LA ENTREVISTA DEL DOMINGO

“Desde 2014 nuestros clientes ya piden pequeños préstamos, y esa es una buena señal”

La experiencia acumulada en tres largas décadas de bancario, como prefiere que lo llamen (“porque banqueros son los dueños de los bancos”), hacen de Andrés Orozco Muñoz, recién prejubilado como director territorial de La Caixa en Canarias, uno de los hombres con la mejor agenda de las Islas y las puertas abiertas en todas partes. Al cabo de 17 años al frente del primer banco en el Archipiélago y en España, tras liderar un sinuoso proceso de integración de CajaCanarias en La Caixa, Orozco confiesa en esta entrevista, a raíz de su marcha, que se va “con heridas de guerra” y dolor por las escenas dramáticas de la crisis. En esta última aplicó la máxima de su presidente, Isidro Fainé, “no cruzar la raya roja, preservar a las familias”. De hecho, La Caixa en las Islas, contra todo pronóstico, no ejecutó ni un solo desahucio, el estigma que mancha la imagen de la banca durante estos años de insolvencia.

El premio Tenerife a la Solidaridad que le entregó Mírame Televisión en su gala del décimo aniversario reconoce en él un talante de banca con rostro humano. Llegó un momento en que todos los estragos -la crisis, la fusión, el estrés- pasaron factura a este toscalero hijo de concejal y nieto de ministro, y ese día el médico le dijo que había que reparar el corazón por avería.

-¿A qué tipo de intervención se sometió?
“Me han hecho un trabajo de fontanería. Me colocaron dos stents, dos tubos diminutos de malla para mantener abierta dos arterias del corazón. En una revisión rutinaria de la tensión arterial, porque soy hipertenso, saltó la alarma. Me hice un escáner y, cuando me dieron los resultados, a las 12 de ese día ya me estaba operando por urgencia en la clínica San Juan de Dios, con un espléndido equipo médico. La genética y la edad contribuyen, y algo que yo siempre negaba, el estrés, pues va a ser verdad”.

-¿Entrañaba riesgos?
“Sí, tenía el 25% de probabilidad de sufrir un infarto durante la operación. ‘¿Usted está preparado para ese caso?’, le pregunté al médico, me dijo que sí, y me puse en sus manos y las de Dios. La media hora que duró permanecí despierto. Yo parecía Paquirri, ‘doctor, haga lo que usted considere’. Solo me había operado antes de menisco y de apéndice. En ese ratito piensas en toda tu familia y te pones a rezar. Cada vez creo más en Dios, pienso que Dios me ha ayudado. Mi presidente, Isidro Fainé, me llamó y me dijo: ‘Dios te estará acompañando’. Esas cosas se agradecen. Los médicos lo llaman operación. Yo lo llamo acojonamiento”.

-Hay otros dos Andrés Orozco, abogados y políticos: su abuelo y su padre. ¿Qué huella le dejaron?
“Mi abuelo y mi padre eran personas buenas. Mi abuelo fue alcalde y ministro y tenía un gran compromiso social. Mi padre tuvo dificultades en la vida, era un animal político, vivía la política con desmesura, no tuvo límite ni suerte. Abandonó su despacho y se entregó en cuerpo y alma a su Santa Cruz, a su Tenerife querido como concejal y teniente de alcalde con Doblado y Loño, casi sin cobrar. Gracias a que los abuelos nos hacían la compra de la semana. Pero nos sentíamos orgullosos de mi padre. Uno aprende más cuando pierde que cuando gana. Eso me lo enseñó él, que perdió dos elecciones a procurador en Cortes. Tenía entereza y dignidad en la derrota”.

