ECONOMÍA

El Gobierno canario controlará el etiquetado de la carne fresca

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Los inspectores de Salud Pública y de Comercio y Consumo del Gobierno canario iniciarán a partir del próximo mes de febrero una campaña de inspección para el control de la información en el etiquetado de los productos cárnicos frescos en las Islas. Según informaron ayer desde la Consejería de Economía en un comunicado, la campaña de inspección, que se desarrollará a lo largo de todo este año, tiene como objetivo controlar y garantizar que la información que se proporciona a los consumidores en el etiquetado de la carne fresca que se comercializa en el Archipiélago es real y cumple con todos los parámetros que establece la normativa vigente.

La directora general de Comercio, Ángeles Palmero, indicó que la campaña se desarrollará en las diferentes islas y está dirigida “a verificar que los establecimientos de venta de carne fresca en Canarias, ya sea en grandes superficies o en mercados municipales, exponen de manera correcta la información del producto”. Los técnicos de la inspección de Salud Pública serán los encargados de dirimir si la información que se proporciona en el etiquetado es veraz o no. De manera paralela, se iniciará una campaña de información dirigida, esta vez, a los mataderos insulares.

Los productos frescos cuestan el doble

El inicio del año ha venido acompañado, en lo que se refiere al diferencial de precios entre lo que reciben los agricultores y ganaderos por sus productos y lo que pagan por ellos los consumidores, por un aumento de ese diferencial. Así, si en diciembre de 2015 los precios entre origen y destino se multiplicaron por 2,48, en enero este valor fue de 2,65, lo que supone que los consumidores pagaron 2,65 veces lo recibido por el productor, según el Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) que elabora mensualmente COAG-Canarias.

Entre los productos agrícolas, los mayores diferenciales se produjeron en el caso de la col repollo, por la que los consumidores pagaron 5,55 veces lo recibido por el agricultor; el calabacín, que los agricultores cobraron a 0,21 euros el kilo, mientras que en los puntos de venta estaba a 1,14 euros el kilo, y la acelga, cuyo precio en origen fue de 0,67 euros el kilo y el de destino 3,16 euros el kilo. En el caso del calabacín, la col repollo o la lechuga, lo recibido por el agricultor no le permitió, ni tan siquiera, cubrir sus costes de producción.