política

Cristina Almeida: “Las desigualdades con la reforma laboral son más sangrientas”

Cristina Almeida. | CEDIDA
Cristina Almeida. | CEDIDA
*Por Lidia Pestano

Diputada, senadora, fundadora de Izquierda Unida y destacada abogada laboralista. El currículum de Cristina Almeida es intenso y notable. Pero lo que más destaca en ella es su compromiso personal con las mujeres y la lucha sin cuartel por sus derechos. Durante el franquismo defendió ante los tribunales de justicia los derechos de los trabajadores y de los presos políticos. Tras la llegada de la democracia, centró sus esfuerzos profesionales en el campo del feminismo y la lucha por los derechos de la mujer. Entre sus innumerables actividades en esta materia, participó en las conferencias mundiales organizadas por Naciones Unidas en Nairobi, en 1985, y en Pekín, en 1995. En sus propias palabras: “Desde que fui consciente de la situación en la que se encontraban las mujeres solo por serlo, no he dejado nunca más de luchar y de tener visión de mujer para todas las cosas de mi vida”.

-Usted ha sido un referente para el feminismo, tanto desde la política como desde su actividad como abogada laboralista. Desde su punto de vista, ¿por qué cree que aún hoy se sigue pagando menos a las mujeres que a los hombres? ¿Cómo es posible que en Europa y en España todavía exista esa brecha salarial?
“A las mujeres se les paga menos por muchas cosas. La brecha salarial es una consecuencia más del machismo que rodea a la sociedad. Que los hombres tengan mayor sueldo forma parte del poder masculino de la sociedad. Yo comencé la lucha cuando me di cuenta de la situación. Para mí, ha sido un compromiso personal, donde iba mi propia libertad y estima y la de todas las mujeres. Por eso, desde entonces no he dejado nunca más de luchar y tener visión de mujer para todas las cosas de mi vida”.

-Cuando preguntas a los empresarios y empresarias o a personas con responsabilidad, siempre dicen que eso no es verdad, que se paga igual. Es decir, la percepción que tiene la sociedad es que no es cierto. ¿Por qué?
“Porque ellos se fijan siempre en el salario mínimo y nadie puede cobrar por debajo del convenio, pero luego hay infinidad de trucos para superar el convenio, y ahora ya, con la ley de reforma laboral, que suprime convenios y derechos y que permite contratar como quieren y para lo que quieren, es más difícil poder contrastar a qué se debe que unos ganen más que otros. Yo recuerdo un juicio muy importante, en el que las trabajadoras se dedicaban a colocar los frascos de perfume en una caja, y su puesto era el de peones, y los hombres llevaban esas cajas al montón de cajas y su puesto era el de peones especializados. Es decir, que realizando el mismo trabajo, solo por recoger las cajas, ya tenían más salario. Y esos desequilibrios se ven por ejemplo en que las mujeres ocupan menos puestos de dirección que los hombres y cuando llegan a ocuparlos, tienen menos salario. Y todo esto, con la reforma laboral es más sangriento. Ya no es solo una brecha salarial, es también una brecha laboral, donde la igualdad se rompe por la situación en la empresa, en los cargos de dirección, por las horas de trabajo, el horario, etcétera. Es decir, por el papel que juegan las mujeres dentro de la empresa. Esas cosas están disimuladas en la libertad del empresario. Aunque es cierto que se va produciendo un acercamiento gracias a la lucha de las mujeres y a que en el terreno se están dando cuenta que es mucho más rentable y mejor tener directivas mujeres, que crean mejor ambiente y clima laboral. Pero, por ahora, los patrones de mando son absolutamente masculinos y las mujeres que están presentes incluso siguen esos patrones en vez de luchar por otra forma de llevar la empresa”.