"Isidro Fainé, más que presidente de un banco, es un hombre de Estado”. / ANDRÉS GUTIÉRREZ
“Isidro Fainé, más que presidente de un banco, es un hombre de Estado”. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

-¿Ser toscalero marca?
“Toscalero de nacimiento. Yo nací en San Francisco Javier esquina a Méndez Núñez, muy cerca de la Palmera del Parque García Sanabria, al lado del Ideal Cinema, que por la mañana era una cancha de baloncesto y balonmano, y por la noche un cine de verano. Domingo, el portero, era una autoridad en el barrio, de él dependía que pudieras entrar con la patineta. Y por la noche, Domingo era el que cobraba las entradas del cine. Hace cincuenta y tantos años, Óscar el farmacéutico era el líder del barrio. Nosotros teníamos 12, 13 años, y él con 19 ya tenía la farmacia puesta, y nos contaba en sus tertulias las andanzas universitarias en Cádiz, o se remangaba la bata y se ponía a jugar con nosotros al fútbol. No pasaban coches. Cuando venía la guagua, parabas. Y cuando llegaba María la Chivata, la furgoneta de la Policía Local, el guindilla te quitaba la pelota y tú pensabas en el cogotazo de tu padre. Y estaba don Paco, el del carrito del Parque, que tenía un cartel que decía, Viva España, donde comprabas un bocadillo de chorizo de perro, una suela, la patacabra o la melcocha. Había monos en el Parque; una vez no nos dejaron pasar al salir del colegio, porque se escapó uno y lo sacrificaron. El Parque era el jardín de casa. Allí iba con la bicicleta y cogíamos tamarindos, que estaba prohibido. El guardia del Parque imponía. Cuando me pillaba, me llevaba a mi padre para que me reprendiera. Era la época de las botas de agua, llovía mucho, y la mayor ilusión era ponértelas. La Palmera del parque era el punto de encuentro. Y al fondo, la abuela de un amigo tocaba el violín en el balcón por las tardes y se oía en toda la calle”.

-¿Atravesar el desfiladero de la crisis le partió el corazón?
“Se pasa muchísima tristeza. No siempre puedes hacer lo que el corazón te pide que hagas. Tienes que buscar el equilibrio entre la razón y el corazón. Al margen de ello, he podido trabajar en algo que me apasionaba, con un equipo compacto que creció conmigo. Siempre supe que prestaba un servicio a mi tierra.Era consciente de la importancia de un banco como el nuestro para las Islas”.

-No ejecutó ningún desahucio. ¿Cómo lo hizo o, mejor, cómo no lo hizo?
“Eso lleva la marca de Fainé. Ha sido posible porque el mejor presidente que pueda tener un banco lo tenemos nosotros. Isidro Fainé es un firme convencido de los valores éticos. Nuestra política es clara: el apoyo a la familia y no caben desahucios. Fainé nos imbuía de la obligación de rompernos la cabeza para buscar siempre una solución. Poder decir cero desahucios en toda la crisis es motivo de orgullo”.

-¿Por eso usted se ha definido como un fainesiano?
“Es una palabra que me he inventado. Fainé es un hombre de un origen muy humilde, una persona emotiva y comprometida. Lo que es Caixa y lo que CaixaBank tiene de distinto del resto de la banca española y europea se debe a la impronta de Isidro Fainé, que ha dicho, si quieren que sea presidente, este banco no puede hacer exclusión social y tiene que desarrollar una Obra Social ambiciosa. Yo diría que hoy Isidro Fainé, más que presidente de un banco, es un hombre de Estado”.

-En 2012 en las Islas las empresas y las familias padecían la persecución de la banca.
“No pudimos evitar vivir situaciones dramáticas, siendo una banca distinta al resto, y es verdad que en el camino nos hemos desgastado. Esa herida me va a acompañar el resto de mi vida”.

-¿La prejubilación es la cicatriz?
“En cierto modo, sí. Yo era el decano de los directores regionales de banca en Canarias y de los directores territoriales de Caixa en España. Era evidente el final de un ciclo en el plan estratégico de Caixa y en nuestra economía, con la recuperación. Y no puedo negar que estos años alguna factura personal me han pasado”.

