los protagonistas

¡Felices Reyes!

1. Mi padre nos subía a la azotea, cuando anochecía, para que viéramos la impresionante caravana de Oriente, sobre la montaña. Eran las luces, entonces escasas, de la parte alta de La Orotava, pero nosotros creíamos a pie juntillas que aquella era la tropa de pajes y camellos de los Magos de Oriente. Luego nos íbamos a acostar, pero yo escuchaba a mi abuela empaquetar los regalos, haciéndome el dormido, con el ruido inconfundible del papel de empaquetado que mi abuelo mandaba traer de la cooperativa que él presidía, el SAO (la Sociedad Agrícola Orotava). Más tarde le cedió mi abuelo la presidencia a su pariente Pepe Arroyo. Dios mío, qué tiempos. El día de Reyes era un festival en casa. Todos poníamos el zapato y todos esperábamos el milagro de cada año, despiertos desde el amanecer. Recuerdo que mis hermanos y yo temblábamos. En la mesa del salón, unos polvorones abiertos “por los Reyes” y un vaso de agua a medio llenar, porque según mi padre los Reyes traían mucha sed. No nos atrevíamos a tocar el vaso. “¿Y los saludaste, papá?”; “claro que sí”. “¿Y te conocieron, papá?”; “sí, sí, ellos nos conocen mucho, y a los abuelos y a mamá también”.

2. Noche de ilusión y que dure. Y estos mastuerzos de la izquierda troglodita que se quieren cargar las tradiciones. ¿Cómo puede haber gente tan bruta? ¿Es que sus niños no tienen Reyes, es que ellos no viven estas fiestas que a algunos les pueden no gustar pero que los niños disfrutan como nadie? Mi padre gozaba como nosotros en estos días. A él le encantaban los regalos y montar el portal de Belén. De hecho, en casa, en la planta baja, había una habitación a la que llamábamos “el cuarto del portal”. Mi padre traía unas figuras preciosas, no sé de dónde, y bajo un árbol colocaba al pastor haciendo sus necesidades. En Cataluña lo llaman caganer, que debe significar cagón en castellano.

3. Mañana, en millones de hogares de este país, se celebra la fiesta más maravillosa que nadie pueda vivir. Esta noche llegan los Reyes, en los tiempos modernos en helicóptero. Todo cambia. Ya no suben a las montañas para bajar pesadamente, con su carga de regalos. Ahora vienen por el aire y, ya en tierra, se pasean en camello.