-¿Cree que hoy en día se hace ex profeso que un empresario o empresaria pague menos o que es algo que se produce sin apreciar realmente que se está pagando menos a las mujeres?
“Claro, es que ellos no se plantean que están pagando menos a una mujer. Ellos pagan lo que quieren. Buscan valores en unos y no los buscan en otras. En la sociedad está normalizado que las mujeres cobren menos, como es normal que se dediquen más a la casa que los hombres. Es decir, es la normalización de una desigualdad en la sociedad. Por lo tanto, los empresarios no son conscientes de eso. Son consecuencias de una ideología, no de un derecho.Creen que los hombres, al no tener obligaciones familiares se van a esforzar mucho más. En cambio, a la mujer le pesa la historia de la discriminación machista, y eso se hace ver en todos los rincones”.

-Además de la brecha salarial, ¿qué otras brechas existen en el mercado laboral, en cuanto al acceso y mantenimiento del empleo que afecta a la autonomía económica de las mujeres?

“En cuanto al acceso, ya de por sí, por el hecho de ser mujer te miran de otra manera y si tienes cargas familiares, mucho peor. Mientras a los hombres las cargas familiares les proporcionan una situación de prestigio, a las mujeres les ocasionan un retroceso, porque piensan que nos vamos a dedicar, por encima de todo, a esas obligaciones familiares y que eso va a producir absentismo laboral y un montón de cosas más. La visión negativa en el acceso supone que, entre elegir a una mujer, que se pueda quedar embarazada, prefieren contratar a un hombre. Y eso también se refleja en los contratos que se hacen a las mujeres, menos serios, con más precariedad, parciales, etcétera, para que las mujeres compaginen su tiempo libre con sus obligaciones familiares. En cuanto al mantenimiento del empleo, ocurre algo similar. No se considera la función social que tenemos las mujeres al tener hijos. Por otra parte, influye en el ascenso dentro de la empresa. Una vida laboral entrecortada y una mayor confianza en el liderazgo masculino, también le supone quedarse a unas determinadas alturas de responsabilidad en el trabajo. Todo esto es lo que va aumentando la brecha salarial, que es mucho mayor cuanto más alta es tu situación en el trabajo”.

-Entre los problemas de acceso y mantenimiento del empleo y la representación de las mujeres en la toma de decisiones que me está comentando, ¿cuál cree que es lo más prioritario de abordar en la
actualidad?

“Yo creo que la toma de decisiones es lo que iguala las cosas. La toma de decisiones repercute en el respeto de la mujer en el trabajo. Yo he estado en el Congreso de los Diputados 12 años y hacer la ley de igualdad, el que haya mayor participación en la política, las leyes de paridad, etcétera va situando otro nivel de encuentro de los hombres y las mujeres. Luego, claro, en momentos de crisis, es muy importante que el acceso al trabajo no sea solo para los hombres. Yo creo que lo más importante es cambiar la educación, la cultura y la política para que haya igualdad y obligar a que haya mujeres en los consejos de administración, es decir, cambiar la estructura de una empresa que no es igualitaria con las mujeres”.

-¿Las tareas de cuidados, mayoritariamente asumidas por las mujeres, tienen una consecuencia directa en su situación laboral?
“Claro. Por ejemplo, todos los recortes que se han producido en la Ley de Dependencia que se empezó a hacer para que los cuidados fueran un reconocimiento tanto laboral como social, e incluso salarial, a las personas que cuidaban, han provocado que la mujer haya tenido que dejar su puesto de trabajo, porque la discriminación social les asigna este rol. Hay que enseñar que los trabajos de cuidados son de todos y mientras sigan manteniendo que son habilidades de las mujeres, estas serán las más perjudicadas por cualquier recorte. Desgraciadamente, no hay conciencia de que los cuidados son obligaciones generacionales de los unos con los otros y no de las mujeres con todos. La conciliación tiene que ser algo más que quién cuida a los niños. Es cómo hacemos la vida en común, cómo se ponen unos horarios que dejen vivir a la gente y que no tengas que estar hasta las nueve de la noche en una empresa y que toda la agenda, sobre todo la de los hombres, esté dedicada a la empresa, y la de las mujeres esté dedicada a todo. Eso empieza a explotar. Pero mientras no explote, la cultura de la desigualdad siempre encontrará la forma de discriminar”.