-El premio Tenerife a la Solidaridad (Mírame Televisión) fue, por tanto, la guinda.
“Manuel Artiles con su canal ha demostrado mucha valentía. Es un premio a 1.500 personas que trabajan en La Caixa en las Islas, de las que yo soy la cara visible. No han podido darme un regalo mejor en la prejubilación. Además, cayó un 24 de noviembre, que es mi fecha clave: ese día murió mi padre y en Caixa siempre me nombraban un 24 de noviembre, tanto director regional, como luego subdirector general y director ejecutivo”.

-Usted tiene más de 30 años de experiencia en banca y un raro prestigio dentro de un oficio muy difamado. Y además, su empresa no lo quiere soltar. ¿Qué va a hacer?
“Mi presidente y el director general me han propuesto que presida un consejo asesor en Canarias y reconozco que me ilusiona el encargo. Será un consejo de gente independiente, como un termómetro de la calle que ayude en su actividad al nuevo director territorial, Juan Ramón Fuertes, una persona de gran bagaje”.

-En la historia de La Caixa y en la suya hay un nombre propio: el de Alejandro Plasencia.
“Le debo mucho profesional y personalmente. Era el director general del Banco de las Islas Canarias, mi jefe, cuando yo dirigía la oficina de Triana. Él trabajaba en el piso de arriba y un día me llamó y me presentó a Isidro Fainé, que era subdirector general de La Caixa, una entidad poco conocida, circunscrita a Cataluña. Aquella reunión de ambos fue la semilla de la posterior integración de las dos entidades, y Plasencia se convirtió en el director regional de La Caixa. Fue un deportista de élite, jugó al baloncesto en Primera con el Náutico. Era abogado, había sido interventor de Hacienda. Fichó por la banca y se enamoró de la profesión. Fue el primer no catalán director general y vicepresidente de la Fundación Caixa, la más importante de España, la segunda de Europa y la cuarta del mundo. Y ahí estaba un hombre nuestro”.

-¡La Fundación de los 500 millones! ¿Es marketing o es verdad?
“Es que desde hace siete años, pese a la crisis, mantiene ese presupuesto para Obra Social: infancia, juventud, mayores, discapacidad y exclusión.
En Canarias donde se destinan 12 millones- combate el paro a través del programa Incorpora y ayudas al emprendimiento”.

"Soy testigo de que, bancariamente, la crisis comenzó antes aquí, en    agosto de 2007”. / ANDRÉS GUTIÉRREZ
“Soy testigo de que, bancariamente, la crisis comenzó antes aquí, en agosto de 2007”. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

-La infanta Cristina trabajaba a las órdenes de Plasencia.
“Sí, guardo una relación muy buena con ella, le tengo gran afecto. Es una excelente persona”.

-A usted le tocó en 2012, el annus horribilis, el triple salto mortal de integrar CajaCanarias en La Caixa. ¿A qué Virgen se encomendó?
“Ha sido el reto profesional más importante de mi carrera. Era entrar en una casa centenaria con un arraigo enorme y unas cuotas de mercado inauditas. CajaCanarias había conseguido lo más difícil en el mundo bancario: la confianza del 50% de la población. Daba vértigo. Nos arriesgábamos al rechazo de la sociedad; era clave preservar las raíces y generar confianza. Hubo que tocar muchas puertas de pequeñas y medianas empresas e instituciones. El proceso culminó de modo muy positivo. No siempre tuve todos los apoyos locales. Son heridas de guerra. Era el éxito o la tumba, apasionante y durísimo, y me siento orgulloso. Hoy colaboramos con la Fundación CajaCanarias en los desayunos escolares, por ejemplo, para 12.000 niños en toda Canarias”.

