El dardo

Año nuevo…

Año nuevo, vida nueva. Con nieve en enero, no hay año fulero. Propósito de año nuevo no dura el año entero. De amores el primero, de lunas las de enero. En enero no te separes del brasero… El refranero castellano es muy rico a la hora de recoger dichos, sentencias y máximas referidas al tránsito de un año a otro y al primer mes del año. Todas estas expresiones son algo así como el fruto de la sabiduría popular, de las experiencias de la gente, y suelen reunir y ofrecer enseñanzas, consejos y buenos deseos. ¿Y qué podemos esperar de este 2016 recién estrenado? Visto el panorama que nos ha dejado el año anterior, habrá que seguir plantando cara al cambio climático, acentuado desde hace unas semanas por el fenómeno de El Niño, ese ciclo variable de consecuencias meteorológicas extremas que nace en el Pacífico pero afecta a todo el mundo. También en el orden internacional continuará su curso el combate contra el terrorismo yihadista, aunque no es el único movimiento organizado que siembra la violencia con fines políticos. Más cerca de nosotros, el destino de la Europa comunitaria se va a jugar en distintos frentes, con el referéndum británico, la llegada de refugiados y la inmigración en el Mediterráneo en primer plano. Por cierto que algunos informes de inteligencia hablan abiertamente de un retorno de la inmigración irregular a las aguas canarias, de la inevitable decadencia de los regímenes populistas en América y del nuevo liderazgo estadounidense tras las esperadas elecciones presidenciales, que habrá de prestar más atención a dos de las potencias cada vez más activas e influyentes: China y Rusia. Ya en el orden nacional, el galimatías derivado de las elecciones del 20-D y el callejón sin salida de la política catalana tendrán que encontrar una salida, es deseable que por la vía que conduzca a la racionalidad, la estabilidad y el aseguramiento de aquellas políticas que mejor propicien el crecimiento económico, la creación de empleo, la justicia social y un reformismo capaz de modernizar las instituciones del país para colocarlas en la vía de la modernidad y la eficiencia. ¿Y en Canarias? En esta especie de ejercicio adivinatorio, bastaría con el Gobierno funcionara con honradez y rigor para confiar en que 2016 hará más felices a los ciudadanos.