nombre y apellido

Álvaro Delgado

La Guerra Civil y sus rudas secuelas cambiaron drásticamente el destino del madrileño Álvaro Delgado Ramos (1922-2016), que interrumpió los estudios de Comercio, iniciados por imposición paterna, e ingresó en Artes y Oficios, como era su deseo, y posteriormente en la Escuela Superior de San Fernando, donde se licenció como profesor de dibujo y especialista en pintura. Fue discípulo de Vázquez Díaz y admirador sincero de Benjamín Palencia; con éste y con Francisco San José participó en la formación y actividades de las escuelas de Vallecas y Madrid entre 1949 y 1952. A partir de la primera muestra de acuarelas en la galería Clan de Madrid (1945) y hasta la celebrada en la fundación palentina Díaz Caneja (2011), sumó cincuenta exposiciones individuales en salas institucionales y privadas; en ese mismo periodo compareció en cuarenta colectivas, desde acciones temáticas a certámenes estatales y en Europa y América. Su obra está presente en el Reina Sofía y la Real Academia de San Fernando -de la que fue miembro titular durante medio siglo- y en museos y colecciones públicas y particulares de las diecisiete comunidades autónomas y de distintas capitales europeas, americanas y africanas. Heredero de una tradición ética y estética -literaria y plástica principalmente- que bebe en las fuentes acres de la reflexión sobre el pasado trágico y la decadencia, la tristeza y el pesimismo -expresadas categóricamente por las firmas de la Generación del 98-, su aventura personal se centró en la lucha contra el academicismo, sin romper totalmente con la tradición y en la búsqueda de nuevas formas de expresión en consonancia con el rumbo de los tiempos. Se interesó vivamente por las corrientes más audaces de la plástica contemporánea y, en una personalísima interpretación del expresionismo que preconizó Goya y continuaron sus epígonos, trató los asuntos tradicionales -retratos, paisajes, naturalezas muertas-, con pinceladas enérgicas y con gradual distribución de la materia; las soluciones al tratamiento de volúmenes las descubrió en el cubismo, dentro del que formuló su estilo severo y definido que le valieron éxitos comerciales y de crítica y premios nacionales e internacionales. Retrató a las personalidades culturales más notables del último medio siglo y fue el mejor ilustrador de la literatura clásica española en certeros trazos de carboncillos, plumillas, aguadas atrevidas y óleos de indiscutible magisterio.