El dardo

Sospechas

Vivimos instalados en la sospecha. Más aún en esta etapa electoral en que escuchamos iniciativas, promesas y augurios que nos invitan a imaginar coyunturas futuras más o menos favorables pero también a desconfiar de las apariencias, escarmentados como estamos de los reiterados incumplimientos de nuestros representantes públicos. En los aledaños del PSOE y en el seno mismo del partido sospechan que se ha desatado una conspiración-persecución contra Pedro Sánchez tras el debate (?) con Rajoy. Me parece que antes de especular con persecuciones imaginarias (de Podemos, Ciudadanos e incluso el PP) deberían examinar la mala educación y la agresividad de su candidato, quien sepultó algunas de sus ilusionantes propuestas y críticas justificadas entre malas formas, insultos y actitudes inimaginables en quien quiere llegar a presidente del Gobierno. Me temo que, ante la clamorosa ausencia del moderador, echó por la borda su objetivo de ganar la voluntad de los indecisos y de quienes, por la derecha y por la izquierda, prefieren liderazgos menos histriónicos. Bajo sospecha se halla el ayuntamiento santacrucero a cuenta del maldito mamotreto, un edificio necesario que tiene que echar abajo porque así lo dispone una oscura sentencia que da preferencia a lo accesorio en un pleito en el que una mínima invasión de terreno de dominio público que a nadie perjudica tiene consecuencias disparatadas.

Bajo sospecha está la corporación municipal lagunera por tener en plantilla y pagar religiosamente a un encarcelado y por dejar sin competencias al hasta ahora lenguaraz concejal de Aguas. Bajo sospecha figuran también los chavistas venezolanos, capitidisminuidos en las elecciones del 6 de diciembre, por su desvergüenza sin límite. No sólo pretenden cambiar a los miembros del Consejo Electoral y del Tribunal Supremo en tiempo de descuento político, sino que tratan de que el poder legislativo, que ganó la oposición gracias al voto ciudadano, lo asuma un denominado Parlamento Comunal por eso de que la comuna es, para Maduro y su gente, la mejor instancia de autogobierno y el mejor modelo revolucionario que se puede seguir; tan revolucionario que hasta anula el proceso electoral y la consiguiente voluntad popular. Son, como digo, tiempos de sospechas, desconfianzas y temores.