicar esas listas de Schindler.

3. Escribo de madrugada y estoy muy cansado, porque mis compañeros se han empeñado en que vaya mañana al estudio de ¡Viva la Radio! para celebrar no sé qué fiesta. ¿Es que no se dan cuenta de que yo odio las fiestas, coño? Yo no me opongo a que la gente se divierta, pero a mí déjenme tranquilo, que no tengo ganas de jolgorios. Por cierto, me ha llamado mi gran amigo Wolfredo Wildpret, muerto de risa con el último libro del mago –Todos los magos son del Barça-, que le dejó en el árbol a su hijo. Un abrazo, Wolf, amigo, y siento que me veas triste; es que lo estoy. Pero siempre tendremos al mago para reírnos.