cuestión de grises

Guerra de silencio – Por Indra Kishinchand

En un documental sobre su trayectoria profesional, el fotoperiodista Gervasio Sánchez recuerda que durante la Guerra de Bosnia había muchas personas que se divertían matando.

El horror me ha inspirado a escribir y no he podido resistirme a ese estúpido impulso. He contemplado la guerra desde la lejanía de una pantalla, tumbada en la cama de una casa de 140 metros cuadrados y con 600 euros en la cuenta del banco. Me he sentido miserable al pensar que hay días en los que no me apetece levantarme del mismo lugar que ahora me enseña la contradicción; aún más al darme cuenta de que mis palabras son sangre invisible. He tenido ganas de llorar y ni siquiera he podido; al contrario, he aguantado la pena a sabiendas de que eso significaría que nunca la volvería a notar igual.

Me ha invadido la culpabilidad cuando me he percatado de que nada de lo que tengo me pertenece y que todo se lo debo a todos; ni siquiera entonces he tenido el valor de perdonarme y he entendido que, en esta ocasión, el esfuerzo no valdría la pena. Deduzco, sin embargo, que la culpa no sirve sino para ahogar la verdad y que ha llegado el momento vivir mucho y bien a pesar de todo. Me ha apetecido enfrentarme al mundo para decirle que, al fin y al cabo, es mejor morir en versos que en balas, y que así es como lo haré a partir de hoy.

Aprovecharé para confesar que estas palabras no significan olvido, solo revolución. El miedo que provoca la contienda se combate con certezas y no hay peor enemigo que el silencio ni mejor aliado que la pasión.