tribuna villera

El Hierro, perla turística y cultural

El Hierro es una isla muy especial, por su identidad cultural y por su diversidad natural. Está alongada sobre el océano Atlántico desde la ventana occidental del archipiélago de Canarias, mirando para América desde siempre. Es una de esas islas remotas que hoy se conocen en la geografía mundial, en la región macaronésica del Atlántico norte. Fue de las primeras en ser incorporadas a la corona de Castilla a principios del siglo XV, vía señorial, cuando la conquista. Es un pequeño edificio telúrico nacido de los fondos marinos alejados del continente de África, con muchos volcanes en su piel. El último de ellos, submarino, data del otoño de 2011, envuelto en un mar de calmas. Gracias a la metafísica del Garoé y a la poesía, la isla está trascendiendo al mundo entero, particularmente por el referente energético de La Gorona del Viento, donde combina el agua con el soplo eólico, entre el mar y Ventejís. Donde se destilan gotas de energía como el Garoé del siglo XXI, en palabras del técnico herreño Tomás Padrón. Es El Hierro una isla joven pero bíblica donde no faltan la leche ni la miel, ni el cordero ni los higos. Tampoco el vino ni los frutos del mar. Poco poblada, quizás por ser la más pequeña (278 km2) o por su altura (1.500 m.), fue la raya del mundo que marcó en Orchilla los referentes geográficos de los imperios europeos, y sirvió de referencia cuando el viaje de Colón a las Américas. En El Hierro se habla un castellano arcaico, en palabras de Dulce María Loynaz, Premio Cervantes en 1992, y es un lugar en el que se percibe claramente la relación Canarias-América, donde Venezuela y Cuba son referentes de identidad transatlántica. Al igual que Valentina y María Mérida, como voces de Canarias en el mundo. Es también una isla donde se protege la biosfera por sus recursos, como los lagartos gigantes de Salmor y las sabinas de La Dehesa o la bajada de la Virgen de los Reyes recordando épocas de sequía, siglos XVIII y XX. No obstante, es escaso el turismo que la visita a pesar de la riqueza submarina, famosa en el mundo entero. Como lo fue en el siglo XV el Garoé sagrado de los bimbaches, mitad naturaleza, mitad cultura, patriarca de la lluvia horizontal. Ello nos lleva a pensar en una amplia reflexión acerca de sus relaciones con el turismo, una asignatura pendiente que tiene la isla. Por ello entendemos que el año 2016 sería una buena fecha para el análisis de estos tres elementos que conforman el triángulo turismo, cultura y naturaleza. El Hierro, además de ser una perla geográfica, es un sitio idóneo para este tipo de encuentro, porque la cultura es la savia del turismo. Valverde, La Frontera y El Pinar lo saben bien.