-Cuando eran Caixa y CajaCanarias no se podían ver y tenían sus forofos.
“Éramos rivales. Hasta tal punto que, siendo David Cova director general de CajaCanarias y yo director regional de La Caixa, coincidíamos en la zumería Viva María y cada cual sabía quién era el otro, pero no nos hablábamos. Nadie nos había presentado y los dos cogíamos nuestro periódico y nuestro zumo. Hasta que el destino nos puso en el mismo camino y, en apenas año y medio, desarrollamos una estrecha amistad. Mi competidor de toda la vida al final fue un amigo y una persona admirable, generosa y eficaz durante el proceso de integración. Quisimos prejubilarnos juntos, dando por acabado nuestro ciclo, pero los jefes aceptaban a uno, el paquete completo no. Venía caminando la integración de Barcklays, cosa que yo no sabía. Volví a plantearlo, y creo que los dos stents han ayudado lo suyo. Mi reto ahora es ser feliz”.

-¿Qué es la felicidad en una vida de números y corbata como la suya?
“Añoras al niño en su inocencia, El Toscal del que hablábamos, y vas dejando personas que quieres en el camino. Cumplir años solo tiene dos cosas buenas: la experiencia y la capacidad de relativizar. Tratas de aprovechar pequeños momentos, recrearte en ellos. Y eso, entonces, es ser feliz”.

-¿Jubilarse, en su estatus, da miedo?
“Desde luego. Yo llevo La Caixa en las venas. Cuando afrontas jubilarte, sientes miedo al vacío. Pero cada día que pasa empiezo a dar sentido a otras muchas cosas. Quiero ser útil en entidades humanitarias, devolver a la sociedad lo que me dio”.

-¿Qué musculatura tiene hoy La Caixa en Canarias?
“Estamos, prácticamente, en el cien por cien de los municipios (unas 260 oficinas, incluidas las recientes de HolaBank y AgroBank) y tenemos la mayor red de cajeros (casi 600), cuando la entidad que nos sigue creo que tiene ciento y pico. Y a ello se suma la banca online de La Caixa, considerada la mejor de Europa. Lo más importante de esta plantilla de 1.500 personas es que son jóvenes (38 años de media) pero veteranos, con formación universitaria. Yo creo mucho en el liderazgo delegado, en el empowerment, marca de La Caixa, de Fainé y Juan Antonio Alcaraz, mi director general. Ese equipo ha sido clave en la crisis y lo será en este período, que a ver si es de color esperanza, como dice la canción, durante el plan estratégico 2015-2018, marcado por la reputación, la digitalización, la rentabilidad y el nivel profesional”.

-¿Y qué color tienen las Islas, qué información maneja?
“Hay personas inmersas en la mayor de sus crisis y otras que ya están fuera de peligro. Mientras Canarias soporte estas cifras de paro sería irreverente hablar de normalidad. ¿Eso significa que seguimos en el pozo? No. Estamos observando desde 2014 que nuestros clientes (cubrimos casi el 50% de la población de Canarias y somos un buen termómetro) han empezado a pedir pequeños préstamos. Esa es una buena señal”.

"La frase de Draghi, ‘haré todo lo que sea necesario, y, créanme, será suficiente’, el 26 de julio de 2012, fue providencial. Dio confianza a los mercados". / ANDRÉS GUTIÉRREZ
“La frase de Draghi, ‘haré todo lo que sea necesario, y, créanme, será suficiente’, el 26 de julio de 2012, fue providencial. Dio confianza a los mercados”. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

-¿Tener un millón de clientes -la mitad de la población- no es un farol?
“Es una responsabilidad. Un millón de titulares, personas que tienen algún tipo de relación con La Caixa, cuentas, depósitos, préstamos…, en efecto es un factor de responsabilidad. Equivocarte, una estrategia errónea, repercute en el 50% de la sociedad”.

-¿Qué tal se ha llevado con los presidentes de Canarias?
“He conocido a cinco: Manuel Hermoso, Román Rodríguez, Adán Martín, Paulino Rivero y Fernando Clavijo. Con los cinco tuve buena relación”.

-Bastó una cena suya reciente con Paulino Rivero y Miguel Concepción como detonante de especulaciones.
“Fue una comida de personas que se conocen y se mantienen en contacto. Con Adán Martín labré una buena amistad después de ser presidente. Y ojalá Paulino Rivero un día me considere amigo suyo. Son personas que se han portado bien conmigo”.