-¿Por qué cree necesario que en las grandes empresas haya un cupo de mujeres en los consejos de administración y qué le parecen las prórrogas del Gobierno para que las empresas del Ibex 35 cumplan estos cupos establecidos por la ley de igualdad en los puestos directivos?
“El argumento del patriarcado es que con las cuotas entran las tontas. Es lo mismo que pasaba en política. En política nadie es tonto ni listo, o por lo menos no lo demuestra en ningún sitio. Porque si fuera por oposiciones, estoy segura de que habría muchísimas más mujeres que hombres en la política, porque las mujeres aprueban mucho más. Es decir, cuando es por méritos, los podemos tener, pero cuando es a dedo, el dedo siempre se va para el otro lado. Por eso, en el Ibex tiene que haber una representación de mujeres en todos los estamentos de la empresa. Las tiene que tener no solo en las puertas de los váteres, sino también en los consejos de administración, porque es una aspiración de la sociedad. El retraso en la aplicación de la ley es una forma para no aplicarla y seguir manteniendo la discriminación. Me parece un horror que no se tenga conciencia social de que el desarrollo de las empresas y del país se dé entre hombres y mujeres”.

-¿Ha vivido personalmente las consecuencias del techo de cristal, que dificulta el acceso de las mujeres a los puestos de dirección?
“El techo es tan transparente que por eso le llaman de cristal, pero si te estampas contra él lo notas inmediatamente. Ese techo va bajando según es la miseria de la sociedad y menos el espíritu igualitario. Es decir, el techo te lo puedes encontrar en cualquier nivel, siendo una mujer de la limpieza, que ves cómo ascienden más al hombre que a ti, o siendo la jefa de tu empresa y que hay otro que te está machacando y que te está empujando hacia abajo. Es precisamente la cultura de la sociedad y por eso todas nos damos contra él. El techo de cristal es que son muchos techos. Y claro que lo he vivido, en todo. Cuando ponemos las cuotas es porque en la política no se participa porque uno es listo o tonto, ni te eligen a ti porque eres mejor que otro. Es según el puesto que ocupas en las listas. Si tú eres Marie Curie y ocupas el puesto número 25 y salen elegidos 24, entonces no sale ninguna mujer, pero porque están mal colocadas, no porque no sean listas”.

-¿Qué no están haciendo desde su punto de vista las instituciones para mejorar esta situación en los últimos años y qué medidas políticas se tendrían que abordar para que la igualdad en el mercado laboral sea real y efectiva?
“Casi todo lo que no se ha hecho. Primero, la inseguridad en el trabajo afecta más a las mujeres, al igual que los recortes salariales, los horarios y la precariedad en el empleo. Es necesario hacer normas e inspecciones, porque la igualdad salarial se recoge en la Constitución, es un derecho fundamental. Por lo tanto, lo que tú tienes que tener es una política que persiga esas desigualdades. Y, sobre todo, controlar de alguna manera a las empresas que no colaboran en la igualdad. Por ejemplo, no pudiendo contratar con la administración si no cumplen con los derechos fundamentales de las personas. También es importante avanzar en el concepto de conciliación y corresponsabilidad familiar. Porque es verdad que va habiendo más conciencia de responsabilidad familiar conjunta, pero no vamos a la velocidad que se necesita para no seguir en la injusticia. Mi experiencia es que se sigue creyendo que los hijos son de las mujeres, y al final se reparten un poquito las tareas, pero la mujer sigue haciendo la mayoría de las cosas”.

*ENTREVISTA CEDIDA POR EL BOLETÍN DEL CENTRO INSULAR DE INFORMACIÓN, ASESORAMIENTO Y DOCUMENTACIÓN DE GÉNERO DEL CABILDO DE TENERIFE (CIIADG)