Deja ver

Carta a Joaquín Casariego

¿Y ahora qué hago? ¿A quién le cuento mis proyectos y mis locuras? ¿Dónde encuentro alguien que se ilusione con mis cosas, tanto como yo? Va a ser difícil. Voy a echar de menos esas llamadas en las que te decía: “¿Qué pasa Nuevo?”. Y tú me respondías: “¡Ay!, ¿qué pasó Juan Carlín?”. Y ahí comenzaba una conversación que lo habitual era que se interrumpiera continuamente por risas de uno y otro. ¡Ah!, lo del Nuevo fue un nombrete que te puso el Naripa, que tenía arte para eso y que a ti te hacía gracia y te gustaba.

Han sido muchos años. Vivíamos cerca. Tú eras de la pandilla de la plaza los Patos y yo de la de Álvarez de Lugo. Jugábamos al fútbol en las Escuelas Pías de abajo y nos veíamos en el Club Náutico. Después vino la etapa del Instituto, pero nuestra amistad se fraguó cuando ustedes empezaron a estudiar arquitectura y yo todavía estaba en Preu. Noches enteras estudiando, que terminaban muchas veces en Casa Manolo el Gallito, para comer algo a altas horas de la madrugada. Bailes en el Club, en el Casino, romerías, carnavales, Orche, el Cintra, las primeras novias…

Cuando aprobé el Preuniversitario me fui a estudiar arquitectura a Las Palmas, no porque me gustara, sino porque era lo que estabas estudiando y yo lo que quería era estar a tu lado. Eras el compañero ideal para un soñador como yo. Siempre veías posibilidades de éxito a todo lo que se me ocurría. Mientras muchos veían como un disparate, mis pretensiones de dedicarme a la música, tú siempre me transmitías que yo sería capaz, que con la ilusión y las ganas que le echaba, al final lo conseguiría.
Primero vivíamos en la Residencia de Oficiales. Mientras yo dormía como los leones del Zoo, tú me dibujabas en diferentes posturas, haciendo prácticas para la asignatura de Análisis de Formas. Después alquilamos un estudio en Tomás Morales y como no teníamos un duro, hablábamos mucho uno frente al otro. Creo que de esta forma aprendimos a conocernos, a respetarnos y a querernos. Y nos hicimos fans uno del otro, mutuamente. Ambos asumimos que teníamos que triunfar en lo que emprendiéramos. Nunca nos condicionó el tiempo ni la distancia y siempre tuvimos claro que el otro siempre iba a estar ahí. Y así ha sido… Fui partícipe de todos tus sueños y tú de los míos. Tu doctorado, tu reto de llegar a ser director de la Escuela donde te habías formado, el llegar a dar clase en Harvard, Caracas… No te achantabas ante nada y apostabas porque viniendo de unas pequeñas islas, uno se podía comer el Mundo. Y así lo hiciste, que para eso siempre fuiste un tipo con buen apetito. Te convertiste en un referente en el tema de los frentes marítimos, waterfront, y no te tembló el pulso para presentarte a concursos hasta en Vietnam. A mí, escuchándote, se me caía la baba… ¡Nuevo!… de la plaza los Patos a Vietnam… ¿Quién nos lo iba a decir? Por tu parte, fuiste testigo de mis discos, mis conciertos, mis películas…
Con motivo del 20 aniversario de la Escuela y siendo su director, me organizaste una actuación para que cantara ante los que habían sido mis compañeros. Yo, en el último programa de TV que he presentado, Canta Canarias, te llevé de invitado. Con tu Estudio has dejado un importante legado: el edificio Woermann, que llegaste a presentarlo en el MOMA de Nueva York, el proyecto de reconversión del antiguo Estadio Insular, el Hospital San Martín, la Playa de Valleseco de Santa Cruz, el Paseo de la Costa del Puerto de la Cruz… ¡Has sido un grande, Nuevo! Se lo decía abrazado y desconsolado a Elsita, el día que te fuiste.

Puedes estar tranquilo, estoy seguro que tu Estudio Casariego-Guerra va a seguir haciendo grandes cosas. Y lo hará de la mano de otro de tus éxitos (el haber elegido a Elsa como compañera de viaje, en todo), con Noemí y la reciente incorporación de mi ahijado Jonay, tu espíritu va a seguir estando presente.
Tuve la suerte de poder pasar un rato contigo el domingo pasado. Los dos sabíamos que nos estábamos despidiendo y… ¡nos reímos, Nuevo, como no podía ser de otra manera! El Loco nos ayudó, que siempre ha sido un crack para eso. Pero… ¿quién me va a hacer la segunda voz como tú la hacías? Tenías esa facultad y cuando cantábamos juntos dejábamos a todos alucinados.

El Chaparro y el Naripa te habrán recibido con gran algarabía. No es para menos. Hasta me están entrando ganas de irme con ustedes. Porque… ¿y ahora qué hago, Nuevo? ¿A quién le cuento mis proyectos y mis locuras? ¿Cómo justificar la ausencia? Deja ver…