-¿Cuál fue el momento más crítico de Canarias en estos años de testigo de excepción?
“Hubo una situación de parada cardíaca en el sector turístico justo antes de la crisis económica. Pero en esta crisis es cuando he visto la peor cara en los ojos de la gente; mucha tristeza, pena y sufrimiento, mucha desesperanza. Todos nos preguntábamos ¿hasta cuándo? Crisis habíamos tenido en los 80 y 90, y duraban dos años. Esta parecía eterna. En agosto de 2007 empecé a detectar aquí señales de que algo estaba pasando. En las reuniones periódicas en Barcelona cada 20 días, yo empezaba a hablar de una situación y de datos de morosidad que en la Península se extrañaban. Bancariamente, la crisis había empezado antes aquí. Me estaba quedando fuera de la fila con mis datos discordantes. En esas reuniones Canarias estaba en el centro del debate sobre lo que estaba ocurriendo. Después, fue Levante y más tarde el resto de España. Siempre las crisis empezaron aquí. Disponemos de una herramienta potente para salir adelante, el REF, pero no tenemos conciencia de lo que nos aporta día a día”.

-La liquidez ha vuelto por los estímulos de Draghi. ¿Estamos a salvo?
“Hace tres años se vivió el peor momento. No se sabía si Europa quebraba. Así de claro. Pero, afortunadamente, las medidas del presidente del BCE surtieron efecto”.

-¿O sea que desde su puente de mando vio peligrar el sueño europeo de su generación?
“Totalmente. La frase de Draghi, ‘haré todo lo que sea necesario, y, créanme, será suficiente’, el 26 de julio de 2012, fue providencial. Dio confianza a los mercados”.

-¿Usted también creía inevitable el rescate de España?
“Es que era un tsunami. Que te tocara era cuestión de tiempo. A principios de 2007, le dije a la periodista Teresa Cárdenes, ¿tú crees que la situación en EE.UU. va a influir en que una persona decida comprarse o no una casa en San Mateo? Pues el tiempo ha demostrado que yo estaba equivocado. Sí afectó. Y es ese tsunami. Yo soy un hombre de acción, como directivo. Y Rajoy da la impresión de tener una paciencia infinita. El tiempo dirá si acertó. Lo mismo pasará con Zapatero, al que ya se le concede algún acierto en determinadas medidas”.

-¿Como profesional, qué impacto le produjo ver caer en 2008 a Lehman Brothers, un icono de Wall Street que había sobrevivido al crack del 29?
“Era como si Dios se cayera del cielo. Y me asusté. Yo no supe en aquel momento valorar el efecto contagio demoledor que eso iba a tener. Todo el mundo empezó a desconfiar de todo el mundo. La crisis de confianza”.

-¿Quién es Juan Ramón Fuertes, la persona a quien entrega el testigo?
“Juan Ramón es un histórico de Caixa, con 30 años en el banco. Una persona hecha a sí misma, que ha pasado por todos los estamentos hasta ser adjunto del director general. Cuando fue director territorial de Baleares, según me dijo, le marcó para siempre el hecho insular. Una persona de su valía significa que nuestro territorio es de mucha importancia para La Caixa”.

-¿Hasta dónde lo ha llevado la vocación de voluntario?
“Pues hasta el sitio donde hay más sida y malaria del mundo, un pueblito de Mozambique que se llama Manhiça. Estuve en 2008 y repetí, en cada ocasión tres semanas, a través de La Caixa, con cargo a mis vacaciones, para trabajar en el plan estratégico del centro de malaria, donde conocí al español Pedro Alonso. En Nuadibú (Mauritania), con los rotarios, acompañé a un equipo de oculistas y dentistas. Y colaboro con el programa de paliativos de La Caixa; estamos creando un equipo de acompañamiento; ya existe en el Negrín, y vamos a ponerlo en La Candelaria”.

