BOXEO

El último golpe del Pegaso

Ibrahim López, tras un combate. |  JUAN LUIS RECIO
Ibrahim López, tras un combate. | JUAN LUIS RECIO

Ibrahim López dice adiós. No se despide como a él le hubiera gustado, con una batalla épica, de esas a las que acostumbró a su gente, palo a palo encima del cuadrilátero. Lo hace tras analizar con frialdad su futuro, pensando en Jerome y en Mia, sus dos hijos, y en el porvenir del buen grupo de boxeadores a los que alecciona todas las tardes en su patria chica del Dude Box.

“He aceptado que lo correcto era poner punto final al ciclo más importante de mi vida. Ha sido una aventura increíble, llena de historias que dejan en mi corazón unos recuerdos maravillosos e imborrables”. Con esa frase despertaba a la legión de seguidores de su perfil de Facebook el fajador de Candelaria antes de dar a conocer que durante la inauguración del nuevo centro de actividades boxísticas de la Federación Canaria se había dado cuenta de que “ya no quiero ser el objetivo de las cámaras”.

“Mi sitio ya no era ese, quiero estar en un segundo plano y que otros sean los protagonistas. Fue volviendo a casa cuando lo tuve claro”. Entonces, con la elegancia de siempre, empezó a armar su discurso de despedida en el que tuvo palabras de agradecimiento para su mánager y promotor, Óscar Sánchez, su entrenador y amigo, Jonay Negrín, Romén Mantecón, Efraín Medina “y mi familia, que tuvo que soportar la peor parte, la cara amarga de la historia”.

El Pegaso no se olvidó de sus amigos y, por supuesto, de sus rivales y de su innumerable grupo de seguidores, esos que le ayudaron a levantarse cada vez que se fue al suelo y tuvo que remontar para que el árbitro acabara levantando su mano al final de la contienda.

Ibrahim es uno de los pocos fajadores españoles y el único canario que ha tenido el privilegio de ser campeón de España profesional en kickboxing y en boxeo. Y cómo no, lo hizo tirando de épica. Frente a Néstor Cardona visitó la lona antes de sacar fuerza para ejecutar una estrategia previa bien diseñada. Dañado durante la preparación en una costilla, Ibrahim esperó al momento adecuado para soltar su fuerza y noquear al catalán.

Años más tarde, después de dejar la práctica del kickboxing, Óscar Rayito Sánchez le brindó la posibilidad de ser campeón de España en su casa. Y El Pegaso no la desaprovechó tras una dura guerra con Luis Rodríguez. Se fue a la lona en el segundo asalto y a partir de ahí fue remontando hasta que en el octavo se desató la tormenta y Rodríguez cayó fulminado.

Lo que vino después pocos lo saben. Pese a la insistencia de Óscar Sánchez en que tuviera una oportunidad internacional, los rectores de aquella promotora que se aprovechó de sus servicios para crecer como tal no le permitió medirse al Mago Abdusalamov o a la Mole Molli. Ahí, con esas desilusiones, comenzó a apagarse una carrera que ayer acabó y que fue alabada por muchos en el día de su adiós. “Él tuvo la culpa de que el boxeo resucitara en Tenerife”, comentaba el propio Óscar Sánchez coincidiendo con Juan Tomás Rodríguez, presidente de la Federación Canaria. “Le doy todo mi apoyo en esta decisión”, dijo Jonay Negrín, mientras que Efraín Medina señaló que “la gente que hace historia nunca se retira” y Jonay Risco mostraba su tristeza “porque tenía la ilusión de volver a verlo sobre el ring”. De fondo suena el pasodoble Islas Canarias, se va El Pegaso, se va el campeón.