tribuna

Pero ¿hacia dónde va esto? – Por Charo Zarzalejos

En política las formas, los gestos son siempre mensajes más o menos encriptados. Despreciarlas es un error de libro. La democracia lo es, entre otras cosas, porque se dota a sí misma de unas convenciones, de unos rituales que son consustanciales a la propia democracia. Sin liturgia democrática no hay democracia.

Se me viene a la cabeza esta reflexión después de comprobar el alcance, creo que desproporcionado, que se han dado a determinadas formas que se vieron en el arranque de la legislatura. El bebé de Carolina Bescansa, las rastas de otro diputado, más de una coleta, ausencia significativa de corbatas y algún que otro feísmo han dado mucho de sí. Nada ha sido inocente pero tampoco una impostura. Los diputados de Podemos se reconocen a sí mismos tal y como son. Otra cosa es que los demás creyeran otra cosa.
Empezando por el PSOE, que paso mal rato por el circo que organizó su imprescindible compañero de viaje si Sánchez quiere llegar a Moncloa. ¿Había algún motivo de fondo para esperar algo muy distinto? Muchas, muchísimas mujeres con hijos, no hubiéramos llevado a nuestro bebé, ni nos gustan las rastas ni que no se tenga en cuenta la dignidad del lugar en el que te encuentras a la hora de elegir indumentaria. Reconozco que el tema da mucho de sí, pero lo importante, lo sustancial del momento político no son las formas que tratándose de Podemos a nadie pueden escandalizar. La democracia no peligra por la presencia del bebé de Bescansa o la coleta de Pablo Iglesias.

Más importante que la liturgia de la vestimenta o los peinados, es sin duda esa otra liturgia institucional cada vez menos respetada a la hora de prestar juramento para acceder al escaño o a la presidencia de la Generalitat. No hay nada ilegal en que, una vez acatada la Constitución, cada cual añada su propia leyenda, pero en ningún país serio se producen tantas “aportaciones personales”. Y así, nos encontramos que el presidente de la Generalitat, representante ordinario del Estado español en Cataluña, omite cualquier alusión al Rey, la Constitución, el Estatuto y además cubren el cuadro del jefe del Estado para que no se le vea. Más importante me parece que el Ayuntamiento de Barcelona prescinda del busto del Rey o que el Gobierno navarro haya decidido la no presencia de los Reyes en los Premios Príncipe de Viana.

Esto es más serio. Esto sí mina nuestras instituciones y a base de despreciar la liturgia, de no asumir con respeto determinadas fórmulas, figuras, protocolos acabaremos aceptando el pulpo como animal de compañía.

En España tenemos problemas más serios que las vestimentas de los diputados de Podemos y hay otras urgencias a las que atender con coleta o sin ella y en ello deberían estar todos, empezando por Podemos, porque ni siquiera en las formas es inteligente la sobreactuación.