-¿En qué salpica a La Caixa la deriva catalana?
“En esto es mejor hablar con hechos y no con palabras. ¿A dónde ha mirado La Caixa como su mercado natural?¿Cuál ha sido la apuesta de su expansión mientras otros bancos preferían internacionalizarse? La Caixa siempre ha mirado para España, entiende que es donde tiene que estar. Por eso en España es el primer banco, y Santander y BBVA necesitan sumar su dimensión exterior para superarnos. Pese a que hoy se valora mucho la banca online, un factor determinante para que una persona abra una cuenta en un banco u otro es la cercanía. ¿Efecto en la entidad del proceso catalán? Ninguno”.

-Dígame usted, un toscalero con años de servicio en Las Palmas, ¿somos tan distintos en Tenerife y Gran Canaria?
“A Gran Canaria le tengo una gratitud enorme, porque allí me ayudaron muchísimo. No somos tan distintos como nos hacen creer. En el fondo, somos iguales. Mi padre era un integrista chicharrero y yo he sido todo lo contrario. El pleito es de esas cosas absurdas que nos hacen mucho daño. Ojalá un día Canarias una fuerzas y esfuerzos. Es lamentable la suma de recursos gastados, generación tras generación, como consecuencia del pleito insular. Por razones de economía de escala deberíamos operar juntos. No tiene sentido, pero tiene difícil arreglo”.

-Le hago la pregunta de pie. ¿Cómo se nos ve desde un banco?
“Mis paisanos son personas próximas, cariñosas, afables. Cuando me preguntaban el nombre, ‘¿tú cómo te llamas, mi niño?’, ‘¿yo?, Andrés’, mi madre añadía, ‘¿qué se dice?’: ‘para servirle a Dios y a usted’. Sabemos servir en el sentido digno de la palabra. Aquello de que para servir hay que servir. El canario es una persona noble. Pero también tenemos nuestros defectos. Nos miramos demasiado el ombligo, sin querer ver más allá del contorno de las Islas, y debemos levantar la mirada, pertenecemos a un mundo global”.

-¿Qué clase de mundo es este?
“El otro día leía un artículo, que se titula One hundred (Cien), de la Universidad de Columbia. Todos los años hace el ejercicio de reducir a cien los habitantes del planeta. ¿Cómo sería hoy este mundo si lo lleváramos a cien? De cien, sesenta son chinos. La lengua que más se va a hablar va a ser el chino; la segunda, la española empatada con el inglés. Habrá cuarenta niños. Y de ellos más del 50% va a vivir con un euro al día. Nos espera ese grado de pobreza. Pero gastamos muchos recursos en la guerra. A alguien pacifista como yo, eso le apena”.


CUANDO HABLABAN MAL DE MI PADRE POR LA ESPALDA

Cuando culminó la integración de CajaCanarias en el sistema de La Caixa, ese fin de semana de marzo de 2013 hubo una noche de cajeros locos, en que se corrió el rumor en las redes de que los dispensadores regalaban dinero, y muchos recorrieron el casco metropolitano haciendo acopio, pues las extracciones no quedaban reflejadas en el saldo, hasta que al lunes siguiente las cuentas reales mostraron la deuda. Fue la anécdota agridulce de un proceso de fusión que discurrió sobre un alambre bajo cierta expectación pública. Andrés Orozco, que se llevó aquel disgusto y sorteó el mal trago tecnológico en pocas horas, posee habilidades reservadas a los diplomáticos. Es discreto, no hace montañas de los contratiempos; supo orillar la guerra del petróleo del Gobierno canario contra las prospecciones que promovía Repsol -empresa participada por CaixaBank-, y convino, a su vez, con el Ejecutivo los planes para financiar la rehabilitación turística. En los momentos de mayor descrédito de la banca de carlanca de cuello blanco y tarjetas black, que ha sido implacable con los morosos, Orozco llegó a recibir el apelativo de banquero bueno. Es su mérito haber encarnado esa contrafigura más cercana a un banco de alimentos que al sistema financiero en el ocaso de los dioses. Ahora, con 63 años, anotó cuatro cosas en su libreta al jubilarse y pasar de jefe de 1.500 empleados a jefe de sí mismo: la familia, el compromiso social, la sociedad civil y quererse más, hacer ejercicio, cuidar la carrocería. Sería un buen coach. A los pocos días se ha ido llenando de cometidos. En la Asociación Española Contra el Cáncer, a Juan Julio Fernández, que la preside, le faltó tiempo para sumarlo a su causa. Andrés Orozco es un mirlo blanco que anda suelto desde que se apeó de la cúpula de La Caixa. Antes de enfundarse la camiseta de este banco probó suerte en otros frentes. “Como buen chicharrero, trabajé dos veranos en CEPSA, en la Refinería, en mi etapa universitaria, y me tocó Almacén”. Intentó ejercer como abogado formando equipo con su padre (“nos queríamos mucho, pero a los seis meses obtuvimos el grado de incompatibilidad”) y a partir de ahí se buscó la vida: cobrando bien seguros o facturas de una empresa de transportes, peregrinó por distintas compañías y fue comercial de Contenemar. Pero esa no era la última estación. “Me presenté a un montón de trabajos, hasta que el Banco Santander me dio una oportunidad”, y se fue a vivir a Las Palmas, donde fundó una familia y empezó una carrera de tres décadas desde abajo. Hijo y nieto de políticos, no siguió los pasos de la estirpe. El padre, Andrés Orozco Maffiotte, se enroló en el Ayuntamiento de Santa Cruz cuando la política no era retribuida como hoy. “La hacían los ricos y él no lo era”. El abuelo paterno, Andrés Orozco Batista, también abogado, llegó a alcalde y ministro con Lerroux (de Industria y Comercio) y fue representante español en el Tribunal Internacional de La Haya. “Se murió siendo yo un niño, era un gran personaje público, pero yo conservo el recuerdo de su ternura”. Y cita su afición a jugar al ajedrez en la Casa de Socorro, al lado del bufete que tenía en José Murphy. El tercer Andrés Orozco de la saga familiar ayudaba a su padre en las frustrantes campañas electorales a procurador en Cortes. Una de las cosas que más le dolía era “oír hablar mal de él por la espalda entre quienes se decían amigos suyos, en mi presencia, sin saber que era su hijo”. Orozco padre, amigo y conmilitón del periodista Ernesto Salcedo, escribía artículos efusivos sobre el terruño y era habitual mantenedor de fiestas de pueblos. Su hijo lo acompañaba siempre “para que regresara conmigo a casa, y porque él no conducía el Seat 850 de la familia; mi madre me mandaba de escolta”. Cuenta que tenía “una oratoria extraordinaria”. Pero no logró salir elegido procurador en Cortes por el tercio familiar. “Se llevaba el disgusto, y enseguida se reponía y sabía aprender de las derrotas, algo que luego para mí ha sido una lección capital en la vida”. Los candidatos se anunciaban por megafonía entre anuncios de guateques. Pasaba el coche convocando a los bailes de la sala Ortigal y después sonaba una canción con el estribillo electoral de “Orozco será a,a,a,a, el procurador o,o,o,or”. La que mandaba en la casa era ella, Ana María, la madre, que murió en marzo a los 84 años y sacó a los cuatro hijos adelante. Cuando el mayor, Andrés, cursaba primero de Derecho, los padres fueron a Roma a anular el matrimonio. Bajo ese caos familiar, Andrés no era buen estudiante, hasta que hizo las milicias y acabó la carrera con buenas notas. Las milicias se dividían en tres etapas. Y la tradición aconsejaba firmar un compromiso de un año con el Ejército, “porque, a cambio, hacías el campamento en tu tierra y nunca te llamaban para cumplir ese año”. Sin embargo, lo llamaron. “Y pasé de sargento en Alcalá de Henares uno de los años más divertidos de mi vida y, de paso, aprendí disciplina, que no me vino nada mal”.